LA TRINIDAD MUSICAL DE 1685

«No es necesario que la música haga pensar a las personas…bastaría con que las hiciera escuchar.»

(Claude Debussy)

En música, como en la vida también hay fechas determinantes que pueden suponer el inicio de nuevos caminos para el progreso humano y del arte.

Y, en este sentido 1685 vio nacer a lo que personalmente llamo en la presente ocasión su «trinidad musical» que provocó una revolución que perdura hasta nuestros días.

Haendel 23 de febrero

Bach 21 de marzo

Scarlatti 26 de octubre

En este orden, el citado año dio al mundo estas tres figuras de la música que, con gran talento y pasión, cambiaron el panorama musical que les antecedía propiciando un salto adelante que sigue vigente en nuestros días.

No entraré en batalla sobre quién fue más importante porque cultivaron estilos diferentes que imposibilitan la comparación, no obstante si alguien desea entrar en ese terreno se quedará con su propia subjetividad.

De los tres músicos, el más longevo fue Haendel que vivió 74 años, teniendo en cuenta aquellos tiempos podría afirmarse que tuvo larga vida pese a sus graves dolencias. También Haendel puede que hubiera sido el más popular dadas las características de su música, como ejemplo valga la siguiente anécdota histórica:

«Su música para los Reales Fuegos Artificiales consiguió reunir en el centro de Londres a doce mil personas que abonaron cada una dos chelines y medio por asistir al ensayo general.»

Y, todo lo anterior sucedió en 1749 cuando la música comenzaba a salir de los templos religiosos y de los salones de la alta aristocracia a los que asistían unos invitados muy restringidos y poco populares. Podría entonces afirmarse que comienza en Londres (siglo XVIII) ese largo recorrido que hoy tienen los macro-conciertos al aire libre? Yo, así lo creo y finalizo además afirmándome con Debussy que muchos profesionales de la música cuando la interpretan en orquestas también encuentran dificultades para escucharse y de esto saben bastante los directores de orquestas, seguro que si se empeñaran en escucharse los resultados finales serían notablemente diferentes a los que presenciamos en muchos conciertos.

Otoño 2021

NOTAS, QUE CUENTAN HISTORIAS

«Dos notas musicales, juntas, deben contar una historia.»

(Daniel Barenboim)

Si, con toda su pesada mochila de experiencia profesional-musical (excelente pianista y director de orquestas) Barenboim sintetiza gran parte de su filosofía musical con tan escueta frase, podría decir yo, como aficionado, que una obra sinfónica de duración aproximada en su ejecución de 70 minutos debería contar una gran historia teniendo en cuenta la ingente cantidad de notas musicales que contiene.

Esto, es lo que sucede con la 11ª sinfonía de Dmitri Shostakovich titulada «Año 1905» por su autor y escrita en la tonalidad de sol menor.

Pero, ¿qué ocurrió en su país un año antes del nacimiento de Dmitri?

El 22 de enero de 1905, reinando el Zar Nicolás II, una multitud pacífica integrada por campesinos y obreros con sus respectivas esposas e hijos, decidieron entregar, repito, pacíficamente un escrito al Zar con el fin de que se estudiase la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida en lo económico ; la respuesta inmediata a tan noble aspiración fue la carga por soldados de infantería y tropas cosacas matando a cerca de dos mil personas muchos de ellos mujeres y niños inocentes.

En 1957, con 51 años de edad, finalizó Dmitri Shostakovich su 11ª sinfonía destinada a la celebración del 40º aniversario de la Revolución de Octubre otorgándosele por tan excelente trabajo el Premio Lenin.

Emulando lo que en ocasiones hizo su admirado Mahler, Dmitri programó su 11ª sinfonía dotando de títulos cada uno de sus cuatro movimientos:

1) ADAGIO (La plaza del Palacio)

2) ALLEGRO (El 9 de Enero) fecha conforme al calendario de su país en la que sucedieron los hechos

3) ADAGIO (In memoriam, el recuerdo eterno)

4) ALLEGRO NON TROPPO (Alarma)

La esencia de los motivos musicales en los movimientos son canciones populares marcadas por gran emotividad para el pueblo. Personalmente, de mis diversas audiciones destaco el precioso motivo del Adagio (In memoriam) que inician en piano las violas y, finalizando el Allegro non troppo, el gran solo del Corno Inglés que encara en forma de lamento el tema principal.

La sinfonía, a lo largo del tiempo, se ha prestado a diversas opiniones y entre ellas la de Rostropovich: «Es un requiem por todas las revueltas reprimidas». También hay quienes piensan que esta sinfonía es más una reflexión sobre los hechos que una descripción de los mismos.

De todas formas, si lo deseas, tienes una excelente oportunidad de acercarte a ella para elaborar tu personal criterio.

Otoño 2021

EL CEREBRO, EN MODO FISIOLÓGICO, ES AGRADECIDO CON LA MÚSICA

«La música es el lenguaje que me permite comunicarme con el más allá».

(Robert Schumann)

Hace bastantes años los neurólogos de los países avanzados científicamente, comenzaron a investigar sobre Cerebro-Música.

De los casos ocurridos y estudiados entre afectados de encefalitis por herpes, muchos de ellos sucedidos a profesionales de la música, llegaron a la conclusión de que la memoria se organiza de diferentes maneras en el cerebro pero que los recuerdos musicales son independientes de las estructuras del lóbulo temporal medial: hablando coloquialmente, el cerebro humano parece ser que ha guardado una deferencia a todo lo relacionado con los recuerdos musicales, alojándolos y protegiéndolos en lugares diferentes a las otras tareas cotidianas vividas.

Esto, explica que la gran mayoría de afectados por estos trastornos sean incapaces de recordar las secuencias cotidianas y en cambio recuerden e incluso interpreten con instrumentos o con la voz cualquier melodía de una complicada sinfonía de Beethoven por citar un ejemplo.

Si la naturaleza, a través del cerebro, ha querido tener este agradecido gesto con la música, ¿ cómo vamos a obviarlo los humanos ?. Los que padecen alzheimer, hoy que se celebra el día Mundial de la enfermedad,seguro que lo agradecen aunque no sean conscientes de ello.

Puede, que el romántico Schumann, intuyendo este beneficio del cerebro con la música, decidiera expresarlo a su forma y por ello comencé con su cita.

Verano 2021, asistiendo al final de la 5ª ola pandémica.

REALMENTE, ES LA MÚSICA UNA EXPEDICIÓN A LA UTOPÍA?

En mis lecturas relacionadas con la música, suelo tomar nota de aquellas citas o textos que despiertan mi personal interés; así lo he venido haciendo siempre pero, en la ocasión, reconozco el fallo de haber omitido tomar nota de la ubicación del texto que sigue así como de su autor. Pido disculpas a quien por ello pueda verse afectado.

El texto dice:

«El verdadero poder comunicativo de la música, reside en el hecho de que comunica algo que puede ser modificado con cada nueva audición, algo que cambia al ritmo de los cambios de contexto, de los cambios sociales. En este sentido, la música es una expedición a la utopía, claro está, que a la utopía de nosotros mismos.

El individuo dota de significado a la melodía, o la canción, en función de sus marcos de referencia culturales.»

Efectivamente, como ocurre con la lectura, a medida que releemos un texto encontramos nuevas riquezas en su contenido por ello, cada nueva audición que practiquemos en una obra musical será origen de sensaciones nuevas antes no percibidas. La historia de la interpretación musical está llena de casos en los que esto se cumple pese a la madurez de sus protagonistas.

Y, por ello entiendo y coincido en que la música sí, es una expedición a la utopía que en un momento dado, según el contexto temporal, emocional, cultural, etc., podamos hallarnos inmersos.

Esta cualidad que posee nuestro arte, a mi entender, lo hace único o exclusivo dado que no suelo encontrar en otras especialidades artísticas.

Por último, también creo que somos los oyentes los que damos significados a los sonidos en forma de melodías y armonías que llegan a nuestros oídos, malgastando en consecuencia el tiempo en encasillar los mensajes sonoros que nos quieran transmitir los compositores.

La utopía musical es tan personal e intransferible que estará con nosotros toda la vida para mejorar nuestra felicidad, un detallazo más que nos reserva la MÚSICA.

Mucha razón tenía OSCAR WILDE cuando espetó lo arriba enunciado.

Verano pandémico en 5ª ola del 2021.

LA MÚSICA, ESE ARTE QUE NACE Y MUERE EN EL SILENCIO.

Portada de Farkas

 

 

 

“Donde quiera que estemos, lo que oímos es fundamentalmente ruido… Cuando lo ignoramos nos perturba. Cuando lo escuchamos nos resulta fascinante.”

                                                             (John Cage)

 

El término silencio, como multitud de palabras de nuestro vocabulario, proviene del latín silere que significa: callar, estar callado.

Pero… para el ser humano, ¿existe el silencio absoluto?. Al parecer no, al menos eso fue lo que le demostraron al compositor americano autor de la cita que encabeza este asunto que por cierto, estaba muy interesado en este tema. En la Universidad de Harvard tuvo lugar la demostración y para ello, lo metieron en una cámara totalmente aislada sin reverberación y que se suele usar para experimentos relacionados con la acústica. Cage observó que escuchaba en esa cámara, un pitido agudo y un zumbido grave. Le explicaron entonces que el pitido agudo era el sonido que provocaba su tensión nerviosa y el grave el de su circulación sanguínea. Llegó al convencimiento que el silencio absoluto no existe para los humanos y que éste es sinónimo de inmovilidad y de muerte.

Pero… todos sabemos que sí existen los silencios “relativos”, a partir de ahora, a ellos me referiré. Silencio y Música (sonidos) son dos conceptos de los muchos que existen en la vida que en una primera lectura parecen antagónicos pero en el fondo son complementarios como les ocurre a los de memoria y olvido entre otros. Para cualquier música, el silencio (ausencia de sonidos) es tan importante, a veces incluso más, que el sonido de las notas musicales. El silencio posee un enorme valor expresivo, tanto en la melodía como en la polifonía, en la música instrumental como en la vocal; esa pausa sonora (que llaman los alemanes) nos atrae, nos llama la atención, nos inquieta y nos aproxima más al discurso sonoro.

¡Qué gran paradoja musical!, el sonido y su inevitabilidad, no podemos dejar de oír, y sin embargo uno de los más importantes elementos de los que dan significado al uso de los sonidos es su ausencia (el silencio).

La Música, necesita del silencio por partida doble, me explico: por una parte lo necesita como materia prima tan importante como los sonidos y precisamente por esto, llegó el momento que el silencio adquirió el mismo protagonismo que las figuras musicales que dan nombre a la duración de los sonidos y de este modo, tenemos: silencio de cuadrada, redonda, blanca, negra, corchea, semicorchea, fusa y semifusa. Pero la Música también lo necesita desde el punto de vista del marco de su expresión como Arte que es y en este sentido lo requiere: Antes, Durante y Después de la interpretación musical lo mismo que una escultura necesita de un espacio por citar otro ejemplo obvio.

Es esencial por tanto el uso del silencio en la música; un descanso en una sucesión de sonidos es agradable y un momento de silencio tras un acorde musical de tensión, es increíblemente bello. Esto que afirmo, lo sabía a la perfección el genio Beethoven y lo manejó con un arte asombroso a lo largo de su extraordinaria carrera como compositor. Un ejemplo lo encontraremos en su famosa Novena Sinfonía, en la archiconocida parte coral del último movimiento, la sucesión de melodías así como el camino que sigue el maravilloso poema de Schiller, nos lleva a un momento culminante: se trata de un acorde monumental en el que la orquesta y el coro al unísono, emiten la palabra “Gott” (Dios). Pero, no es el acorde lo que nos produce la increíble sensación de arrobamiento estético así como de poder que nos transmite Beethoven. Probablemente, ese acorde no sería nada si al momento, se produjera una resolución del mismo o sea, una relajación tras la tensión.

Beethoven, gran conocedor de la psicología humana, sabía perfectamente que lo que más podía “tocar” el corazón de los hombres era precisamente el silencio y ese gran silencio después del gran acorde hacen que la tensión resuene en nuestras cabezas y corazones sin hueco para el olvido y por supuesto, logró lo que pretendía que posteriormente la musicología ha estimado llamar Silencio Trascendente.

 

Parecida técnica de composición, aplicada a circunstancias diferentes a tenor del momento y de la arquitectura musical de la pieza en cuestión, darán lugar a denominaciones de silencios: de presentación, de tensión, de preparación, de expectación, de lamento y de continuación.

Hasta aquí, he tratado brevemente del uso que la Música hace del Silencio para, junto con los sonidos afirmar su vocación de arte sonoro; pero en el espectro de esos silencios “relativos” que mencionaba al principio, son una parte importante los que implican a los oyentes o público receptor de cualquier música y precisamente en eso me quiero detener ahora.

Decía Antonio Muñoz Molina en su artículo de opinión recogido en la revista musical Scherzo (abril 2013) lo siguiente: “A uno le gustaría a veces que quienes aprecian tanto la Música apreciaran un poco más el silencio. El silencio alrededor de la Música (antes, durante y después) importa tanto como el espacio tipográfico en blanco alrededor de un poema”.

 

Los gestos previos o forma de mirar de un director musical o intérprete, nada más aparecer en escenario, nos invitan a los oyentes a observar ese clima de ausencia sonora necesario para advertir el comienzo de la Música, ese arranque de algo donde no había nada, la primera nota del primer compás diríamos que aún fronterizo. Igualmente, hace falta silencio para captar con toda plenitud las respiraciones y pequeñas pausas instrumentales y por supuesto para diferenciar los diferentes movimientos o partes de una compleja composición musical. Y… más silencio aún para cobrar la auténtica conciencia del final de una obra, para permitir que la resonancia se vaya apagando lentamente en nuestras conciencias y nos permita distinguir claramente el antes y el después, la diferencia entre el refugio interior de la Música (siempre íntimo) y lo cotidiano del mundo exterior.

En este último aspecto, sobre la observancia del silencio trascendente (el del final de una obra musical), hay verdaderos profesionales de la Música que actúan con una fuerte vocación pedagógica; uno de los que más llama mi atención como seguidor de este arte es Claudio Abbado. Casi todas sus interpretaciones, cuando llegan a ese punto, van acompañadas de una gesticulación siempre sobria y anticipadora del recogimiento y quietud necesarios para permitir: al público, a sus compañeros de interpretación e incluso a él mismo que la obra consumada repose conforme a las leyes de la naturaleza y por esta razón, aunque algunos no lo entiendan e incluso lo tachen de “divo”, se niega a girarse de inmediato al público para recibir su veredicto hasta transcurridos uno o varios minutos cuando las vibraciones finales se han disuelto por completo y la reverberación sonora ha finalizado su cometido acústico en la sala en cuestión.

Coincidirán conmigo en que escasas veces (tratándose de conciertos en directo y del estilo que sea) podemos disfrutar con plenitud de este bello y necesario momento al que me estoy refiriendo; lamentablemente, lo normal, es que comencemos a manifestar nuestro acuerdo o desacuerdo con lo que acabamos de oír sin haber concluido ese espacio de tiempo que ocupa el llamado silencio trascendente; bien con palmas, toses, bravos, etc., algunos, producto de las prisas de esta sociedad a la que nos debemos, cuando llega ese momento, se encuentran ya en la calle habiéndose privado y contribuido a que nos privemos otros, de una de las partes más importantes de la obra musical por excelencia.

Puesto que estamos rodeados de una sobreabundancia de aturdimientos sonoros ¿no deberíamos esforzarnos en aprender a disfrutar del temperamento de los silencios?.

El silencio lo contiene todo: pasión, expresividad, calma, indiferencia, tensión, relajación, sorpresa, vacío, plenitud y previsión.

Recapacitemos sobre cuánto podemos enseñar y aprender fomentando el silencio y facilitemos esta bella y noble tarea, seguro que mejoraremos como seres humanos y de paso seremos mucho más felices en nuestras vidas.

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En la foto Abbado un gran pedagogo del silencio en la música.

Primavera pandémica de 2021.

LA BELLEZA ARTÍSTICA, ¿tiene valor intrínseco?

«El artista es la mano que, mediante una tecla determinada, hace vibrar el alma humana.»

(Wassily Kandisky)

El Washington Post, contando como aliado en la ocasión con el famoso violinista estadounidense JOSHUA BELL, llevó a cabo un experimento relacionado con el enunciado del presente post.

Tres días antes de la prueba-experimental, el laureado violinista BELL, había comparecido en el Boston Symphony Hall y a pesar de los altísimos precios de las entradas (100 dólares las más baratas), se registró un lleno absoluto.

El día señalado, aparece en L´Enfant Place el virtuoso violinista con ropaje informal: vaqueros, camiseta de manga larga y gorra; coloca la funda de su instrumento en el suelo (imitación de músico callejero) y comienza a interpretar la chacona de una partita de Bach, el Ave María de Schubert así como otras composiciones populares.

Tocó durante 43 minutos, se contabilizó el pase por el lugar de 1097 personas, se detuvieron a escucharle 7, contribuyeron con monedas 27 recaudando en total 32 dólares y 17 céntimos; sólo una señora mayor le reconoció y charló con el artista un ratito.

Después de esto, los expertos del rotativo concluyeron: hoy el arte se ha convertido en un producto cuyo valor intrínseco no es evidente y, por tanto, el valor que le asignamos depende del contexto en que esté y, de su precio.

Personalmente opino, que el dictamen del rotativo no puede generalizarse a todas las poblaciones ya que observo aspectos en el proceso que pudieron contaminar las conclusiones definitivas. Sí, es cierto, que para muchas personas el precio de la obra de arte puede sesgar su valor pero esto último no debe extrapolarse a la generalización.

Más bien, coincido con el pintor ruso Kandisky cuando manifiesta que el auténtico artista es el que consigue, con su obra, hacer vibrar el alma humana.

Me encantaría conocer vuestra opinión y sugerirles, como siempre, que en youtube tienen suficiente material audiovisual para conocer a este magnífico violinista.

BIZET, SU CARMEN Y… SEVILLA

«Es frecuente en Música no disfrutar de la popularidad y el éxito artístico hasta que hayas fallecido.»

(Anónimo)

Resulta frustrante que ocurra pero lo expresado por el anónimo no es caso raro y eso es lo que le ocurrió al gran pianista y compositor GEORGES BIZET que se lo llevó la vida a los 36 años de edad como consecuencia de un ataque al corazón.

CARMEN, su ópera más popular (hay quienes hasta en la ducha la cantan) se estrenó en Paris el 3 de marzo de 1875 y justo a los 3 meses (3-6-1875) fallecía Bizet posiblemente muy preocupado por el tremendo fracaso que supuso su estreno tanto para el público como para la crítica.

Y ese mismo año pero en octubre, se estrenó en Viena con rotundo éxito de público y crítica comenzando de este modo una carrera de popularidad que llega a nuestros días pandémicos.

Todos sabemos que la trama de su obra se desarrolla en SEVILLA, una ciudad que me da la impresión no saber sacar partido a todos los compositores que han escrito óperas teniendo como marco la bella ciudad andaluza, confío, no obstante que algún día surgirán gestores que sepan sacar jugo a este diamante.

SEVILLA, cuyo Teatro de la Maestranza se encuentra cumpliendo sus primeros 30 añitos, ha querido celebrarlo con una programación especial en la que se encuentra CARMEN. Esta magnífica obra ya es conocida por el Teatro dado que en el célebre 1992 (Expo) 24, 28 Abril y 2 de Mayo se representó con un reparto excepcional: Plácido Domingo (Director Musical), Teresa Berganza y José Carreras entre otros.

Ahora, vuelve una CARMEN (si la COVID) lo permite, no tan llena de primeras figuras pero con una enorme ilusión y con un Teatro mutilado aforísticamente a consecuencia del virus.

Por cierto y termino, la MUSIC TRADE REVIEW de Londres afirmaba en 1878 con motivo del estreno de CARMEN:

Si fuera posible imaginarse al mismísimo Satanás escribiendo una ópera, sería de esperar que el resultado se pareciese bastante a CARMEN.»

Los críticos de aquellos tiempos eran excesivamente conservadores y moralistas.

Primavera pandémica 2021

en la foto Georges Bizet que nos regaló su CARMEN

DATOS QUE REFLEJAN UNA TRISTE REALIDAD.

«La música es la vida emocional de la mayoría de la gente.»

(Leonard Cohen)

El pasado noviembre la revista Platea Magazine daba a conocer los datos que arrojan el último Anuario (2019) de la Sociedad General de Autores Española (SGAE).

Según datos, cada español gastó 0,97 E (97 céntimos) en escuchar música clásica en vivo (directo).

En el triste dato, no están incluidas las ventas de entradas para representaciones de óperas y zarzuelas por considerar la SGAE que son artes escénicas y no «música clásica».

Platea Magazine en su publicación se detiene en los números por Comunidades Autónomas arrojando mi querida Andalucía el peor de todos: 25 céntimos de euro por persona.

La triste evidencia que contiene los datos de la SGAE presagian, en mi opinión, un futuro muy pesimista para este género musical que supera los tres siglos de historia.

Es posible que el gran esfuerzo que durante los últimos años vienen realizando las formaciones musicales españolas, llevando y explicando nuestra música en colegios, institutos y universidades, revierta dentro de poco mejorando la asistencia a los auditorios y por consiguiente elevando nuestra inversión anual en disfrutar de la buena música en vivo.

También, de las autoridades educativas del país, esperamos todos los interesados por este aspecto de la cultura, dispensen el mejor trato posible para hacer realidad en el futuro una educación musical próxima a la existente en la mayoría de los países de Europa.

Siguiendo la cita inicial de Cohen, debemos todos los implicados hacer todo lo posible para que esa vida emocional se cultive ampliamente y se vea reflejada en nuestras buenas salas de conciertos y posteriormente en los datos que reflejan nuestra aportación a esta modalidad cultural.

Invierno 2020

UN REQUIEM PARA LA VIDA.

Efectivamente, eso dijo su autor J. BRAHMS : «Mejor que Requiem alemán debí titularlo Requiem Humano.»

Y, llevaba toda la razón este ilustre representante del Romanticismo más romántico; porque, cuando lo ves y escuchas, percibes con notoriedad que más que para los muertos, es un requiem para los vivos, una obra sedosa, apaciguadora, universal, de todos y para todos y cuando suenan las últimas notas, en la misma tonalidad que comenzó, nos motiva más para celebrar la grandeza de la vida que la tristeza y desgarro por la muerte, pese a que ésta sea parte de la vida.

Con textos bíblicos, adaptados al luteranismo, fue escrita para: soprano, barítono, coro y orquesta. Estrenada el viernes santo de 1868 en la catedral de Bremen y dirigida en la ocasión por su autor BRAHMS; estilísticamente, puede considerarse un mestizaje entre cantata y oratorio.

Las muertes: de su mentor R. SCHUMANN y posteriormente su madre, estimularon al compositor para trabajar en esta joya que ya ha pasado a la Historia del Romanticismo Musical, como suele ocurrir con las auténticas obras de arte, perdurando hasta sabe Dios cuando.

La obra contiene dos pasajes fugados, al final de sendos números, que poseen un arrobamiento estético de gran voltaje que te invitan a volver y volver a ella.

Por cierto, Brahms era en la época amigo de A. Dvorak, y con respecto a toda la polémica que surgió al darse a conocer este Requiem, Dvorak manifestó, «creo conocer perfectamente a mi amigo y puedo deciros que él, religiosamente, no cree en nada.» Luego no entiende como pudo escribir esta maravillosa obra referida a algo tan espiritual.

Presumo que ya conoces la obra y seguramente en versiones diferentes, si no fuese así, en youtube tienes dos muy interesantes: la de H. von Karajan y la de Abbado con la Filarmónica de Berlín y en las voces Bárbara Bonney (soprano) y Bryn Terfel (barítono) el coro, Eric Ericson Chamber; garantizo que estas versiones te harán repetir más de una vez.

Y, en España, este Requiem en esta ocasión tan especial que a consecuencia de la pandemia vivimos, tendrá una pronta interpretación en una de las ciudades más musicales del territorio: OVIEDO.

Os dejo con el programa obtenido de la web de Oviedo Filarmonía.

Suerte a todos sus numerosos intérpretes y al público que llenará el Auditorio.

Primavera 2021

VEINTE AÑOS MÁS TARDE SE REPITE LA HISTORIA, PERO EN DISTINTO LUGAR.

«La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu.»

(CERVANTES)

Siguiendo los efectos del Romanticismo musical, 20 años después del estreno de un Requiem alemán de J. Brahms, pero en la ocasión en Francia, Gabriel FAURÉ, al parecer a causa del fallecimiento de su padre decide comenzar su Requiem y antes de terminarlo, ocurre el fallecimiento de su madre.

La singularidad del Requiem FAURÉ puede ser que por primera vez en el género, la música mira a la muerte sin intimidarse y de cuyo resultado surge una experiencia liberadora y reconfortante.

La obra fue escrita para orquesta, coro, barítono y soprano y cómo no! para órgano siendo como era su autor un excelente organista.

FAURÉ muere en 1924 (noviembre) interpretándose su Requiem en el funeral sin conocer por ello, como su obra alcanzaba las más altas cotas de popularidad; marcó por tanto el final de su vida y paradójicamente: el comienzo de su inmortalidad como músico.

Aunque parezca increíble, es una partitura por la muerte que te llena de esperanza por la vida y por ello, su autor se expresó así sobre ella:

«Se ha dicho que mi Requiem no expresa el miedo a la muerte y ha habido quien lo ha llamado un arrullo de la muerte. Pues bien, es que así es como veo yo la muerte, como una feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experiencia.»

La sensación de paz que nos ofrece el Ofertorio hasta la entrada del barítono y después de su intervención, es indescriptible.

La belleza del Sanctus, no puede ser más sublime.

El Agnus Dei, con sus diferentes modulaciones y cambios en la dinámica nos transporta a otro mundo.

Asombroso de belleza es su último número titulado In paradisum (en el Paraíso) esas voces perfectamente empastadas y ese aparente «cansino» pero bello adorno de fondo por el órgano y la cuerda.

No creo equivocarme si digo que escuchando este Requiem terminamos iniciando un contacto trascendental con quienes nos precedieron y con todo lo que nos rodea percatándonos, además, de que somos uno con el todo y del que salimos airosos y optimistas.

Tienes muchas oportunidades de ver y oír este famoso Requiem en youtube, pero habrá quienes si no lo impide la pandemia, lo verán y oirán en una de las ciudades más bonitas de España: GRANADA, en su coqueto Auditorio Manuel de Falla, en fechas 21 y 22 de mayo y con arreglo al siguiente programa recogido de la web de la orquesta:

Comencé con CERVANTES y finalizo con FAURÉ cuando dijo:

«Para mí, la música existe para elevarnos todo lo posible por encima de la vida diaria.»

Primavera pandémica de 2021.