
“Creo que la serendipia escoge con buen criterio a sus beneficiarios”
(Maci)
Pues si, porque los casos que poco a poco voy conociendo en disciplinas diferentes: ciencia, literatura, música, etc, eso me confirman.
Y, todos se dan en personas, muy preocupadas en sus proyectos, derrochando constancia y esfuerzo mental para poder brindar a la sociedad algo novedoso que supere la frontera de la rutina cotidiana que nos invade.
Lógicamente habrá pequeños casos en los que no se den las características antes mencionadas, pero entonces el resultado de lo “encontrado” será poco relevante para la sociedad a la que se destina.
No tengo duda que, uno de los campos más visitados por la señora serendipia es la música; pero en sentido amplio de géneros y estilos, sin embargo sus casos son mínimamente conocidos porque el ego de sus beneficiarios no les permite contarlo, en la creencia de que pueden perder méritos profesionales.
Gustav Mahler, que pudiera ser todo lo polémico e incomprendido que algunos quieran, en este aspecto y en muchos otros, no tenía ningún problema en dar a conocer públicamente sus encuentros con la señora serendipia y a este tenor contaba:
“A punto de finalizar la composición de mi segunda sinfonía que llame Resurrección, sufrí en su movimiento final un apagón mental que me bloqueó la conclusión. Abandone la escritura y salí a dar un paseo por mi estimada naturaleza; pronto escuché la conversación pajaril de dos cornejas y esos sonidos un poco desagradables me sirvieron para llevar al pentagrama lo que necesitaba dando por finalizada mi querida sinfonía.”
El siguiente encuentro con doña serendipia se produjo componiendo su tercera sinfonía una de las más queridas por MAHLER y, casualidades de la vida también cuando trabajaba en el último movimiento, ese que tituló “lo que me dice el Amor” y que suele traernos locos a la mayoría de los mahlerianos por la sublime belleza que contiene.
Finalizando el movimiento que cierra la sinfonía y que dura cerca de treinta minutos llega el “apagon” tras unos días de incesante incertidumbre mezclada con ansiedad se percibe en unos de sus paseos por el lago cercano a su casa que, el sonido de los remos con los que avanzaba por el agua era un intervalo de cuarta formado por las notas RE y LA y precisamente este intervalo era el que necesitaban los dos timbaleros para reforzar los acordes finales del emblemático y repito, bellísimo movimiento.
Que MAHLER relate estos encuentros con especial naturalidad, lo hacen diferente a otros compositores que jamás hablaron de sus posibles encuentros con serendipia pese a que, con toda seguridad se produjeron por la sencilla razón de que es un fenómeno muy frecuente como ya dije en música.


Te dejo estas fotos de Bernstein y Abbado porque si me permites te sugiero visites YouTube donde encontrarás excelentes versiones de la tercera de MAHLER, el primero con la Filarmónica de Viena y el segundo con la Festival de Lucerna, en ambas podrás apreciar el bello efecto que provocan los timbaleros con el intervalo ya citado pero por favor no salgas del vídeo sin haber apreciado la belleza tan sublime del movimiento final completo, seguro que lo agradecerás.
Caluroso principio de septiembre 2026


















