
Próximo a cumplirse 12 añitos desde que el presente blog se dejara leer en redes sociales por quienes así lo estimaron oportuno, y porque algunos de sus asiduos lectores así me lo piden, pretendo contarles hoy quién fue Farkas.
Probablemente este pastor, llamado así no hubiera pasado a la historia musical sin el apoyo de MAHLER porque fue este compositor el que con notable cariño lo menciona en sus gratos recuerdos.

Como saben, Gustav Mahler (1860/1911) fue un excelente Director de Orquesta que finalizadas las temporadas de conciertos (al comenzar el verano) se retiraba a lugares estratégicos por su naturaleza para dar “riendas sueltas” a su imponente imaginación creativa/compositiva que exigía total ausencia de ruidos callejeros.
Uno de esos lugares frecuentados en épocas estivales era a las orillas del lago Worthersee (sur austriaco) que además de lugar idílico y silencioso le permitía practicar la natación, el remo y largos paseos en bici.
Henry-Louis de la Grange, para mí uno de los mejores biógrafos de MAHLER por la abundancia de datos sobre su persona y sus familiares/amigos, cita textualmente en su libro las siguientes palabras de Gustav:
“Son las seis de la mañana. He estado en el prado, sentado en el pasto junto a Farkas, el pastor, escuchando el sonido de su caramillo. Ay, que triste y sin embargo apasionado éxtasis palpitaba en su melodía popular!”
El caramillo que menciona es un instrumento de viento, precursor del Oboe con sonido agudo hecho de caña y propio de los pastores que hasta ellos los fabricaban.
A dos conclusiones alcanzo con la presente cita de MAHLER:
-el cariño que el compositor invertiría en el Oboe recogido en gran parte de sus obras concediéndole además solos de gran valor y belleza, ejemplo en La Canción de la Tierra;
-la incorporación en sus obras reiteradas melodías populares como hacía Farkas para amenizar a su ganado.
No hay duda para mí que, algunas de las melodías populares que en plena naturaleza austriaca oía Mahler de Farkas le inspiraron para algunas de las obras de su amplio catálogo de este ilustre judío que a pesar de sus reiterados fracasos no cesaba de decir: “ Mi tiempo llegará” y claro, llegó y hoy en tono de “broma” muestro como su rostro marca el tiempo de uno de sus seguidores en mi estudio.

