CUANDO EN LUGAR DE TRABAJO CRÍTICO SE PRACTICABA EL VITUPERIO DURO.

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Habrá quienes puedan creer que la crítica especializada en música siempre ha sido tan correcta como lo es en la actualidad, independientemente de que coincidamos o no con la subjetividad de los profesionales que a ello se dedican cuando asisten a un acontecimiento musical.

Gracias al “Doctor Gusano Musical” ( Nikolas Slonimsky) que le dio por hacer un entretenido libro sobre este asunto (Repertorio de Vituperios Musicales), sabemos que durante el siglo XIX y primera década del XX, los críticos musicales se permitían hacer duros ataques personales a los músicos más vanguardistas de la época, cosa que la crítica actual jamás hará pese al gran desacuerdo que pueda existir entre ambos profesionales: músico y crítico.

Y, así como ejemplo, traigo hoy gracias a Slonimsky, las duras manifestaciones que James Gibbons Huneker profirió sobre DEBUSSY:

 

“Tiene la cara plana, la parte superior de la cabeza plana, los ojos prominentes -con una expresión velada y sombría- y, en general, con su pelo largo, su barba descuidada, su ropa ordinaria y su sombrero blando, parecía más un bohemio, un croata, un huno, que un galo. Sus pómulos, altos y prominentes, le proporcionaban un aspecto mongol a su rostro. Con su cabeza branquicefálica, con su pelo negro… Este hombre es un espectro del oriente; su música se oía hace mucho tiempo en los templos de las colinas de Borneo; ¡surgió como una sinfonía para celebrar el regreso de los cazadores de cabezas con sus abominables botines de guerra!”

Como pueden apreciar, nada de trabajo crítico razonado musicalmente puede que por su incapacidad para disfrutar de la música de DEBUSSY en aquel momento.paul-nadar-claude-debussy_a-G-6243433-8880731

En la foto CLAUDE DEBUSSY

José Manuel Macias Romero

Otoño 2018.

 

SCHUBERT/ALGORITMO: MATRIMONIO IMPOSIBLE.

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“Nadie siente el dolor de otro, nadie entiende la alegría de otro.”

(Franz Peter Schubert)

 

Días atrás, con notable bombo mediático, la prensa se hacía eco de que en Londres la firma HUAWEI presentaba los movimientos que le faltan a la INCOMPLETA  de SCHUBERT.

Que dicho trabajo compositivo se había llevado a cabo mediante un móvil y sus correspondientes algoritmos.

Considerada como “La apoteosis del amor”, escrita en 1822 es por excelencia la obra póstuma del compositor que fue estrenada en 1865 (35 años después de su muerte).

En el excelente libro de Johannes Franze: (Obras maestras de la música alemana) se dice:

“Unos han dicho que a Schubert le faltó la inspiración necesaria para los dos últimos movimientos (Scherzo y Final) y otros creen poder afirmar que Schubert mismo consideró esta obra concluida.”

Si Schubert, a pesar de lo tacaña que fue la vida con él, (vivió 31 años) y tuvo desde 1822 hasta que murió 6 años para acabarla y no lo hizo,  no pudo ser que considerara que lo había hecho tan bien en los dos movimientos primeros que difícilmente igualaría lo ya compuesto y por ello renunció a terminarla?

Si, como dice Schubert en la frase que abre esta reflexión musical, nadie siente y entiende las emociones  de los otros, ¿cómo una máquina por muy perfecta que sea con todos sus algoritmos incluidos va a terminar con éxito el trabajo de un gran artista de la música?

Ni lo acepto como viejo seguidor de Schubert ni lo aceptaré mientras viva, reconociendo que los algoritmos pueden contribuir a crear perfectamente otros tipos de música.

 

Os dejo con estos momentos de la Incompleta, en este caso más mérito aún por no existir el director de la orquesta.

José Manuel Macias Romero

Invierno 2019.

ENTRA LA NOVIA… Y, SUENAN SUS NOTAS.

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“La esencia de la belleza es la unidad en la variedad”

(F. Mendelssohn)

 

Se han cumplido 160 años (1858-2018) desde que te hiciste popular en el mundo occidental con tu famosa marcha nupcial, esa que incluiste en tu ballet “El sueño de una noche de verano”; por eso y así de sencillo, todos te conocemos, aunque casi de inmediato te olvidamos hasta una nueva ocasión si ha lugar.

Uso este titular a sabiendas de que es la mejor manera de identificar a Felix Mendelssohn (1809-1847) especialmente para quienes están en vías de acercamiento a la música.

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Mísera fue la vida contigo al concederte un período tan pequeño (38 años) pero a su pesar, te dio tiempo para pasar a la historia de la música como un buen pianista, compositor y destacado director de orquesta si bien es cierto que, en tu época, la dirección de orquesta no hacía más que empezar y no era difícil destacar.

Tu corta estancia en el mundo, no fue tu única adversidad; tu origen semita en una época en la que ya asomaban las persecuciones a los judíos así como tu excesivo carácter perfeccionista, te jugaron malas pasadas y sumaron muchos enemigos profesionales o de gentes cercanas a la música a las que no les hubiera importado borrarte del mapa.

Un accidente cerebrovascular, al parecer algo endémico en tu familia, acabó con tu hermana Fanny y contigo, pero te dio tiempo para dejarnos unas cuantas joyas musicales que muchos han tratado de obviar pero que resisten el paso del tiempo porque, como bien dices, “la esencia de la belleza es la unidad en la variedad”.

Entre estas joyas ocupan un lugar privilegiado tus cinco sinfonías, de la segunda de ellas titulada “Canto de alabanza” me ocupé la pasada primavera, hoy me gustaría sugerir a los que siguen este blog que merecería la pena que escuchasen la n. 4 llamada “Italiana” para que comprueben lo bien que lograste reflejar el carácter italiano aprovechando la visita que hiciste a Italia y que posteriormente nos cuentas en forma musical.

Hay excelentes versiones de esta sinfonía en youtube, personalmente me decanto por la de Claudio Abbado con la sinfónica de Londres, para mí la más lograda y cuidada.

José Manuel Macias Romero

Invierno 2019.

LA MEDICINA EN CRECIENTE ALIANZA CON LA MÚSICA.

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“La música puede hacer de un ánimo devastado una catedral.” (Vasile Ghica)

 

Los habituales de estas historias musicales saben que no es la primera vez que me ocupo de las relaciones MÚSICA-MEDICINA; casi con toda seguridad no será la última, teniendo en cuenta los avances que se están produciendo en esta creciente y bendita alianza y en el que gentes de nuestro país están tomando parte muy activa con notable éxito.

Mi impulso para tratar hoy el asunto, viene propiciado por la noticia que acabo de oír en el excelente programa de Radio Clásica: “Longitud de onda” (Música y ciencia). Según esta fuente en el Reino Unido y con cargo a los presupuestos del estado, se va a desarrollar un programa denominado: “Música para la demencia 2020”. Profesionales cualificados de ambas disciplinas (Medicina y Música), de conformidad con las dolencias de cada paciente, formularán recetas musicales adecuadas y personalizadas para cada enfermo avaladas previamente por vía experimental y con el fin de hacer la vida más agradable a estas personas.

Al margen del programa citado cuyos resultados se valorarán, es más que fehaciente que la música, hoy, contribuye en medicina a:

Estabilizar las constantes vitales.

Disminuye o reduce la anestesia en cirugía.

Ayuda a ganar peso en prematuros.

Reduce la ansiedad y mejora la frecuencia cardiaca.

Mejora la percepción del dolor y ahorra medicación sedativa en pacientes de UCI.

Libera dopamina al cerebro y por tanto aumenta el bienestar general.

Aumenta el rendimiento físico.

Y, por utilizar una expresión popular de nuestro país: ” y la perra cazando”, seguro que, en pocos años, la presencia de la música en medicina será mucho más extensa de lo que es hoy.

Y, lo más importante que no debemos obviar: sin efectos secundarios por su administración.

Lleva por tanto razón el escritor rumano Vasile Ghica cuando dice lo que has leído arriba.

 

 

José Manuel Macias Romero

Invierno 2019.

LA MÚSICA:MI PARTICULAR “LOCURA” Y LA GRAN PARADOJA PARA TODOS LOS HUMANOS.

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“Sin locura el ser humano no sería otra cosa que un cadáver aplazado que se reproduce.”

(Fernando Pessoa)

En este post, num. 50 de 2018 no tengo más remedio que utilizar de manera sintética los pensamientos de dos grandes figuras a las que admiro con pasión:

FERNANDO PESSOA, poeta y escritor portugués considerado de los más brillantes de la literatura universal y,

DANIEL BARENBOIM, pianista y director de orquesta argentino, nacionalizado español, israelí y palestino.

FERNANDO, que de forma telegráfica abre el trabajo, supo a la perfección que la historia de la humanidad en todos los tiempos, está incentivada por lo que él llamó la “locura”. Me identifico con este su pensamiento y si conversar con él pudiera le diría, que mi particular “locura” se llama MÚSICA, algo que me enseñaron a amar desde pequeño y que seguro me acompañará hasta los últimos segundos de mi vida.

 

DANIEL, siempre dice:

“La Música proporciona la posibilidad, por un lado, de escapar de la vida y, por el otro, de comprenderla mucho mejor que a través de muchas otras disciplinas. La Música dice: Perdonen. Esto es la vida humana.”

Efectivamente, amigo DANIEL, esa es la gran paradoja a la que nos somete humanamente y sin distinción de ningún tipo el arte llamado MÚSICA.

¿Cómo puede entenderse que algo que nos sirve para escapar de los avatares de la vida nos enseñe, a la misma vez, tanto sobre ella?

Supongo que no tendremos duda de que esta exclusividad que provoca la Música no tiene parangón en ningún otro arte y por ello, para los que la amamos, es algo tan especial y necesario.

Con el deseo de que el próximo 2019 crezca en “locos” por la Música, felicidades a todos los que dedicáis parte de vuestro tiempo a este blog. Gracias.

Barenboim y Lucas

Maestro y aprendiz, siempre a la búsqueda de la inalcanzable perfección musical.

José Manuel Macias Romero

Invierno 2018

 

 

 

SIEMPRE APRENDES

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Sabes que raro es el día que no estás en mi mente, sabes, igualmente, que cuando se acercan estas fechas, la intensidad de los recuerdos que me dejaste crece de forma incontrolada e inevitable.

Este año se me antoja recordarte por tu espíritu humanista, puede que por la carencia de este importante valor en nuestra sociedad actual y, en este sentido, quiero usando el testimonio de Helena Matheopoulos recogido en su maravilloso libro: “LOS GRANDES DIRECTORES DE ORQUESTA”, resaltar tus excelentes gestos humanitarios para con los jóvenes aspirantes a profesionales de la música.

Helena, cuenta en su libro el comportamiento solidario y ejemplar que tenías cuando un joven de tu orquesta era sorprendido por una enfermedad o aún peor, por la muerte de algún familiar.

Y, a este respecto, sabes también que juntos vivimos una historia muy similar a las que Helena relata; siendo tu respuesta la misma que siempre tuviste con otros jóvenes.

El 9 de junio 2011 estábamos juntos en BRESCIA (Italia) dirigías a tu Orquesta Mozart y en el programa se incluía el concierto para oboe de Mozart a cargo de Lucas Macias. En la mañana siguiente todos saldríamos con destino a SEGOVIA porque te hacían entrega del premio a la Música Don Juan de Borbón.

Pero, al finalizar el concierto de BRESCIA, recibí la triste noticia de que mi padre había fallecido y por consiguiente mi esposa y yo abandonábamos el viaje a SEGOVIA para acompañar el sepelio de mi padre.

Enterado de la noticia, diste instrucciones a Benedetta (tu secretaria) para que Lucas, en lugar de viajar con la orquesta, lo hiciera contigo en tu particular avioneta con el fin de servirle de consuelo y alentarlo en momentos tan especiales.

Y, a juzgar por la foto que durante el viaje os hizo la violinista Isabel Faust, conseguiste hacerle más ameno el día ausentándolo de tan obligada tristeza.

Por eso, esta breve historia como las que cuenta Helena, son las que te hacen merecedor del título de humano y por ello, estimado amigo, como tu decías: “SIEMPRE SI IMPARA” (Siempre aprendes) especialmente cuando de tí se trata.

Con el mayor aprecio humano y artístico a CLAUDIO ABBADO, fallecido en Bolonia el 20 de enero de 2014.

Versión 2

Claudio y Lucas se entretienen en el viaje a Segovia con sus respectivas narices.

El premio se entregó el 10 de junio 2011, como se puede observar la calidad del vídeo no es la más adecuada al ser “casero” pero ahí queda recogido el momento.

Otoño 2018

José Manuel Macias Romero.

 

LA MÚSICA, NECESITADA YA DE OTRO KLEIBER?

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“En la vida no hay que dejar huellas”     (Carlos Kleiber)

 

Con más frecuencia de la deseada, padezco de embotamiento de vista y oídos como consecuencia de la mediocridad artística que diariamente me ofrecen las pantallas: televisión, ordenadores, etc., en lo concerniente a la dirección orquestal mundial.

Cuando supera mis límites, tomo unas vacaciones y recurro para neutralizar y tomar nuevas fuerzas al excelente material que nos ofrece Youtube, a mis propios archivos conseguidos durante muchos años y por si fuera poco a los excelentes recuerdos de la plataforma digital de la Filarmónica de Berlín.

De este modo, recientemente, puse en práctica un juego-musical educativo que me enseñaron hace años en Radio Clásica y que consiste en comparar versiones clásicas en las que el único elemento diferenciador, en principio, es el Director que las interpreta.

Tomé como obra comparativa la sinfonía num. 36 de Mozart titulada LINZ, como orquesta a la Filarmónica de Viena como lugar de ambas interpretaciones la sala Musikverein de Viena (esa que sale todos los años en el concierto de año nuevo) y como directores a Carlos Kleiber y a Karl Böhm.

Es obvio que los actores en juego no podían ser mejores. Invierto un considerable tiempo en el juego que resultó ser una gozada musical y entonces me veo capacitado para emitir mis breves conclusiones:

Estilos totalmente diferentes en su concepción. El de Böhm riguroso académicamente pero deficiente en expresividad; Kleiber, menos académico pero de pura fibra en expresión musical, los movimientos que este señor ejecutaba con brazos, muñecas y manos eran sin lugar a duda exquisita esencia musical. Hay un detalle primordial que confirma mi observación al respecto y este detalle me lo proporciona la comunicación no verbal: la orquesta con Kleiber se mantiene expectante en todo momento y se percibe el disfrute de la realización de su propio trabajo. En cambio con Böhm, se observa respetuosa pero como decimos en mi tierra: “sin pellizco”.

Las transiciones musicales con Kleiber son más notorias y bellas, lo mismo ocurre con las dinámicas. Con Böhm, tanto unas como otras son apagadas y sin brillo. En definitiva, si la misión del intérprete sigue siendo conmover al receptor del mensaje, tengo clarísimo que este para mí apasionante juego lo ganó con notoria diferencia Kleiber sin dejar de reconocer que ya quisieran hoy muchos directores aproximarse al menos un pelo al trabajo llevado a cabo en esta sinfonía por Karl Böhm.

No puedo ocultar, en aras de la mayor sinceridad, mi aproximación con la forma de entender la música de Carlos Kleiber y por ello, algún día le dedicaré un apartado especial ocupándome de su perfil humano y artístico. Dicen, personas que lo tuvieron muy cerca por razones de trabajo, que la frase que encabeza este post la pronunciaba con excesiva asiduidad y que la había tomado de un libro que contenía sugerencias basadas en filosofía oriental y que Kleiber guardaba como un tesoro por su contenido tan humano y por ser además un regalo que le hizo su hermana.

A este respecto, me parece que puede que abusase de su uso sabedor en demasía de que su figura jamás quedaría en el olvido de la historia de la música. Por tanto, para mí, lo considero como una más de sus muchas “fanfarronadas” porque además podía permitírselo. Pero yo, se lo perdono cuando interpreta música del compositor que sea.

Conservo la esperanza de que las nuevas generaciones de músicos, preparadas con mejores medios que las generaciones anteriores, producirán muy pronto el nuevo Carlos Kleiber que la música hoy necesita.

Kleiber  Böhm

Arriba Carlos Kleiber y debajo Carl Böhm (dos grandes de la batuta)

José Manuel Macias Romero

Primavera 2018