
En una de mis lecturas musicales recientes se decía: “que los humanos priorizamos a la hora de escuchar música a aquella muy próxima a nuestro carácter”.
La música es tan especial, tan próxima y vinculante a nosotros que perfectamente es posible que nuestra mente y cuerpo le pida a la música lo que en el fondo somos nosotros, para así conseguir un todo más homogéneo y bello.
Particularmente en mi caso, hace tiempo vengo observando que me identifico y por consiguiente disfruto más de la música cuando la tónica por excelencia de la composición es RE menor.
RE menor es una tonalidad musical que en general identificamos con las características de: pasión, solemnidad, dramatismo, reflexión y heroicismo. Seguro que, a mi carácter le va la marcha de las características citadas y eso explique el motivo de mi acercamiento aleatorio pero frecuente a este tipo de piezas.
RE menor, desde que el mundo de la música occidental (en el último cuarto del siglo XVII) decidiese unificar en tonalidades mayores y menores las composiciones musicales, reúne una serie de obras que para mí, son las grandes de la Historia de la Música.
Ejemplos claros de períodos históricos diferentes son: en el Barroco: Tocata y fuga en Re menor, Concierto para clave, ambos de Bach; Suiete para clave núm. 4 de Haendel; en el Clasicismo: de Mozart el Réquiem, concierto para piano núm. 20; de Beethoven la sinfonía núm.9 y su sonata para piano “la tempestad”; de Schubert su cuarteto para cuerdas “la muerte y la doncella”; de Brahms su concierto para piano núm.1; del Romanticismo tardío: la sinfonía 7 de Dvorak, de César Franck su sinfonía en RE.
Finalizado el Romanticismo tardío a partir de 1890, Gustav Mahler crea su maravillosa tercera sinfonía y A. Schoenberg su pieza para cuerdas “la noche transfigurada” ambas obras en RE menor.
Estas obras citadas son un ejemplo de esta tonalidad pero, en la hipotética biblioteca de la Historia de la Música existen muchas más.
Si, con un pequeño esfuerzo puedes oír alguna de las citadas que aún no conozcas, te garantizo que no te defraudará.
Personalmente te aconsejo escuches la tercera sinfonía de MAHLER, su movimiento final te transforma en otra persona. Anímate!
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