BACH y EL ARTE AL REUTILIZAR SU MÚSICA.

Portada de Farkas

” En las grandes adversidades toda alma noble aprende a conocerse mejor.”

(F. Schiller)

Desde hace unos años, cuando llega el otoño me viene una especial necesidad de recurrir  al gran genio de Juan Sebastián Bach.

Mi último “enganche” ocurrió con su deliciosa obra Oratorio de Pascua (BWV 249), únicamente su adagio es lo que conocía de esta sublime obra y es el que me llevó al conocimiento íntegro de ella.

Para los estudiosos, la obra tiene sus orígenes en una cantata secular (cantata del pastor) que parece ser se perdió. Y, debe ser certera la teoría dado el protagonismo que Bach concede a flautas y oboes (ambos instrumentos muy pastoriles) así como por el carácter tan alegre y festivo de la partitura.

Y es en esta obra en la que su autor evidencia su gran capacidad y maestría para reutilizar su propia música convirtiendo lo profano en sacro, le cambia el texto y le añade los recitativos y lista como cantata para fines religiosos: el arte de hacer divino lo humano como decía Pau Casals.

Luego, se vuelve a invertir lo hecho y se vuelve a utilizar como canto profano en la ocasión para un regalo de cumpleaños: el arte de hacer humano lo divino, volviendo a Casals y todo esto, antes de que definitivamente fuese el Oratorio de Pascua como ahora se conoce.

La obra se compone de 11 maravillosos números, todos con aire muy festivo (celebrando la resurrección de Jesus) y su duración temporal es de aproximadamente 45 minutos.

Mi deseo de conocer la obra en puro directo se produjo no hace mucho en Las Palmas de Gran Canarias y fue un auténtico placer por la calidad de sus intérpretes como por el marco que le dio cobijo: el Auditorio Alfredo Krauss con su inigualable fondo de escenario: el Atlántico.

En Youtube hay suficiente material grabado para disfrutar de esta preciosa obra caso de que aceptes mi invitación.

La vida del Viejo Peluca como le llamaba uno de sus nietos, contiene muchas adversidades y de gran calado y en estas situaciones es cuando el Maestro sacaba lo mejor de sí mismo; por ello al principio, Schiller con su frase me ha parecido la mejor introducción.

José Mel. Macias Romero

Otoño 2019.

 

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