EL CEREBRO, EN MODO FISIOLÓGICO, ES AGRADECIDO CON LA MÚSICA

“La música es el lenguaje que me permite comunicarme con el más allá”.

(Robert Schumann)

Hace bastantes años los neurólogos de los países avanzados científicamente, comenzaron a investigar sobre Cerebro-Música.

De los casos ocurridos y estudiados entre afectados de encefalitis por herpes, muchos de ellos sucedidos a profesionales de la música, llegaron a la conclusión de que la memoria se organiza de diferentes maneras en el cerebro pero que los recuerdos musicales son independientes de las estructuras del lóbulo temporal medial: hablando coloquialmente, el cerebro humano parece ser que ha guardado una deferencia a todo lo relacionado con los recuerdos musicales, alojándolos y protegiéndolos en lugares diferentes a las otras tareas cotidianas vividas.

Esto, explica que la gran mayoría de afectados por estos trastornos sean incapaces de recordar las secuencias cotidianas y en cambio recuerden e incluso interpreten con instrumentos o con la voz cualquier melodía de una complicada sinfonía de Beethoven por citar un ejemplo.

Si la naturaleza, a través del cerebro, ha querido tener este agradecido gesto con la música, ¿ cómo vamos a obviarlo los humanos ?. Los que padecen alzheimer, hoy que se celebra el día Mundial de la enfermedad,seguro que lo agradecen aunque no sean conscientes de ello.

Puede, que el romántico Schumann, intuyendo este beneficio del cerebro con la música, decidiera expresarlo a su forma y por ello comencé con su cita.

Verano 2021, asistiendo al final de la 5ª ola pandémica.

REALMENTE, ES LA MÚSICA UNA EXPEDICIÓN A LA UTOPÍA?

En mis lecturas relacionadas con la música, suelo tomar nota de aquellas citas o textos que despiertan mi personal interés; así lo he venido haciendo siempre pero, en la ocasión, reconozco el fallo de haber omitido tomar nota de la ubicación del texto que sigue así como de su autor. Pido disculpas a quien por ello pueda verse afectado.

El texto dice:

El verdadero poder comunicativo de la música, reside en el hecho de que comunica algo que puede ser modificado con cada nueva audición, algo que cambia al ritmo de los cambios de contexto, de los cambios sociales. En este sentido, la música es una expedición a la utopía, claro está, que a la utopía de nosotros mismos.

El individuo dota de significado a la melodía, o la canción, en función de sus marcos de referencia culturales.”

Efectivamente, como ocurre con la lectura, a medida que releemos un texto encontramos nuevas riquezas en su contenido por ello, cada nueva audición que practiquemos en una obra musical será origen de sensaciones nuevas antes no percibidas. La historia de la interpretación musical está llena de casos en los que esto se cumple pese a la madurez de sus protagonistas.

Y, por ello entiendo y coincido en que la música sí, es una expedición a la utopía que en un momento dado, según el contexto temporal, emocional, cultural, etc., podamos hallarnos inmersos.

Esta cualidad que posee nuestro arte, a mi entender, lo hace único o exclusivo dado que no suelo encontrar en otras especialidades artísticas.

Por último, también creo que somos los oyentes los que damos significados a los sonidos en forma de melodías y armonías que llegan a nuestros oídos, malgastando en consecuencia el tiempo en encasillar los mensajes sonoros que nos quieran transmitir los compositores.

La utopía musical es tan personal e intransferible que estará con nosotros toda la vida para mejorar nuestra felicidad, un detallazo más que nos reserva la MÚSICA.

Mucha razón tenía OSCAR WILDE cuando espetó lo arriba enunciado.

Verano pandémico en 5ª ola del 2021.

LA MÚSICA, ESE ARTE QUE NACE Y MUERE EN EL SILENCIO.

Portada de Farkas

 

 

 

“Donde quiera que estemos, lo que oímos es fundamentalmente ruido… Cuando lo ignoramos nos perturba. Cuando lo escuchamos nos resulta fascinante.”

                                                             (John Cage)

 

El término silencio, como multitud de palabras de nuestro vocabulario, proviene del latín silere que significa: callar, estar callado.

Pero… para el ser humano, ¿existe el silencio absoluto?. Al parecer no, al menos eso fue lo que le demostraron al compositor americano autor de la cita que encabeza este asunto que por cierto, estaba muy interesado en este tema. En la Universidad de Harvard tuvo lugar la demostración y para ello, lo metieron en una cámara totalmente aislada sin reverberación y que se suele usar para experimentos relacionados con la acústica. Cage observó que escuchaba en esa cámara, un pitido agudo y un zumbido grave. Le explicaron entonces que el pitido agudo era el sonido que provocaba su tensión nerviosa y el grave el de su circulación sanguínea. Llegó al convencimiento que el silencio absoluto no existe para los humanos y que éste es sinónimo de inmovilidad y de muerte.

Pero… todos sabemos que sí existen los silencios “relativos”, a partir de ahora, a ellos me referiré. Silencio y Música (sonidos) son dos conceptos de los muchos que existen en la vida que en una primera lectura parecen antagónicos pero en el fondo son complementarios como les ocurre a los de memoria y olvido entre otros. Para cualquier música, el silencio (ausencia de sonidos) es tan importante, a veces incluso más, que el sonido de las notas musicales. El silencio posee un enorme valor expresivo, tanto en la melodía como en la polifonía, en la música instrumental como en la vocal; esa pausa sonora (que llaman los alemanes) nos atrae, nos llama la atención, nos inquieta y nos aproxima más al discurso sonoro.

¡Qué gran paradoja musical!, el sonido y su inevitabilidad, no podemos dejar de oír, y sin embargo uno de los más importantes elementos de los que dan significado al uso de los sonidos es su ausencia (el silencio).

La Música, necesita del silencio por partida doble, me explico: por una parte lo necesita como materia prima tan importante como los sonidos y precisamente por esto, llegó el momento que el silencio adquirió el mismo protagonismo que las figuras musicales que dan nombre a la duración de los sonidos y de este modo, tenemos: silencio de cuadrada, redonda, blanca, negra, corchea, semicorchea, fusa y semifusa. Pero la Música también lo necesita desde el punto de vista del marco de su expresión como Arte que es y en este sentido lo requiere: Antes, Durante y Después de la interpretación musical lo mismo que una escultura necesita de un espacio por citar otro ejemplo obvio.

Es esencial por tanto el uso del silencio en la música; un descanso en una sucesión de sonidos es agradable y un momento de silencio tras un acorde musical de tensión, es increíblemente bello. Esto que afirmo, lo sabía a la perfección el genio Beethoven y lo manejó con un arte asombroso a lo largo de su extraordinaria carrera como compositor. Un ejemplo lo encontraremos en su famosa Novena Sinfonía, en la archiconocida parte coral del último movimiento, la sucesión de melodías así como el camino que sigue el maravilloso poema de Schiller, nos lleva a un momento culminante: se trata de un acorde monumental en el que la orquesta y el coro al unísono, emiten la palabra “Gott” (Dios). Pero, no es el acorde lo que nos produce la increíble sensación de arrobamiento estético así como de poder que nos transmite Beethoven. Probablemente, ese acorde no sería nada si al momento, se produjera una resolución del mismo o sea, una relajación tras la tensión.

Beethoven, gran conocedor de la psicología humana, sabía perfectamente que lo que más podía “tocar” el corazón de los hombres era precisamente el silencio y ese gran silencio después del gran acorde hacen que la tensión resuene en nuestras cabezas y corazones sin hueco para el olvido y por supuesto, logró lo que pretendía que posteriormente la musicología ha estimado llamar Silencio Trascendente.

 

Parecida técnica de composición, aplicada a circunstancias diferentes a tenor del momento y de la arquitectura musical de la pieza en cuestión, darán lugar a denominaciones de silencios: de presentación, de tensión, de preparación, de expectación, de lamento y de continuación.

Hasta aquí, he tratado brevemente del uso que la Música hace del Silencio para, junto con los sonidos afirmar su vocación de arte sonoro; pero en el espectro de esos silencios “relativos” que mencionaba al principio, son una parte importante los que implican a los oyentes o público receptor de cualquier música y precisamente en eso me quiero detener ahora.

Decía Antonio Muñoz Molina en su artículo de opinión recogido en la revista musical Scherzo (abril 2013) lo siguiente: “A uno le gustaría a veces que quienes aprecian tanto la Música apreciaran un poco más el silencio. El silencio alrededor de la Música (antes, durante y después) importa tanto como el espacio tipográfico en blanco alrededor de un poema”.

 

Los gestos previos o forma de mirar de un director musical o intérprete, nada más aparecer en escenario, nos invitan a los oyentes a observar ese clima de ausencia sonora necesario para advertir el comienzo de la Música, ese arranque de algo donde no había nada, la primera nota del primer compás diríamos que aún fronterizo. Igualmente, hace falta silencio para captar con toda plenitud las respiraciones y pequeñas pausas instrumentales y por supuesto para diferenciar los diferentes movimientos o partes de una compleja composición musical. Y… más silencio aún para cobrar la auténtica conciencia del final de una obra, para permitir que la resonancia se vaya apagando lentamente en nuestras conciencias y nos permita distinguir claramente el antes y el después, la diferencia entre el refugio interior de la Música (siempre íntimo) y lo cotidiano del mundo exterior.

En este último aspecto, sobre la observancia del silencio trascendente (el del final de una obra musical), hay verdaderos profesionales de la Música que actúan con una fuerte vocación pedagógica; uno de los que más llama mi atención como seguidor de este arte es Claudio Abbado. Casi todas sus interpretaciones, cuando llegan a ese punto, van acompañadas de una gesticulación siempre sobria y anticipadora del recogimiento y quietud necesarios para permitir: al público, a sus compañeros de interpretación e incluso a él mismo que la obra consumada repose conforme a las leyes de la naturaleza y por esta razón, aunque algunos no lo entiendan e incluso lo tachen de “divo”, se niega a girarse de inmediato al público para recibir su veredicto hasta transcurridos uno o varios minutos cuando las vibraciones finales se han disuelto por completo y la reverberación sonora ha finalizado su cometido acústico en la sala en cuestión.

Coincidirán conmigo en que escasas veces (tratándose de conciertos en directo y del estilo que sea) podemos disfrutar con plenitud de este bello y necesario momento al que me estoy refiriendo; lamentablemente, lo normal, es que comencemos a manifestar nuestro acuerdo o desacuerdo con lo que acabamos de oír sin haber concluido ese espacio de tiempo que ocupa el llamado silencio trascendente; bien con palmas, toses, bravos, etc., algunos, producto de las prisas de esta sociedad a la que nos debemos, cuando llega ese momento, se encuentran ya en la calle habiéndose privado y contribuido a que nos privemos otros, de una de las partes más importantes de la obra musical por excelencia.

Puesto que estamos rodeados de una sobreabundancia de aturdimientos sonoros ¿no deberíamos esforzarnos en aprender a disfrutar del temperamento de los silencios?.

El silencio lo contiene todo: pasión, expresividad, calma, indiferencia, tensión, relajación, sorpresa, vacío, plenitud y previsión.

Recapacitemos sobre cuánto podemos enseñar y aprender fomentando el silencio y facilitemos esta bella y noble tarea, seguro que mejoraremos como seres humanos y de paso seremos mucho más felices en nuestras vidas.

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En la foto Abbado un gran pedagogo del silencio en la música.

Primavera pandémica de 2021.

LA BELLEZA ARTÍSTICA, ¿tiene valor intrínseco?

“El artista es la mano que, mediante una tecla determinada, hace vibrar el alma humana.”

(Wassily Kandisky)

El Washington Post, contando como aliado en la ocasión con el famoso violinista estadounidense JOSHUA BELL, llevó a cabo un experimento relacionado con el enunciado del presente post.

Tres días antes de la prueba-experimental, el laureado violinista BELL, había comparecido en el Boston Symphony Hall y a pesar de los altísimos precios de las entradas (100 dólares las más baratas), se registró un lleno absoluto.

El día señalado, aparece en L´Enfant Place el virtuoso violinista con ropaje informal: vaqueros, camiseta de manga larga y gorra; coloca la funda de su instrumento en el suelo (imitación de músico callejero) y comienza a interpretar la chacona de una partita de Bach, el Ave María de Schubert así como otras composiciones populares.

Tocó durante 43 minutos, se contabilizó el pase por el lugar de 1097 personas, se detuvieron a escucharle 7, contribuyeron con monedas 27 recaudando en total 32 dólares y 17 céntimos; sólo una señora mayor le reconoció y charló con el artista un ratito.

Después de esto, los expertos del rotativo concluyeron: hoy el arte se ha convertido en un producto cuyo valor intrínseco no es evidente y, por tanto, el valor que le asignamos depende del contexto en que esté y, de su precio.

Personalmente opino, que el dictamen del rotativo no puede generalizarse a todas las poblaciones ya que observo aspectos en el proceso que pudieron contaminar las conclusiones definitivas. Sí, es cierto, que para muchas personas el precio de la obra de arte puede sesgar su valor pero esto último no debe extrapolarse a la generalización.

Más bien, coincido con el pintor ruso Kandisky cuando manifiesta que el auténtico artista es el que consigue, con su obra, hacer vibrar el alma humana.

Me encantaría conocer vuestra opinión y sugerirles, como siempre, que en youtube tienen suficiente material audiovisual para conocer a este magnífico violinista.

BIZET, SU CARMEN Y… SEVILLA

Es frecuente en Música no disfrutar de la popularidad y el éxito artístico hasta que hayas fallecido.”

(Anónimo)

Resulta frustrante que ocurra pero lo expresado por el anónimo no es caso raro y eso es lo que le ocurrió al gran pianista y compositor GEORGES BIZET que se lo llevó la vida a los 36 años de edad como consecuencia de un ataque al corazón.

CARMEN, su ópera más popular (hay quienes hasta en la ducha la cantan) se estrenó en Paris el 3 de marzo de 1875 y justo a los 3 meses (3-6-1875) fallecía Bizet posiblemente muy preocupado por el tremendo fracaso que supuso su estreno tanto para el público como para la crítica.

Y ese mismo año pero en octubre, se estrenó en Viena con rotundo éxito de público y crítica comenzando de este modo una carrera de popularidad que llega a nuestros días pandémicos.

Todos sabemos que la trama de su obra se desarrolla en SEVILLA, una ciudad que me da la impresión no saber sacar partido a todos los compositores que han escrito óperas teniendo como marco la bella ciudad andaluza, confío, no obstante que algún día surgirán gestores que sepan sacar jugo a este diamante.

SEVILLA, cuyo Teatro de la Maestranza se encuentra cumpliendo sus primeros 30 añitos, ha querido celebrarlo con una programación especial en la que se encuentra CARMEN. Esta magnífica obra ya es conocida por el Teatro dado que en el célebre 1992 (Expo) 24, 28 Abril y 2 de Mayo se representó con un reparto excepcional: Plácido Domingo (Director Musical), Teresa Berganza y José Carreras entre otros.

Ahora, vuelve una CARMEN (si la COVID) lo permite, no tan llena de primeras figuras pero con una enorme ilusión y con un Teatro mutilado aforísticamente a consecuencia del virus.

Por cierto y termino, la MUSIC TRADE REVIEW de Londres afirmaba en 1878 con motivo del estreno de CARMEN:

Si fuera posible imaginarse al mismísimo Satanás escribiendo una ópera, sería de esperar que el resultado se pareciese bastante a CARMEN.”

Los críticos de aquellos tiempos eran excesivamente conservadores y moralistas.

Primavera pandémica 2021

en la foto Georges Bizet que nos regaló su CARMEN

DATOS QUE REFLEJAN UNA TRISTE REALIDAD.

“La música es la vida emocional de la mayoría de la gente.”

(Leonard Cohen)

El pasado noviembre la revista Platea Magazine daba a conocer los datos que arrojan el último Anuario (2019) de la Sociedad General de Autores Española (SGAE).

Según datos, cada español gastó 0,97 E (97 céntimos) en escuchar música clásica en vivo (directo).

En el triste dato, no están incluidas las ventas de entradas para representaciones de óperas y zarzuelas por considerar la SGAE que son artes escénicas y no “música clásica”.

Platea Magazine en su publicación se detiene en los números por Comunidades Autónomas arrojando mi querida Andalucía el peor de todos: 25 céntimos de euro por persona.

La triste evidencia que contiene los datos de la SGAE presagian, en mi opinión, un futuro muy pesimista para este género musical que supera los tres siglos de historia.

Es posible que el gran esfuerzo que durante los últimos años vienen realizando las formaciones musicales españolas, llevando y explicando nuestra música en colegios, institutos y universidades, revierta dentro de poco mejorando la asistencia a los auditorios y por consiguiente elevando nuestra inversión anual en disfrutar de la buena música en vivo.

También, de las autoridades educativas del país, esperamos todos los interesados por este aspecto de la cultura, dispensen el mejor trato posible para hacer realidad en el futuro una educación musical próxima a la existente en la mayoría de los países de Europa.

Siguiendo la cita inicial de Cohen, debemos todos los implicados hacer todo lo posible para que esa vida emocional se cultive ampliamente y se vea reflejada en nuestras buenas salas de conciertos y posteriormente en los datos que reflejan nuestra aportación a esta modalidad cultural.

Invierno 2020

UN REQUIEM PARA LA VIDA.

Efectivamente, eso dijo su autor J. BRAHMS : “Mejor que Requiem alemán debí titularlo Requiem Humano.”

Y, llevaba toda la razón este ilustre representante del Romanticismo más romántico; porque, cuando lo ves y escuchas, percibes con notoriedad que más que para los muertos, es un requiem para los vivos, una obra sedosa, apaciguadora, universal, de todos y para todos y cuando suenan las últimas notas, en la misma tonalidad que comenzó, nos motiva más para celebrar la grandeza de la vida que la tristeza y desgarro por la muerte, pese a que ésta sea parte de la vida.

Con textos bíblicos, adaptados al luteranismo, fue escrita para: soprano, barítono, coro y orquesta. Estrenada el viernes santo de 1868 en la catedral de Bremen y dirigida en la ocasión por su autor BRAHMS; estilísticamente, puede considerarse un mestizaje entre cantata y oratorio.

Las muertes: de su mentor R. SCHUMANN y posteriormente su madre, estimularon al compositor para trabajar en esta joya que ya ha pasado a la Historia del Romanticismo Musical, como suele ocurrir con las auténticas obras de arte, perdurando hasta sabe Dios cuando.

La obra contiene dos pasajes fugados, al final de sendos números, que poseen un arrobamiento estético de gran voltaje que te invitan a volver y volver a ella.

Por cierto, Brahms era en la época amigo de A. Dvorak, y con respecto a toda la polémica que surgió al darse a conocer este Requiem, Dvorak manifestó, “creo conocer perfectamente a mi amigo y puedo deciros que él, religiosamente, no cree en nada.” Luego no entiende como pudo escribir esta maravillosa obra referida a algo tan espiritual.

Presumo que ya conoces la obra y seguramente en versiones diferentes, si no fuese así, en youtube tienes dos muy interesantes: la de H. von Karajan y la de Abbado con la Filarmónica de Berlín y en las voces Bárbara Bonney (soprano) y Bryn Terfel (barítono) el coro, Eric Ericson Chamber; garantizo que estas versiones te harán repetir más de una vez.

Y, en España, este Requiem en esta ocasión tan especial que a consecuencia de la pandemia vivimos, tendrá una pronta interpretación en una de las ciudades más musicales del territorio: OVIEDO.

Os dejo con el programa obtenido de la web de Oviedo Filarmonía.

Suerte a todos sus numerosos intérpretes y al público que llenará el Auditorio.

Primavera 2021

VEINTE AÑOS MÁS TARDE SE REPITE LA HISTORIA, PERO EN DISTINTO LUGAR.

La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu.”

(CERVANTES)

Siguiendo los efectos del Romanticismo musical, 20 años después del estreno de un Requiem alemán de J. Brahms, pero en la ocasión en Francia, Gabriel FAURÉ, al parecer a causa del fallecimiento de su padre decide comenzar su Requiem y antes de terminarlo, ocurre el fallecimiento de su madre.

La singularidad del Requiem FAURÉ puede ser que por primera vez en el género, la música mira a la muerte sin intimidarse y de cuyo resultado surge una experiencia liberadora y reconfortante.

La obra fue escrita para orquesta, coro, barítono y soprano y cómo no! para órgano siendo como era su autor un excelente organista.

FAURÉ muere en 1924 (noviembre) interpretándose su Requiem en el funeral sin conocer por ello, como su obra alcanzaba las más altas cotas de popularidad; marcó por tanto el final de su vida y paradójicamente: el comienzo de su inmortalidad como músico.

Aunque parezca increíble, es una partitura por la muerte que te llena de esperanza por la vida y por ello, su autor se expresó así sobre ella:

Se ha dicho que mi Requiem no expresa el miedo a la muerte y ha habido quien lo ha llamado un arrullo de la muerte. Pues bien, es que así es como veo yo la muerte, como una feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experiencia.”

La sensación de paz que nos ofrece el Ofertorio hasta la entrada del barítono y después de su intervención, es indescriptible.

La belleza del Sanctus, no puede ser más sublime.

El Agnus Dei, con sus diferentes modulaciones y cambios en la dinámica nos transporta a otro mundo.

Asombroso de belleza es su último número titulado In paradisum (en el Paraíso) esas voces perfectamente empastadas y ese aparente “cansino” pero bello adorno de fondo por el órgano y la cuerda.

No creo equivocarme si digo que escuchando este Requiem terminamos iniciando un contacto trascendental con quienes nos precedieron y con todo lo que nos rodea percatándonos, además, de que somos uno con el todo y del que salimos airosos y optimistas.

Tienes muchas oportunidades de ver y oír este famoso Requiem en youtube, pero habrá quienes si no lo impide la pandemia, lo verán y oirán en una de las ciudades más bonitas de España: GRANADA, en su coqueto Auditorio Manuel de Falla, en fechas 21 y 22 de mayo y con arreglo al siguiente programa recogido de la web de la orquesta:

Comencé con CERVANTES y finalizo con FAURÉ cuando dijo:

“Para mí, la música existe para elevarnos todo lo posible por encima de la vida diaria.”

Primavera pandémica de 2021.

CULTURA REPOSABLE Y SOLIDARIA: OVIEDO.

Muchos son los atractivos que nuestra OVIEDO ofrece a sus posibles visitantes pero, como el motivo central de este blog es, la cultura musical, a ella me referiré en esta ocasión centrada en la preciosa y culta ciudad asturiana.

Sus gestores culturales-musicales, en su día, pensando que para las fechas que se avecinan (mediada la primavera) estaríamos soportando los últimos coletazos de la peligrosa y pertinaz COVID-19, habían diseñado programaciones musicales de máxima calidad artística para el siempre dispuesto publico y a la misma vez que sirvieran como muestra de solidaridad y cariñoso recuerdo para tantas pérdidas de vidas humanas arrastradas por la pandemia.

Y, en este sentido, mayo sería el escenario temporal en el que ubicar la generosa idea.

El 9 de mayo el cariño en forma de emoción musical , tendría como destino los fallecidos y sus familiares con la interpretación de una de las obras cumbres del Romanticismo Musical: UN REQUIEM ALEMAN de J. BRAHMS.

Para cerrar el mes y en la misma sintonía de humanismo cultural, musical y solidario, interpretar, cómo no! la Novena sinfonía de BEETHOVEN, como broche de la hermandad necesaria para recuperar, juntos, situaciones tan complicadas como las que jamás hemos padecido desde el pasado año con la incertidumbre además de no ver con claridad el posible final con retorno a la normalidad.

Decía NOVALIS: “Toda enfermedad es un problema musical; toda cura es una solución musical”.

Confío en las palabras de este ilustre escritor y filósofo alemán y por ello espero que este mayo musical-ovetense, al menos sane muchas de las heridas de esta pandemia y eleve aún más el listón merecido de la ciudad como ciudad de la música.

MAHLER, LA VOLUNTAD PERSONIFICADA.

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la VOLUNTAD.”

(Albert Einstein)

Este blog, al que da nombre un amigo de MAHLER, Farkas (el pastor), tiene a menudo la necesidad de recurrir al Maestro.

Hoy, principios de primavera pandémica, alimento esa necesidad ocupándome un poquito de su 3ª sinfonía que para mí, es un engranaje fundamental en la dilatada obra mahleriana. Y, a propósito, decía el compositor: “quien sepa escuchar se dará cuenta que mis sinfonías son mi vida.” Y, cuánta razón tenía, en esta 3ª hay mucho de lo poco que vivió!

A los efectos, dice Henry-Louis de La Grange (uno de los más cualificados biógrafos de Mahler):

La apoteosis conclusiva de la 3ª, es, sin duda, uno de los pasajes más sinceramente optimistas de Mahler. En ella, todas las preguntas encuentran respuestas; todas las angustias, consuelo. Con este gran himno al Creador del Mundo, concebido como la fuerza suprema del Amor, el compositor sube el último peldaño hacia la Luz eterna.”

La estrenó el propio autor en Berlín el 9 de marzo de 1897 y debido a su extensión temporal (100 minutos de duración) sólo se interpretaron los movimientos: 2º, 3º y 6º. Se cuenta, que los silbidos y gritos de desaprobación ahogaron los aplausos; al día siguiente, la prensa alemana se despachó sin piedad: tragicomedia de compositor sin talento, de farsante, de cómico musical.

Pues, a pesar de todos estos graves calificativos, Mahler o la voluntad personificada, no se rendía a la crítica que le tocó sufrir; al contrario, con más firmeza que nunca hacía gala de una de sus conocidas sentencias: “para estar donde hay que estar hay que ser un eterno aprendiz“, cuestión que la historia se ha encargado de demostrar.

A estas alturas de tu posible, generosa lectura, puede que comiences a sentir la necesidad de ver y oír la 3ª sinfonía de Gustav Mahler y, si así fuera, eres afortunado porque habrás hecho una excelente inversión de tu ocio o estudio de la que jamás te arrepentirás.

Pero, si me permites aconsejarte, te invitaría a conocer la grabación que en febrero 2010 (un año antes de cumplirse el primer centenario de su muerte) grabó una orquesta tan identificada a Mahler históricamente como la del CONCERTGEBOUW de AMSTERDAM. Personalmente, sin duda, creo que es una de las históricas, dirigida por el fallecido Mariss Jansons con la voz de la mezzo Bernarda Fink, en ella se observa que al menos 3 atriles son ocupados por españoles (2 percusionistas y el solista de oboe), puede parecer anecdótico pero dice del nivel que adquieren algunos profesionales españoles.

También, seguro que te interesará visitar en youtube la versión que en 2007 grabó Claudio Abbado con la Orquesta del Festival de Lucerna y en la voz la contralto Anna Larsson, mi humilde opinión considera que esta versión es un poco más artística que la anterior pero no olvidemos que se trata de una orquesta “ocasional” muy rebuscada por Abbado entre los mejores atriles del mundo y ayudada además por una realización técnica en la grabación que veo muy difícil superar.

Otra versión digna, cómo no! de visitarse en youtube es la de Bernstein con los filarmónicos vieneses, mucho más antigua que las anteriores y por tanto más deficiente su grabación que no su interpretación.

Concluyo utilizando el argot musical por ello, resuelvo:

Mahler, con sus 51 años de vida y su legado musical, nos ha evidenciado la fuerza de la voluntad como motor para conseguir grandes logros y además, sin pamplinas, él lo anunciaba: “Mi tiempo llegará”.

Creo sinceramente que llegó para quedarse definitivamente entre nosotros y muchas generaciones venideras!

Gustav, vacilando en su época.

Primavera 2021.