LA MÚSICA, ESE ARTE QUE NACE Y MUERE EN EL SILENCIO.

Portada de Farkas

 

 

 

“Donde quiera que estemos, lo que oímos es fundamentalmente ruido… Cuando lo ignoramos nos perturba. Cuando lo escuchamos nos resulta fascinante.”

                                                             (John Cage)

 

El término silencio, como multitud de palabras de nuestro vocabulario, proviene del latín silere que significa: callar, estar callado.

Pero… para el ser humano, ¿existe el silencio absoluto?. Al parecer no, al menos eso fue lo que le demostraron al compositor americano autor de la cita que encabeza este asunto que por cierto, estaba muy interesado en este tema. En la Universidad de Harvard tuvo lugar la demostración y para ello, lo metieron en una cámara totalmente aislada sin reverberación y que se suele usar para experimentos relacionados con la acústica. Cage observó que escuchaba en esa cámara, un pitido agudo y un zumbido grave. Le explicaron entonces que el pitido agudo era el sonido que provocaba su tensión nerviosa y el grave el de su circulación sanguínea. Llegó al convencimiento que el silencio absoluto no existe para los humanos y que éste es sinónimo de inmovilidad y de muerte.

Pero… todos sabemos que sí existen los silencios “relativos”, a partir de ahora, a ellos me referiré. Silencio y Música (sonidos) son dos conceptos de los muchos que existen en la vida que en una primera lectura parecen antagónicos pero en el fondo son complementarios como les ocurre a los de memoria y olvido entre otros. Para cualquier música, el silencio (ausencia de sonidos) es tan importante, a veces incluso más, que el sonido de las notas musicales. El silencio posee un enorme valor expresivo, tanto en la melodía como en la polifonía, en la música instrumental como en la vocal; esa pausa sonora (que llaman los alemanes) nos atrae, nos llama la atención, nos inquieta y nos aproxima más al discurso sonoro.

¡Qué gran paradoja musical!, el sonido y su inevitabilidad, no podemos dejar de oír, y sin embargo uno de los más importantes elementos de los que dan significado al uso de los sonidos es su ausencia (el silencio).

La Música, necesita del silencio por partida doble, me explico: por una parte lo necesita como materia prima tan importante como los sonidos y precisamente por esto, llegó el momento que el silencio adquirió el mismo protagonismo que las figuras musicales que dan nombre a la duración de los sonidos y de este modo, tenemos: silencio de cuadrada, redonda, blanca, negra, corchea, semicorchea, fusa y semifusa. Pero la Música también lo necesita desde el punto de vista del marco de su expresión como Arte que es y en este sentido lo requiere: Antes, Durante y Después de la interpretación musical lo mismo que una escultura necesita de un espacio por citar otro ejemplo obvio.

Es esencial por tanto el uso del silencio en la música; un descanso en una sucesión de sonidos es agradable y un momento de silencio tras un acorde musical de tensión, es increíblemente bello. Esto que afirmo, lo sabía a la perfección el genio Beethoven y lo manejó con un arte asombroso a lo largo de su extraordinaria carrera como compositor. Un ejemplo lo encontraremos en su famosa Novena Sinfonía, en la archiconocida parte coral del último movimiento, la sucesión de melodías así como el camino que sigue el maravilloso poema de Schiller, nos lleva a un momento culminante: se trata de un acorde monumental en el que la orquesta y el coro al unísono, emiten la palabra “Gott” (Dios). Pero, no es el acorde lo que nos produce la increíble sensación de arrobamiento estético así como de poder que nos transmite Beethoven. Probablemente, ese acorde no sería nada si al momento, se produjera una resolución del mismo o sea, una relajación tras la tensión.

Beethoven, gran conocedor de la psicología humana, sabía perfectamente que lo que más podía “tocar” el corazón de los hombres era precisamente el silencio y ese gran silencio después del gran acorde hacen que la tensión resuene en nuestras cabezas y corazones sin hueco para el olvido y por supuesto, logró lo que pretendía que posteriormente la musicología ha estimado llamar Silencio Trascendente.

 

Parecida técnica de composición, aplicada a circunstancias diferentes a tenor del momento y de la arquitectura musical de la pieza en cuestión, darán lugar a denominaciones de silencios: de presentación, de tensión, de preparación, de expectación, de lamento y de continuación.

Hasta aquí, he tratado brevemente del uso que la Música hace del Silencio para, junto con los sonidos afirmar su vocación de arte sonoro; pero en el espectro de esos silencios “relativos” que mencionaba al principio, son una parte importante los que implican a los oyentes o público receptor de cualquier música y precisamente en eso me quiero detener ahora.

Decía Antonio Muñoz Molina en su artículo de opinión recogido en la revista musical Scherzo (abril 2013) lo siguiente: “A uno le gustaría a veces que quienes aprecian tanto la Música apreciaran un poco más el silencio. El silencio alrededor de la Música (antes, durante y después) importa tanto como el espacio tipográfico en blanco alrededor de un poema”.

 

Los gestos previos o forma de mirar de un director musical o intérprete, nada más aparecer en escenario, nos invitan a los oyentes a observar ese clima de ausencia sonora necesario para advertir el comienzo de la Música, ese arranque de algo donde no había nada, la primera nota del primer compás diríamos que aún fronterizo. Igualmente, hace falta silencio para captar con toda plenitud las respiraciones y pequeñas pausas instrumentales y por supuesto para diferenciar los diferentes movimientos o partes de una compleja composición musical. Y… más silencio aún para cobrar la auténtica conciencia del final de una obra, para permitir que la resonancia se vaya apagando lentamente en nuestras conciencias y nos permita distinguir claramente el antes y el después, la diferencia entre el refugio interior de la Música (siempre íntimo) y lo cotidiano del mundo exterior.

En este último aspecto, sobre la observancia del silencio trascendente (el del final de una obra musical), hay verdaderos profesionales de la Música que actúan con una fuerte vocación pedagógica; uno de los que más llama mi atención como seguidor de este arte es Claudio Abbado. Casi todas sus interpretaciones, cuando llegan a ese punto, van acompañadas de una gesticulación siempre sobria y anticipadora del recogimiento y quietud necesarios para permitir: al público, a sus compañeros de interpretación e incluso a él mismo que la obra consumada repose conforme a las leyes de la naturaleza y por esta razón, aunque algunos no lo entiendan e incluso lo tachen de “divo”, se niega a girarse de inmediato al público para recibir su veredicto hasta transcurridos uno o varios minutos cuando las vibraciones finales se han disuelto por completo y la reverberación sonora ha finalizado su cometido acústico en la sala en cuestión.

Coincidirán conmigo en que escasas veces (tratándose de conciertos en directo y del estilo que sea) podemos disfrutar con plenitud de este bello y necesario momento al que me estoy refiriendo; lamentablemente, lo normal, es que comencemos a manifestar nuestro acuerdo o desacuerdo con lo que acabamos de oír sin haber concluido ese espacio de tiempo que ocupa el llamado silencio trascendente; bien con palmas, toses, bravos, etc., algunos, producto de las prisas de esta sociedad a la que nos debemos, cuando llega ese momento, se encuentran ya en la calle habiéndose privado y contribuido a que nos privemos otros, de una de las partes más importantes de la obra musical por excelencia.

Puesto que estamos rodeados de una sobreabundancia de aturdimientos sonoros ¿no deberíamos esforzarnos en aprender a disfrutar del temperamento de los silencios?.

El silencio lo contiene todo: pasión, expresividad, calma, indiferencia, tensión, relajación, sorpresa, vacío, plenitud y previsión.

Recapacitemos sobre cuánto podemos enseñar y aprender fomentando el silencio y facilitemos esta bella y noble tarea, seguro que mejoraremos como seres humanos y de paso seremos mucho más felices en nuestras vidas.

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En la foto Abbado un gran pedagogo del silencio en la música.

Primavera pandémica de 2021.

LA BELLEZA ARTÍSTICA, ¿tiene valor intrínseco?

“El artista es la mano que, mediante una tecla determinada, hace vibrar el alma humana.”

(Wassily Kandisky)

El Washington Post, contando como aliado en la ocasión con el famoso violinista estadounidense JOSHUA BELL, llevó a cabo un experimento relacionado con el enunciado del presente post.

Tres días antes de la prueba-experimental, el laureado violinista BELL, había comparecido en el Boston Symphony Hall y a pesar de los altísimos precios de las entradas (100 dólares las más baratas), se registró un lleno absoluto.

El día señalado, aparece en L´Enfant Place el virtuoso violinista con ropaje informal: vaqueros, camiseta de manga larga y gorra; coloca la funda de su instrumento en el suelo (imitación de músico callejero) y comienza a interpretar la chacona de una partita de Bach, el Ave María de Schubert así como otras composiciones populares.

Tocó durante 43 minutos, se contabilizó el pase por el lugar de 1097 personas, se detuvieron a escucharle 7, contribuyeron con monedas 27 recaudando en total 32 dólares y 17 céntimos; sólo una señora mayor le reconoció y charló con el artista un ratito.

Después de esto, los expertos del rotativo concluyeron: hoy el arte se ha convertido en un producto cuyo valor intrínseco no es evidente y, por tanto, el valor que le asignamos depende del contexto en que esté y, de su precio.

Personalmente opino, que el dictamen del rotativo no puede generalizarse a todas las poblaciones ya que observo aspectos en el proceso que pudieron contaminar las conclusiones definitivas. Sí, es cierto, que para muchas personas el precio de la obra de arte puede sesgar su valor pero esto último no debe extrapolarse a la generalización.

Más bien, coincido con el pintor ruso Kandisky cuando manifiesta que el auténtico artista es el que consigue, con su obra, hacer vibrar el alma humana.

Me encantaría conocer vuestra opinión y sugerirles, como siempre, que en youtube tienen suficiente material audiovisual para conocer a este magnífico violinista.

BIZET, SU CARMEN Y… SEVILLA

Es frecuente en Música no disfrutar de la popularidad y el éxito artístico hasta que hayas fallecido.”

(Anónimo)

Resulta frustrante que ocurra pero lo expresado por el anónimo no es caso raro y eso es lo que le ocurrió al gran pianista y compositor GEORGES BIZET que se lo llevó la vida a los 36 años de edad como consecuencia de un ataque al corazón.

CARMEN, su ópera más popular (hay quienes hasta en la ducha la cantan) se estrenó en Paris el 3 de marzo de 1875 y justo a los 3 meses (3-6-1875) fallecía Bizet posiblemente muy preocupado por el tremendo fracaso que supuso su estreno tanto para el público como para la crítica.

Y ese mismo año pero en octubre, se estrenó en Viena con rotundo éxito de público y crítica comenzando de este modo una carrera de popularidad que llega a nuestros días pandémicos.

Todos sabemos que la trama de su obra se desarrolla en SEVILLA, una ciudad que me da la impresión no saber sacar partido a todos los compositores que han escrito óperas teniendo como marco la bella ciudad andaluza, confío, no obstante que algún día surgirán gestores que sepan sacar jugo a este diamante.

SEVILLA, cuyo Teatro de la Maestranza se encuentra cumpliendo sus primeros 30 añitos, ha querido celebrarlo con una programación especial en la que se encuentra CARMEN. Esta magnífica obra ya es conocida por el Teatro dado que en el célebre 1992 (Expo) 24, 28 Abril y 2 de Mayo se representó con un reparto excepcional: Plácido Domingo (Director Musical), Teresa Berganza y José Carreras entre otros.

Ahora, vuelve una CARMEN (si la COVID) lo permite, no tan llena de primeras figuras pero con una enorme ilusión y con un Teatro mutilado aforísticamente a consecuencia del virus.

Por cierto y termino, la MUSIC TRADE REVIEW de Londres afirmaba en 1878 con motivo del estreno de CARMEN:

Si fuera posible imaginarse al mismísimo Satanás escribiendo una ópera, sería de esperar que el resultado se pareciese bastante a CARMEN.”

Los críticos de aquellos tiempos eran excesivamente conservadores y moralistas.

Primavera pandémica 2021

en la foto Georges Bizet que nos regaló su CARMEN

DATOS QUE REFLEJAN UNA TRISTE REALIDAD.

“La música es la vida emocional de la mayoría de la gente.”

(Leonard Cohen)

El pasado noviembre la revista Platea Magazine daba a conocer los datos que arrojan el último Anuario (2019) de la Sociedad General de Autores Española (SGAE).

Según datos, cada español gastó 0,97 E (97 céntimos) en escuchar música clásica en vivo (directo).

En el triste dato, no están incluidas las ventas de entradas para representaciones de óperas y zarzuelas por considerar la SGAE que son artes escénicas y no “música clásica”.

Platea Magazine en su publicación se detiene en los números por Comunidades Autónomas arrojando mi querida Andalucía el peor de todos: 25 céntimos de euro por persona.

La triste evidencia que contiene los datos de la SGAE presagian, en mi opinión, un futuro muy pesimista para este género musical que supera los tres siglos de historia.

Es posible que el gran esfuerzo que durante los últimos años vienen realizando las formaciones musicales españolas, llevando y explicando nuestra música en colegios, institutos y universidades, revierta dentro de poco mejorando la asistencia a los auditorios y por consiguiente elevando nuestra inversión anual en disfrutar de la buena música en vivo.

También, de las autoridades educativas del país, esperamos todos los interesados por este aspecto de la cultura, dispensen el mejor trato posible para hacer realidad en el futuro una educación musical próxima a la existente en la mayoría de los países de Europa.

Siguiendo la cita inicial de Cohen, debemos todos los implicados hacer todo lo posible para que esa vida emocional se cultive ampliamente y se vea reflejada en nuestras buenas salas de conciertos y posteriormente en los datos que reflejan nuestra aportación a esta modalidad cultural.

Invierno 2020

UN REQUIEM PARA LA VIDA.

Efectivamente, eso dijo su autor J. BRAHMS : “Mejor que Requiem alemán debí titularlo Requiem Humano.”

Y, llevaba toda la razón este ilustre representante del Romanticismo más romántico; porque, cuando lo ves y escuchas, percibes con notoriedad que más que para los muertos, es un requiem para los vivos, una obra sedosa, apaciguadora, universal, de todos y para todos y cuando suenan las últimas notas, en la misma tonalidad que comenzó, nos motiva más para celebrar la grandeza de la vida que la tristeza y desgarro por la muerte, pese a que ésta sea parte de la vida.

Con textos bíblicos, adaptados al luteranismo, fue escrita para: soprano, barítono, coro y orquesta. Estrenada el viernes santo de 1868 en la catedral de Bremen y dirigida en la ocasión por su autor BRAHMS; estilísticamente, puede considerarse un mestizaje entre cantata y oratorio.

Las muertes: de su mentor R. SCHUMANN y posteriormente su madre, estimularon al compositor para trabajar en esta joya que ya ha pasado a la Historia del Romanticismo Musical, como suele ocurrir con las auténticas obras de arte, perdurando hasta sabe Dios cuando.

La obra contiene dos pasajes fugados, al final de sendos números, que poseen un arrobamiento estético de gran voltaje que te invitan a volver y volver a ella.

Por cierto, Brahms era en la época amigo de A. Dvorak, y con respecto a toda la polémica que surgió al darse a conocer este Requiem, Dvorak manifestó, “creo conocer perfectamente a mi amigo y puedo deciros que él, religiosamente, no cree en nada.” Luego no entiende como pudo escribir esta maravillosa obra referida a algo tan espiritual.

Presumo que ya conoces la obra y seguramente en versiones diferentes, si no fuese así, en youtube tienes dos muy interesantes: la de H. von Karajan y la de Abbado con la Filarmónica de Berlín y en las voces Bárbara Bonney (soprano) y Bryn Terfel (barítono) el coro, Eric Ericson Chamber; garantizo que estas versiones te harán repetir más de una vez.

Y, en España, este Requiem en esta ocasión tan especial que a consecuencia de la pandemia vivimos, tendrá una pronta interpretación en una de las ciudades más musicales del territorio: OVIEDO.

Os dejo con el programa obtenido de la web de Oviedo Filarmonía.

Suerte a todos sus numerosos intérpretes y al público que llenará el Auditorio.

Primavera 2021

VEINTE AÑOS MÁS TARDE SE REPITE LA HISTORIA, PERO EN DISTINTO LUGAR.

La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu.”

(CERVANTES)

Siguiendo los efectos del Romanticismo musical, 20 años después del estreno de un Requiem alemán de J. Brahms, pero en la ocasión en Francia, Gabriel FAURÉ, al parecer a causa del fallecimiento de su padre decide comenzar su Requiem y antes de terminarlo, ocurre el fallecimiento de su madre.

La singularidad del Requiem FAURÉ puede ser que por primera vez en el género, la música mira a la muerte sin intimidarse y de cuyo resultado surge una experiencia liberadora y reconfortante.

La obra fue escrita para orquesta, coro, barítono y soprano y cómo no! para órgano siendo como era su autor un excelente organista.

FAURÉ muere en 1924 (noviembre) interpretándose su Requiem en el funeral sin conocer por ello, como su obra alcanzaba las más altas cotas de popularidad; marcó por tanto el final de su vida y paradójicamente: el comienzo de su inmortalidad como músico.

Aunque parezca increíble, es una partitura por la muerte que te llena de esperanza por la vida y por ello, su autor se expresó así sobre ella:

Se ha dicho que mi Requiem no expresa el miedo a la muerte y ha habido quien lo ha llamado un arrullo de la muerte. Pues bien, es que así es como veo yo la muerte, como una feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experiencia.”

La sensación de paz que nos ofrece el Ofertorio hasta la entrada del barítono y después de su intervención, es indescriptible.

La belleza del Sanctus, no puede ser más sublime.

El Agnus Dei, con sus diferentes modulaciones y cambios en la dinámica nos transporta a otro mundo.

Asombroso de belleza es su último número titulado In paradisum (en el Paraíso) esas voces perfectamente empastadas y ese aparente “cansino” pero bello adorno de fondo por el órgano y la cuerda.

No creo equivocarme si digo que escuchando este Requiem terminamos iniciando un contacto trascendental con quienes nos precedieron y con todo lo que nos rodea percatándonos, además, de que somos uno con el todo y del que salimos airosos y optimistas.

Tienes muchas oportunidades de ver y oír este famoso Requiem en youtube, pero habrá quienes si no lo impide la pandemia, lo verán y oirán en una de las ciudades más bonitas de España: GRANADA, en su coqueto Auditorio Manuel de Falla, en fechas 21 y 22 de mayo y con arreglo al siguiente programa recogido de la web de la orquesta:

Comencé con CERVANTES y finalizo con FAURÉ cuando dijo:

“Para mí, la música existe para elevarnos todo lo posible por encima de la vida diaria.”

Primavera pandémica de 2021.

CULTURA REPOSABLE Y SOLIDARIA: OVIEDO.

Muchos son los atractivos que nuestra OVIEDO ofrece a sus posibles visitantes pero, como el motivo central de este blog es, la cultura musical, a ella me referiré en esta ocasión centrada en la preciosa y culta ciudad asturiana.

Sus gestores culturales-musicales, en su día, pensando que para las fechas que se avecinan (mediada la primavera) estaríamos soportando los últimos coletazos de la peligrosa y pertinaz COVID-19, habían diseñado programaciones musicales de máxima calidad artística para el siempre dispuesto publico y a la misma vez que sirvieran como muestra de solidaridad y cariñoso recuerdo para tantas pérdidas de vidas humanas arrastradas por la pandemia.

Y, en este sentido, mayo sería el escenario temporal en el que ubicar la generosa idea.

El 9 de mayo el cariño en forma de emoción musical , tendría como destino los fallecidos y sus familiares con la interpretación de una de las obras cumbres del Romanticismo Musical: UN REQUIEM ALEMAN de J. BRAHMS.

Para cerrar el mes y en la misma sintonía de humanismo cultural, musical y solidario, interpretar, cómo no! la Novena sinfonía de BEETHOVEN, como broche de la hermandad necesaria para recuperar, juntos, situaciones tan complicadas como las que jamás hemos padecido desde el pasado año con la incertidumbre además de no ver con claridad el posible final con retorno a la normalidad.

Decía NOVALIS: “Toda enfermedad es un problema musical; toda cura es una solución musical”.

Confío en las palabras de este ilustre escritor y filósofo alemán y por ello espero que este mayo musical-ovetense, al menos sane muchas de las heridas de esta pandemia y eleve aún más el listón merecido de la ciudad como ciudad de la música.

MAHLER, LA VOLUNTAD PERSONIFICADA.

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la VOLUNTAD.”

(Albert Einstein)

Este blog, al que da nombre un amigo de MAHLER, Farkas (el pastor), tiene a menudo la necesidad de recurrir al Maestro.

Hoy, principios de primavera pandémica, alimento esa necesidad ocupándome un poquito de su 3ª sinfonía que para mí, es un engranaje fundamental en la dilatada obra mahleriana. Y, a propósito, decía el compositor: “quien sepa escuchar se dará cuenta que mis sinfonías son mi vida.” Y, cuánta razón tenía, en esta 3ª hay mucho de lo poco que vivió!

A los efectos, dice Henry-Louis de La Grange (uno de los más cualificados biógrafos de Mahler):

La apoteosis conclusiva de la 3ª, es, sin duda, uno de los pasajes más sinceramente optimistas de Mahler. En ella, todas las preguntas encuentran respuestas; todas las angustias, consuelo. Con este gran himno al Creador del Mundo, concebido como la fuerza suprema del Amor, el compositor sube el último peldaño hacia la Luz eterna.”

La estrenó el propio autor en Berlín el 9 de marzo de 1897 y debido a su extensión temporal (100 minutos de duración) sólo se interpretaron los movimientos: 2º, 3º y 6º. Se cuenta, que los silbidos y gritos de desaprobación ahogaron los aplausos; al día siguiente, la prensa alemana se despachó sin piedad: tragicomedia de compositor sin talento, de farsante, de cómico musical.

Pues, a pesar de todos estos graves calificativos, Mahler o la voluntad personificada, no se rendía a la crítica que le tocó sufrir; al contrario, con más firmeza que nunca hacía gala de una de sus conocidas sentencias: “para estar donde hay que estar hay que ser un eterno aprendiz“, cuestión que la historia se ha encargado de demostrar.

A estas alturas de tu posible, generosa lectura, puede que comiences a sentir la necesidad de ver y oír la 3ª sinfonía de Gustav Mahler y, si así fuera, eres afortunado porque habrás hecho una excelente inversión de tu ocio o estudio de la que jamás te arrepentirás.

Pero, si me permites aconsejarte, te invitaría a conocer la grabación que en febrero 2010 (un año antes de cumplirse el primer centenario de su muerte) grabó una orquesta tan identificada a Mahler históricamente como la del CONCERTGEBOUW de AMSTERDAM. Personalmente, sin duda, creo que es una de las históricas, dirigida por el fallecido Mariss Jansons con la voz de la mezzo Bernarda Fink, en ella se observa que al menos 3 atriles son ocupados por españoles (2 percusionistas y el solista de oboe), puede parecer anecdótico pero dice del nivel que adquieren algunos profesionales españoles.

También, seguro que te interesará visitar en youtube la versión que en 2007 grabó Claudio Abbado con la Orquesta del Festival de Lucerna y en la voz la contralto Anna Larsson, mi humilde opinión considera que esta versión es un poco más artística que la anterior pero no olvidemos que se trata de una orquesta “ocasional” muy rebuscada por Abbado entre los mejores atriles del mundo y ayudada además por una realización técnica en la grabación que veo muy difícil superar.

Otra versión digna, cómo no! de visitarse en youtube es la de Bernstein con los filarmónicos vieneses, mucho más antigua que las anteriores y por tanto más deficiente su grabación que no su interpretación.

Concluyo utilizando el argot musical por ello, resuelvo:

Mahler, con sus 51 años de vida y su legado musical, nos ha evidenciado la fuerza de la voluntad como motor para conseguir grandes logros y además, sin pamplinas, él lo anunciaba: “Mi tiempo llegará”.

Creo sinceramente que llegó para quedarse definitivamente entre nosotros y muchas generaciones venideras!

Gustav, vacilando en su época.

Primavera 2021.

UN ARTISTA EN PERMANENTE BÚSQUEDA DE LA BELLEZA MUSICAL.

“Toda enfermedad es un problema musical; toda cura es una solución musical.”

(NOVALIS)

Hace 30 años comenzó mi particular admiración, humana y artística hacia NIKOLAUS HARNONCOURT.Al principio, año 1991, limitada a escuchar parte de la gran cantidad de CDS que tuvo a bien grabar, entre ellos la muy vendida integral de las sinfonías de BEETHOVEN con la Orquesta de Cámara de Europa que fundó Claudio Abbado.

Más tarde, viéndole en los muchos vídeos que igualmente grabó con distintas pero excelentes formaciones orquestales, todas de primer nivel.

Por último, hace aproximadamente 10 años continué interesándome por sus pensamientos sobre música y su forma de entenderla y explicarla y para ello nada mejor que conocer algunos de sus libros publicados: La música es más que palabras; La música como discurso sonoro y Diálogos sobre Mozart.

Este hombre, que en ocasiones se tomaba con exquisito humor su configuración fenotípica (especialmente su rostro con ojos bastantes saltones) y como testigo de ello la anécdota que me contó un amigo miembro de la Orquesta del Concergebouw:

“Después de un ensayo se acercó mi amigo pidiéndole a Nikolaus una foto como recuerdo y le contestó: ¿cómo se te ocurre retratarte con un tío tan feo?. Mejor dejémoslo para mañana y mientras te lo piensas. Al día siguiente accedió al retrato para el disfrute de su admirador músico.”

Pero, en cambio, todo lo concerniente a la música se lo tomaba con una seriedad, rigurosidad y profundidad en el estudio que me cuesta ver hoy en profesionales de su rango.

Casi siempre fue muy bien recibido por los diferentes profesionales de las orquestas que dirigía, ya que como chelista que fue de la Sinfónica de Viena, sabía y entendía a la perfección todos los problemas inherentes a la profesión. Cualquier obra musical del programa a interpretar era para el una excelente ocasión para abordar con la orquesta: la historia de la composición, las posibles motivaciones del compositor, la política social imperante cuando se gestó la partitura, etc., en definitiva un trabajo integral y transversal como ahora se dice que era del gusto de la mayoría de los músicos.

Desde niño y en su casa, acompañado de su familia, trabajaba duramente la música de cámara, más tarde con la Sinfónica el repertorio propio y cansado de trabajar con los directores de turno, abandonó su buen puesto para iniciar una nueva aventura como director.

Este mes de marzo se han cumplido 5 años de su fallecimiento, su herencia musical y pedagógica siempre será aplaudida porque su dedicación al arte de la música no pudo ser más intensa, acertada y honesta.

No creo equivocarme al pensar que NIKOLAUS como NOVALIS opinarían lo mismo sobre música y enfermedad, ya que en uno de sus muchos discursos se expresaba así:

“Toda pieza musical tiene un efecto en cada oyente: nos relaja, nos alivia, nos transmite armonía, belleza o nos infunde desasosiego y tensión, nos ofrece una visión de lo terrible, nos estimula y nos empuja a pensar o hacer algo, y en ocasiones tan sólo nos impacienta porque nos hace perder el tiempo absurdamente.”

Nikolaus Harnoncourt, en la ocasión muy favorecido en mi opinión.

LA MÚSICA ESTÁ POR EL 8 M

“El saber moderado sienta bien a una dama, pero no la erudición. Una joven que gasta sus ojos leyendo merece que se rían de ella.”

(Moses Mendelssohn, filósofo)

Jamás podría imaginar este ilustre filósofo, autor de cita tan desafortunada, que la vida le daría una nieta músico con notable fama además como compositora: FANNY MENDELSSOHNN; autora de más de 400 piezas musicales que algunas se siguen interpretando más allá de lo testimonial.

Con frecuencia la sociedad se pregunta: ¿por qué no hay una mujer Mozart, Beethoven o Mahler?. Todos sabemos la respuesta: el hipersobrante machismo desde la prehistoria a hoy.

A pesar de que la sociedad machista privilegiara al hombre en asuntos musicales, la mujer, empleando las más inverosímiles sutilezas ha conseguido, a veces testimonialmente, ser reconocida por una sociedad que le niega sus derechos y libertades.

Muchas son las mujeres que entre los siglos XVII al XX han tenido que utilizar el nombre de un varón para que sus trabajos de composición fueran publicados.

Finalizando el siglo XX tuvieron lugar dos grandes escándalos con dos mujeres perjudicadas: (Anne Sophie Mutter -violinista- y la clarinetista Sabine Mayer) ambas habían sido admitidas en la Filarmónica de Berlín a instancias de su Director Karajan, pero tuvieron que pedir la cuenta y marcharse porque sus compañeros (todos varones) le hacían la vida totalmente imposible.

Y ahora, comenzamos a ver mujeres como directoras de orquestas pero, ¿sucedía esto tan sólo hace 20 años?

Nunca debemos olvidar que todo ARTE es privativo del ser humano pero sin etiquetas de sexos; seguro que el filósofo Moses Mendelssohn aprendió con su nieta esta importante lección de filosofía que en ocasiones nos regala la vida.

En la foto de cabecera, Anne Sophie Mutter (violinista) damnificada por los filarmónicos de Berlín en su día.