
«Es cruel, pero en esta profesión a quien la musa se ha olvidado de besar. ése no será nunca un músico.» (N. Harnoncourt)
Consciente de que puedo resultar pesado, vuelvo una vez más a lo dicho en otras ocasiones.
Cuando observo en las pantallas (algo muy frecuente últimamente) a un intérprete de la especialidad que sea: instrumentista, cantante o director de orquesta, gesticulando y realizando movimientos que en absoluto nada tienen que ver con la música que interpretan, me pongo enfermo.
Superado el malestar, reflexiono y me pregunto:
Qué clase de profesores han tenido estos profesionales? Me niego a admitir que sea eso lo que le hayan enseñado porque eso no es transmitir las profundidades de una partitura de música. No será, que pretenden con sus exagerados y descontextualizados movimientos impresionar al respetable? Estarán en la creencia de que así, practicando un atletismo vacuo, serán más estrellas? O, será que a falta de una capacidad para transmitir una obra musical buscan compensar ante el público con esos aspavientos en la creencia de que así muestran su virtuosismo?.
La deficiente cultura musical de muchos, entre los que acudimos a los conciertos, contribuye a que nos dejemos embaucar por este tipo de profesionales creyendo y aplaudiendo además como si en esto consistiera la música pero en realidad, más pronto que tarde la justicia, que también se ocupa de la música, coloca como Jefa de Protocolo a cada uno en su asiento y este tipo de «artistas» ocuparán las últimas butacas del Auditorio .
Añadiría a la frase introductoria de Harnoncourt: » y, por tanto, haría muy bien con dedicarse a otros menesteres posiblemente más exitosos para él y para la sociedad a la que pertenece.

En la foto Claudio Abbado que repetía constantemente que lo importante era la música.
Otoño 2023.