
Con 13 añitos, YEHUDI MENUHIN (famosísimo violinista y director de orquesta del siglo XX) tocó en Berlín a BACH, BEETHOVEN y BRAHMS acompañado en la ocasión de la Filarmónica de Berlín con Bruno Walter en la dirección.
Finalizado el concierto y estando entre el público ALBERT EINSTEIN, éste se dirigió a MENUHIN y le dijo: «Ahora sé que hay un Dios en el cielo.»
Vuelvo a ROSSINI que al margen de su música era un personaje que protagonizó numerosas anécdotas curiosas y simpáticas: un día de bajísima temperatura se metió en la cama para amortiguar el frío, se puso a escribir una obertura de una ópera que traía entre manos y de pronto se le cayó el papel debajo de la cama conteniendo más de medio trabajo, tomó otro papel nuevo y comenzó como si nada hubiera pasado.
Su pasión por la gastronomía que además cultivaba, le hizo llorar cuando en un viaje por barco se le cayó por la borda un pavo trufado que había preparado.
Sus numerosos fans parisinos decidieron hacer una colecta para encargar una estatua del compositor y colocarla en Paris. Cuando reunieron 80.000 francos fueron a comentarle la idea y ROSSINI les contestó: «cuando tengáis 100.000 francos me los entregáis a mi y yo, todos los días iré a ponerme en el pedestal un buen ratito.»