
Qué nos resta por escribir después de esto?
(Schubert, al conocer el cuarteto núm. 14 opus 131 de Beethoven)
El siglo XVIII, abundante en compositores excepcionales, daba sus últimos coletazos cuando Don Luis (Beethoven) comienza en 1796 a sentir unos extraños zumbidos en sus, hasta la fecha, extraordinarios oídos. Las molestias crecían con rapidez creándole una ansiedad y nerviosismo imposible de evitar para su profesión obligándole además a rehuir el contacto social.
Decidió contar su grave situación a su íntimo amigo Wegeler mediante una carta que recogen Jean y Brigitte Massin en su extraordinario libro sobre Beethoven y cuyo párrafo transcribo:
“Puedo decir que llevo una vida miserable. Hace casi dos años que evito toda clase de sociedad, no puedo decir a la gente: soy sordo. Si tuviera otro oficio, esto sería quizá posible, pero en el mío es una situación terrible. Y con esto mis amigos, que no son pocos, qué dirán? Para darte una idea de esta extraña sordera, te diré que en el teatro debo colocarme cerca de la orquesta para poder oír a los actores. No oigo los tonos elevados de los instrumentos y de las voces cuando me coloco un poco lejos. En las conversaciones es sorprendente que haya personas que no lo hayan notado nunca, pues cometo muchas distracciones. Cuando hablan bajo, apenas oigo; si oigo los sonidos, pero no las palabras, y, por otra parte, me resulta insoportable que griten. Lo que suceda más adelante solo el cielo lo sabe. El médico dice que seguramente irá a mejor, si no bien del todo.”

El médico, pese a su buena intención, se equivocó y la enfermedad avanzó considerablemente, hasta el punto de que en 1802 escribe el llamado Testamento de Heiligenstadt, documento en el que confiesa su desesperación ante la progresiva sordera que, en 1820 se vuelve total.
Pero, don Luis al convertirse en sordo tardío, recuerdo que comenzó su enfermedad con 26 años (1796) ya, sin percatarse, había establecido esa representación mental interna de las notas musicales que la moderna ciencia cognitiva dice que tiene lugar, máxime en aquellas personas dotadas de “oído absoluto” como tenía el.
Por ello, esa paradoja de que Beethoven compusiera sus mejores obras siendo sordo es simplemente aparente, porque a don Luis le sonaban en su interior todos los sonidos que necesitaba para componer.
Sabedores de lo resiliente que durante toda su vida fue don Luis, nada puede extrañarnos que volcará toda la pasión del mundo para sacarle a sus últimas obras la mayor excelencia y belleza de toda su carrera y así se comprende que su novena sinfonía junto a sus últimos cuartetos según su propia opinión fuesen lo mejor de toda su producción musical.
Por ello y teniendo en cuenta la frase inicial de Schubert al conocer su cuarteto 14 opus 131 te recomiendo conozcas, si aún no lo has hecho, esta obra pero, en la versión para orquesta de cuerdas que hizo Mitropoulos. En YouTube puedes encontrarla nada menos que por la Filarmónica de Viena dirigida por Leonard Bernstein, te aseguro que no te dejará indiferente.
Hay quienes dicen pero sin probarse que las últimas palabras de don Luis fueron:
“Aplaudid, amigos, la comedia ha terminado”
Personalmente nada me extrañaría dado su carácter.

