
«La música no sirve para decorar, ha de ser verdadera.» (Schönberg)
A principios del siglo XIX liderado por Beethoven, se produce un drástico cambio de paradigma en la composición musical. La música comienza a dejar de ser el pasatiempo de una clase social que se reúne en los salones burgueses para: exhibir sus caras ropas, mitigar su aburrimiento y hablar de nuevos negocios con fondo musical de considerable intrascendencia.
Con Don Luis y otros que le siguieron, como dice Schönberg en la presente introducción, la música se hace verdadera y profunda, recogiendo en su seno las vivencias, fantasías personales y el carácter de sus creadores.
En este nuevo modelo, uno de los compositores que más llaman mi atención es Gustav Mahler quien a propósito del carácter autobiográfico de su obra le comentó a su entrañable amiga Natalie Bauer-Lechner:
» Mis dos sinfonías expresan el contenido de toda mi vida, en ellas, he plasmado en sonidos lo que he vivido y sufrido, la verdad y la poesía. Y quien sepa leer bien, verá cómo mi vida aparece en ellas de forma evidente.»
Cita sus sinfonías 1ª y 2ª pero luego vendrían el resto de ellas y La Canción de la Tierra, todas sin excepción cargadas de simbolismos autobiográficos porque él, era un verdadero experto en convertir sus emociones y vivencias en sonidos armonizados para expresar: el humor, la alegría, el dolor, la discriminación racial, el misticismo, el amor, la belleza de la naturaleza, la muerte y hasta la vida militar son sus marchas musicales cuando vivía en Iglau.
Y, todo este mestizaje emocional de sus sinfonías es el que provoca, cuando las interpretaciones son de primer nivel, el llanto en las salas de conciertos, algo que no es infrecuente y que personalmente sufrí en la suiza Lucerna con su 4ª sinfonía (versión Abbado y la LFO)
Pero antes de que Mahler naciera, en 1830 H. Berlioz se autobiografía con su Sinfonía Fantástica con notable acierto y éxito popular hasta nuestros días.
Richard Strauss, más joven también hace sus «pinitos» en este modelo con su Una Vida de Héroe en la que se autodefinía como héroe.
Leos Janácek en uno de sus famosos cuartetos narra musicalmente el aspecto romántico de su vida cuando enamorado de Camila ésta le daba calabazas. Camila en el citado cuarteto que representada por la viola que constantemente niega las invitaciones amorosas que pretendía el compositor y que traspasaba al resto de la cuerda (violin 1, violín 2 y chelo)
Este género musical, a mi juicio, alcanza su máximo goce cuando el oyente se interesa en la biografía de sus creadores, entonces confluyen la belleza sonora con la idea que representa.
Aunque a partir de 1920 se comenzó a considerar la obra de arte como algo independiente de la personalidad de su creador, en los casos ya citados resultaría harto difícil separarlos, yo, al menos, no puedo aunque otros pudieran hacerlo.

Otoño 2023.