Y ESTO, ¿ CÓMO SE PUEDE DIRIGIR ?

«Amigo mío, en esta tierra,

¡la suerte no me fue favorable!

(Estrofas de La Canción de la Tierra en su último movimiento «La Despedida» de G. Mahler)

Fatídico resultó 1907 para Gustav Mahler (1860-1911) por estos motivos fundamentales:

*Muerte de su hija mayor PUTZI a consecuencia de difteria.

*Diagnosticado como enfermo grave del corazón por malformación de las válvulas con retirada total de vida activa en la naturaleza (nadar, correr, paseos en bicicleta, etc.)

*Abandono de la Ópera de Viena después de 10 años como Director de la misma a causa de cansancio de críticas xenófobas (era judío) e incomprensiones de índole diversas.

*Marcha a Nueva York para seguir trabajando como Director de Orquesta.

Pese a estas graves contrariedades, a finales del verano de 1907 se embarca en la lectura de un pequeño libro que le regala su amigo Teobald Pollak (colección de poesías chinas) traducidas al alemán por Hans Bethge (quien también puso letra a la «Noche transfigurada» de A. Schönberg) y Gustav que jamás se concedió descanso en el trabajo, comenzó a componer lo que posteriormente sería: La Canción de la Tierra -sinfonía cantada para tenor, contralto o barítono-

 

(En la foto pequeña muestra del original de la partitura)

En el verano de 1908 -recordar que Mahler era compositor de «veranos» porque el resto del año lo empleaba en la Dirección de Orquesta-  terminó la orquestación y una vez acabada se la mostró en Viena a su asistente y amigo Bruno Walter a quién después de verla preguntó: ¿Se puede soportar? ¿No incitará al suicidio? y en tono de humor añadió:

«Y esto, ¿cómo se puede dirigir?  ¡Yo, desde luego no!»

Certero en sus propias auto-sentencias, no pudo dirigirla porque el 18 de mayo de 1911 murió en Viena siendo sus últimas palabras: Mozart, Mozart, Mozart. Seis meses después de su muerte el 20/11/1911 en Munich Bruno Walter la estrenó con notable éxito.

Mahler, de aspecto más bien serio y casi siempre encerrado en su íntimo mundo (la creación musical), también esporádicamente tenía sus «tintes» de humor y por ello creo que le gastaba una broma a su admirado amigo Bruno, porque ¿cómo no iba a saber Mahler qué tratamiento con la batuta había que darle a su gran obra?

Cierto es que, La Canción de la Tierra, no facilita las cosas a los directores que se atreven con ella que dicho sea de paso no abundan. Su último movimiento cercano a los 30 minutos de duración y titulado «La Despedida» contiene al menos 10 variaciones temáticas y frecuentes cambios de ritmo siendo complicado guardar el equilibrio y dar con el pulso correcto que evite molestias a las diferentes secciones orquestales de por sí muy exigidas técnicamente por la partitura.

El 18/5/2011 en la sala Philharmonie de Berlín celebró la Filarmónica el primer centenario de la muerte de Mahler y en el programa:

*Adagio de la Décima (inconclusa) y en la segunda parte La Canción de la Tierra

Las voces las ponían: Jonas Kaufmann (tenor) y Anne Sophie von Otter (mezzo)

La batuta fue la de Claudio Abbado que sorprendentemente, esta vez, sí tenía en su atril la partitura luego alguna dificultad hay.

Como asistente a dicho acto, no albergo duda de que si Mahler se hubiese encontrado presente hubiera acabado loco de alegría teniendo en cuenta la calidad que ofrecieron todos sus intérpretes. Puedes verlo en Digital Concert Filarmónica de Berlín pero, si no quieres comprar el abono puedes ver 9 minutos en youtube del citado concierto.

Concluyo con una de sus muchas frases que a lo largo de su vida le definieron:

«Se empieza siendo abatido a garrotazos para ser después transportado hacia las cimas, sobre las alas de los ángeles.»

Como siempre, cuánta razón le asistía!

Primavera 2023.

 

 

DIOS LOS CRÍA Y EL DESTINO LOS JUNTA.

Algo parecido viene a decir la sabiduría popular sintetizada en el refranero que todos conocemos.

En la década de los noventa (en plena explosión del fenómeno tecnológico llamado C D) leí en una revista, especializada en música, la excelente acogida que había tenido un C D grabado por la firma DECCA en el que el pianista rumano RADU LUPU interpretaba los impromptus OP 90 (D 899) y OP 142 (D 935) de FRANZ SCHUBERT.

Movido por mi curiosidad musical, en cuanto tuve oportunidad me hice con un ejemplar que rápidamente impactaron mis oídos y fue tan espectacular la gozada que recibí hasta el punto de convertirla en un himno al que en casa se acudía sin faltar a una cita diaria.

La admiración hacia el trabajo artístico de RADU fue creciendo y de la misma firma discográfica adquirí los cinco conciertos para piano de BEETHOVEN acompañados de la Filarmónica de Israel y con ZUBIN MEHTA en la dirección.

Para más abundancia, no dudé en aprovechar la visita de RADU a Sevilla (Teatro de la Maestranza) dentro de un ciclo de conciertos dedicado al piano y sus intérpretes. Todas las localidades se habían agotado para presenciar en directo la excelencia artística de tan insigne músico que, como no podía ser de otra forma, nos obsequió con una buena dosis de SCHUBERT. Creo no equivocarme, observando las manifestaciones del público, que esa tarde RADU consiguió muchos seguidores en toda ANADALUCÍA porque allí estábamos de todas las provincias andaluzas y que éstos le han sido fieles hasta su muerte ocurrida el 17 de abril 2022 y no precisamente por el famoso virus.

Inevitablemente, los músicos de este perfil tarde o temprano están llamados a encontrarse porque la música actúa, creo yo, como un imán; esto es lo que sucedió entre el rumano RADU y el español LUCAS y por si fuera poco, el padrino musical de este formidable encuentro artístico-humano fue CLAUDIO ABBADO con sus orquestas: FESTIVAL DE LUCERNA Y ORQUESTA MOZART.

Desde entonces ambos artistas han mantenido una estrecha amistad en lo humano y una excelente conexión en lo artístico, como prueba fehaciente se inserta esta foto que dice bastante del cariño que se profesaban estos personajes.

Verano 2022.