
“De mi modo de tocar emana cierta magia que no puedo describir.”
(Niccolo Paganini)
Me resultaría extraño que jamás en su vida haya oído el nombre de Paganini.
Este famosísimo violinista y compositor nacido en Génova (1782) y fallecido en Niza (1840) fue uno de los primeros exponentes de lo que hoy, hemos dado en llamar “el mundo de los fans”; revolucionó las audiencias musicales de los siglos XVIII y XIX por verle en escena con su largo arco y su violín.
Si su tipo poseía curioso atractivo para las masas de oyentes, mucho más atractivo era verle desplegar en escena su omnipotente técnica musical; se cuenta que en ocasiones salía al escenario con 3 cuerdas rotas y con 1 solamente hacía el deleite de todos los concurrentes.

En su faceta de compositor se mostraba tan celoso y precavido que, cuando en los conciertos se interpretaban obras suyas una vez terminadas el mismo acudía a todos los atriles para recoger las partituras y guardárselas, evitando así los posibles plagios que han existido y siguen existiendo en la actualidad.
Paganini siempre sintió auténtico afecto por su colega Héctor Berlioz (1803/1869) nacido en Paris y al que llegaron a llamar “el segundo Beethoven” autor de la famosa “Sinfonía Fantástica” que año tras año se sigue oyendo en todos los auditorios del mundo.
El 22 diciembre 1833 asiste Paganini en Paris a un concierto que dirigía Berlioz y al finalizar acude para presentarse a su colega. En la conversación Paganini le dijo que poseía una viola de Stradivarius y que aunque su especialidad era el violín, le gustaría me compusieras una obra en la que la viola tuviese un papel primordial como solista.
A Berlioz le encantó la idea imaginándose que su futuro intérprete sería Paganini y de inmediato prometió ponerse manos a la obra.
Pocos días después Paganini hizo entrega a Berlioz como adelanto por su trabajo la cantidad de 20.000 francos, cantidad que jamás se había pagado nunca por similar encargo musical.
Berlioz, siempre cortito de dinero, se puso a trabajar en el proyecto titulado Sinfonía de Harold en Italia, con frecuentes intervenciones de la viola solista.
Cuando finalizó el primer movimiento de la sinfonía se lo mostró a Paganini, examinado por el violinista le comentó a Berlioz que eso no era lo que él esperaba ya que había momentos en que la viola no aparecía y, cuando lo hacía le faltaba mucho virtuosismo para poder lucirse.
A finales de 1834 se estrenó la obra en Paris y fue criticada desfavorablemente por la prensa obligando al compositor a continuos retoques de mejora.
Paganini nunca la interpretó por lo que se cree que la finalidad de su encargo era fundamentalmente tener un detalle solidario con un joven Berlioz que en esos momentos lo pasaba muy mal económicamente como consecuencia de que sus obras no acaban de triunfar.
Como en la vida, en Música siempre habrá alguien que sea solidario con el compañero.
Termino con una histórica anécdota sobre Paganini:
“En 1831 un periódico musical francés decía: Paganini es el Demonio en el escenario…postrémonos ante el Demonio y adorémoslo.










