SALGAMOS MÁS FELICES QUE CUANDO ENTRAMOS

Segurísimo que la frase que abre el presente post es aplicable a muchas situaciones de nuestra vida cotidiana pero en el caso de la música debe ser siempre el fin último por excelencia.

Y, no solo para los intérpretes sino igualmente para los que acudimos como oyentes porque de cumplirse este objetivo se habrá hecho realidad la esencia fundamental de este arte.

A este respecto decía Nadia Boulanger:

“Como intérpretes tienen que tocar con honestidad, no para expresarse ustedes mismos, sino para expresar la música”

Esa honestidad de la que habla Boulanger debe suponer antes de llegar al escenario el abandono de todo tipo de problemas que puedan perturbar la entrega incondicional a la partitura que se trate e igualmente el abandono de significarse gestualmente cuando innecesario fuere.

Nosotros como oyentes, también tenemos la obligación de entregarnos en cuerpo y alma a la obra de arte que se nos ofrece. Aparquemos nuestros posibles problemas del tipo que sean, dejemos el móvil como dejamos el abrigo en el perchero; concentrémonos en lo que se nos da que no es otra cosa que tener la oportunidad de, por un momento poder ser mucho más felices que cuando traspasamos el umbral del auditorio o teatro.

Si a lo anterior añadimos un conocimiento histórico del compositor y de la obra que se pretende interpretar, cuestión hoy fácil de alcanzar gracias a internet, entonces el éxito quedará garantizado que es repito, la esencia de nuestro arte.

Otoño 2025

EL PERFECCIONISMO COMO BANDERA: MAHLER

No es ninguna novedad las ansias de perfeccionismo que siempre estaban presentes en MAHLER.

Hasta el punto en cierta ocasión de rectificar una partitura nada menos que de Beethoven.

Cuando la prensa especializada vienesa tomó conciencia del hecho, le montó una campaña que traspasó los límites de lo tolerante.

Pero ese ansia perfeccionista se lo aplicaba a su obra?

Pues si porque la mayoría de sus sinfonías eran rectificadas casi constantemente por encontrar modos de expresión mejores de cara a la mejor interpretación posible.

Hasta el punto era evidente la idea de perfección musical en esta persona que en cierta ocasión llegó a decir: “saludo al director que en el futuro modifique mis partituras de acuerdo a la acústica de la sala de concierto”

Igualmente, no le importaba que, en aras de la esencia de una interpretación se modificara el tiempo invertido en un determinado movimiento aunque se invirtiesen 4 o 5 minutos más.

Resumiendo, esto es predicar con el ejemplo, algo a mi juicio muy positivo de este Director/compositor generoso en pos de la perfección musical.

MAHLER y su certera frase.

Otoño 2025

HACE 118 AÑOS LO DIJO MAHLER

Hoy me ocuparé de un tema ya recurrente en este blog sobre directores de orquesta pero en la ocasión utilizando la principal argumentación expresada por persona más capacitada que yo, si porque es obvio que Gustav Mahler me supera infinitamente en todo lo concerniente a la Música.

Disfrutando ya de su etapa en el Met de Nueva York, MAHLER tuvo que desplazarse a Boston para dirigir: la Walkyria, Don Giovanni y Tristan. Allí fue entrevistado por el corresponsal del Boston Herald a quien dijo: «aborrezco la dirección demasiado vistosa y declaro que el director está para interpretar  al compositor y no para agitar su bandera, como un jefe de estación. Todo exceso de energía gratuita distrae al oyente.«

Si en 1907, Mahler ya observa que hay señores más preocupados por hacer gimnasia en los podium y lucir sus cuerpos en lugar de leer correctamente al compositor figurense lo que vendría después.

Y, lo que me resulta difícil entender es que, orquestas de prestigio mundial den cancha a estos personajes en sus respectivas salas, no sé qué persiguen con esto.

Pero, la aplaudida y justa victoria de la mujer al conquistar su presencia como directora de orquesta, cosa que hasta hace poco les estaba prohibido tampoco ha solucionado el problema porque veo a muchas de ellas ondear sus banderas y lucir sus cuerpos en lugar de penetrar en las entrañas de la partitura para que los profesionales y el público disfrutemos del concierto.

No creo en absoluto que sea esto lo que se enseña en las Universidades de Dirección Orquestal de todos modos los que podrían acabar con esta antiestética corriente, ya instalada en los auditorios del mundo, son los profesionales que tienen que soportar a estos “jefes de estaciones como dice Mahler que hoy andan por los escenarios”

Acabando el caluroso verano 2025.

DE JOVEN Y DE ADULTO CONSTANTES AJETREOS EMOCIONALES: MAHLER.

Lo aprecio como artista pero no menos como humano

                           (Un convencido mahleriano)

La vida de Gustav Mahler, desde su nacimiento según sus más excelsos biógrafos y su esposa Alma, siempre estuvo repleta de emociones negativas: abundancia de muertes, discriminaciones raciales por su condición de judío, maltrato de su padre, vejaciones de la crítica musical con insultos personales, etc., únicamente su madre, suponía un leve respiro en su vida.

Pero, su fuerte carácter, sus ideas muy claras en todo momento le ayudaban a soportar todos los sufrimientos, no obstante, como humano en ocasiones hacia declaraciones o enviaba cartas a sus amigos en las que ponía en evidencia su momentánea fatalidad y hoy, me hago eco de una carta que con 18 añitos escribió a uno de sus amigos y que Norman Lebrecht recoge en su entretenido libro: POR QUE MAHLER? (ALIANZA MÚSICA):

“Cuando la abominable tiranía de nuestra moderna hipocresía y falsedad me ha llevado hasta el punto de deshonrarme a mí mismo, cuando la inextricable red de condiciones en el arte y en la vida ha llenado mi corazón de asco por todo lo que me es sagrado -el arte, el amor, la religión-, qué salida hay sino la autoliquidacion?. Lucho como un salvaje para romper los lazos que me encadenan al repugnante e insípido pantano de esta vida, y con toda la fuerza de la desesperación me aferro a la tristeza, mi único consuelo. Entonces, de repente, el sol vuelve a sonreírme y desaparece el hielo que me aprisionaba el corazón; vuelvo a ver el cielo azul y las flores columpiandose al viento, y mi risa burlona se deshace en lágrimas de amor. Por eso tengo que amar este mundo con todo su engaño y frivolidad y su eterna  risa.»

Esta fue la desesperada carta que escribió a su compañero de clase Josef Steiner, y me pregunto: es normal que en el siglo XIX un chico de 18 años se exprese así al margen incluso de su escabrosa vida?. Para mí, no,lo que viene a demostrarme que Gustav no sólo fue un gran artista de los sonidos musicales lo era tambien desde pequeño de los sonidos que constantemente nos emite la vida, expresando además sus sensaciones (agradables o desagradables) con un desparpajo verbal o escrito digno de admiración y respeto.

Si elegí el presente documento para ilustrar el presente post mahleriano es porque cada día tengo más claro que su gran obra musical está profundamente impregnada de estos contrastes vitales que trasluce en su dramática carta, continuos movimientos -tristeza / alegría, odio / amor-. Así fue Mahler hasta el 18 de mayo de 1911 fecha de su fallecimiento.

Su tiempo si llegó pero 50 años después de muerto.

Agonizando ya el caluroso verano 2025.

ES POSIBLE MEJORAR LA RECEPCIÓN DE LA MÚSICA PROGRAMÁTICA?

«Cuando la palabra no es lo bastante expresiva, la Música le proporciona una fe y un impulso nuevos»

                                 (Franz Liszt)

La Música programática podría definirse como aquella con vocación de representar una idea, historia, imagen o escena extra musical (paisajes, etc) por medio de sonidos adecuadamente armonizados.

Ya en el Barroco aparece una incipiente idea de lo que posteriormente llamaríamos Música Programática; el más elocuente ejemplo nos lo regala Antonio Vivaldi con sus cuatro estaciones (un monumento musical cada día más vigente)

Pero, en el siglo XIX en pleno Romanticismo musical es cuando este género toma su auténtico cuerpo para afirmarse como tal.

Héctor Berlioz en Francia con su SINFONIA FANTÁSTICA y Franz Liszt en Hungría con Mazeppa, Tasso, Fausto, etc., inician con fuerza un camino que, para mí, sigue sin finalizar.

En el siglo XX, el alemán  Richard Strauss aporta una gran dosis de programaríamos musical con sus famosas obras: Así habló Zaratustra, Vida de héroe, Don Juan, Sinfonía Alpina, etc,.

Tengo absoluta seguridad de que este género musical, teniendo en cuenta el avance experimentado por los medios audiovisuales ganaría muchos enteros mezclando el sonido orquestal con las imágenes a tal efecto proyectadas en una pantalla.

Soy consciente de que en algunas salas así se hace con notable éxito pese a que algunos, que presumen de expertos, alegan que las imágenes pueden restar contenido en la concentración del respetable hacia la Música que se interpreta.

La polémica está servida y hasta puede, si hoy viviera Liszt, que añadiera a su frase inicial: «y… si lo combinais con imágenes mejor que mejor»

Verano 2025

LA HISTORIA TAMBIEN SE ESCRIBE CON MÚSICA

Decía el maravilloso: pianista, director, teorizador y filósofo de la Música Daniel Baremboin que dos notas juntas pueden contar una historia.

Una sinfonía entonces, por su cantidad de notas es seguro que también puede hacerlo con más precisión, detalle y ornamentación.

Dmitri Shostakovich, cuya foto aparece, así lo hizo con su sinfonía número. 11 que tituló 1905.

Este compositor, director y pianista nació el 25 de septiembre de 1906, su padre también llamado Dmitri, vivió en carne y huesos la historia lamentable ocurrida en su país en 1905 y, como se salvó se la contó a su hijo quien decidió llevarla al terreno musical.

El 22 de enero de 1905 según el calendario gregoriano que nosotros manejamos, reinando el Zar Nicolás II, una multitud pacifica formada por campesinos y obreros con sus esposas e hijos decidieron entregar, de forma pacífica, un escrito al Zar con el fin de que estudiase la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida en lo económico.

La respuesta inmediata fue la carga por soldados de infantería y tropas cosacas, matando a más de 2000 personas muchos de ellos mujeres y niños inocentes.

Shostakovich, en cuyas venas corría la justicia social, cuando fue mayor decidió componer la sinfonía que relata minuciosamente todos los hechos tan desafortunados y criminales.

Empleó para ello como motivos principales populares canciones rusas, dándoles una solemnidad y ternura que rayan lo sublime.

Ahora, que podrías estar de vacaciones merecidas, sería una excelente ocasión para conocer la versión musical de esta triste historia.

Si me permites, te recomendaría la versión en YouTube de Valery Gergiev con la Mariinsky Orchestra.

Puede que no te dejen indiferentes la historia y su música.

Agosto 2025.

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DE LOS MILAGROS DE LA MUSICA

«Mis creaciones musicales son fruto de mis conocimientos musicales y del dolor.»

              (Franz Schubert)

Decía Woody Allen: «No puedo escuchar a Wagner más que en pequeñas dosis. Si me paso, enseguida me entran ganas de conquistar Polonia.»

De forma chistosa, pone de manifiesto este célebre artista la gran capacidad de la música para explotar toda suerte de emociones y pasiones.

En mi larga carrera de seguimiento a este arte, había oído muchas veces que en ocasiones, cuando se presencian conciertos en directo, muchas personas terminan llorando o riendo en función del contenido.

Respetaba lo que me decían pero me  costaba creerlo hasta que cierto día, presenciando en directo en la suiza Lucerna la ejecución de la cuarta sinfonía de mi querido GUSTAV MAHLER me sucedió a mí, no hice nada por provocar el llanto ni por evitarlo. Desvíe la mirada hacia la persona a mi lado y se encontraba igualmente afectada.

Finalizado el concierto, ya en el vestíbulo de la gran sala, encontré a cientos de personas que, pañuelo en mano, secaban sus inevitables lágrimas.

Y, es que en este arte, hay creaciones musicales impregnadas de profunda tristeza, bien porque sus creadores en el momento de componerlas atravesaban una gran crisis sentimental o porque a conciencia hicieron su trabajo de esa forma aventurando su pronto éxito.

Pero, lo más sorprendente es que, cuando asistes a una interpretación, consciente de que vas a escuchar una música triste, llega un inesperado momento en que te provoca alegría que es como sabemos la emoción contraria. A estos efectos hay auténticos artistas en saber jugar mediante las notas musicales con las emociones.

Esta es para mi la grandeza de este arte, característica que no vislumbro en otras especialidades artísticas, haciéndola inigualable y por ello comprendo perfectamente a Woody Allen que con la Música de Wagner se creciera al punto de conquistar Polonia. La Música de este genio te puede transformar en ocasiones y en otras incluso te aburre.

Julio 2025

LA INCERTIDUMBRE EN EL COMPOSITOR DE MÚSICA

La música es el arte más sublime y directo para expresar la esencia del mundo.”

(Schopenhauer)

Absoluta certeza para mí el contenido de la frase del polémico filósofo que encabeza el presente.

Pero, los que la componen trabajan a destajo con el fenómeno llamado incertidumbre.

Como humanos que son, manejan la misma incertidumbre que sufrimos el resto, pero como profesionales del arte de los sonidos tienen con ella un plus añadido. A estos efectos decía Brahms: escribir música no es difícil, lo es el dejar caer de la mesa las notas que sobran.

Claro, porque constantemente se ven en el dilema de si la señora inspiración [cuando les llega] será bienvenida a la idea concebida a priori sobre la obra que se trabaja.

No hablemos ya de la incertidumbre que les genera la idea sobre como será acogida por el público receptor la obra consumada.

Cómo iba a imaginar Mozart que su concierto para clarinete KV 622 dedicado a su cofrade de logia Anton Stadler se convertiría en la banda sonora de la película Memorias de África que por cierto, tantos  nuevos mozartianos ha sumado a su causa?

La incertidumbre que vivió Félix MENDELSSOHN con su segunda sinfonía (hoy catalogada como quinta) que constantemente era insultada por su autor y que hoy gana aplausos en los auditorios del mundo.

La incertidumbre de Igor Stravinsky cuando en 1913, en París presenció el estreno de su Consagración de la primavera y en cuyo evento hubo grandes peleas y broncas por parte de los asistentes y hoy es una gran estrella por los auditorios donde pasa.

Así podría citar más ejemplos pero como ocurre en la vida también hay excepciones y uno de los que burló a la incertidumbre a pesar de sus muchos fracasos en vida fue: mi querido Gustav Mahler, el dejó patentada la frase: «mi tiempo llegará» y se permitió añadir a su famosa frase: algún día las salas más grandes se llenarán con miles de personas para oír mis sinfonías, reirán y lloraran con mis composiciones.

Aunque tardó 50 años después de su muerte, ocurrida en mayo 1911, sus dijéramos profecías, ajenas a la incertidumbre ,se siguen cumpliendo.

Conclusión: la incertidumbre, mal manejada puede ocasionarnos depresión, estrés y ansiedad en cambio en el mundo de la creación artística, bien utilizada puede convertirse en una fuente de riqueza con criterio y paciencia.

En plena ola de calor julio 2025.

ESPECTACULAR INICIO TEMPORADA 25/26 DE LA REAL ORQUESTA SINFÓNICA DE SEVILLA

«Quién sepa escuchar se dará cuenta que mis sinfonías son mi vida»

                         (GUSTAV MAHLER)

Los mahlerianos andaluces tenemos motivos para sentirnos orgullosos con el comienzo de temporada 25/26 de la ROSS.

Si, porque los días 11 y 12 de septiembre, en el Teatro de la Maestranza (Sevilla) se interpretará la segunda sinfonía de MAHLER titulada: Resurrección.

Una apuesta valiente (dadas las características de la obra) del nuevo Director artístico que de este modo comienza la singladura sevillana que, al menos, durará 3 temporadas.

En la foto el nuevo Director de la ROSS

En agosto 2003 y en la Suiza Lucerna, Abbado (encargado de resucitar el prestigioso  Festival de la ciudad durante años desaparecido) eligió precisamente esta sinfonía para recomenzar tan maravilloso evento musical.

En Sevilla en 2025, un alumno del maestro italiano, pretende algo parecido que esperamos obtenga excelente resultado porque SEVILLA musicalmente lo merece.

Vivir en directo la interpretación de esta sinfonía es una experiencia que marca para toda la vida con bastantes posibilidades de convertirte en un mahleriano más, gozar con 200 profesionales en escena: instrumentistas, coro y solistas de voz. Esta sinfonía de duración aproximada 90 minutos rompió moldes en el género como lo hizo Beethoven con su novena.

No comentaré nada de su trama por no cansaros, los interesados encontrarán en Internet voces que lo relaten mejor que yo; pero si os contaré una anécdota verídica en torno a su composición que pone de manifiesto la pasión que el compositor vertió en ella:

«Natalie Bauer-Lechner (intimisima del compositor) dice que mientras Mahler trabajaba en la marcha fúnebre del primer movimiento de su sinfonía, se rodeaba de coronas de flores (como si estuviera muerto) hasta que su casera retiró todas las flores de su habitación «

Si, este post ha despertado tu interés por conocer  esta sinfonía, permite que te diga que, en YouTube tienes dos magníficas versiones: más reciente la de Abbado en Lucerna  con el Orfeón  Donostierra en la parte coral y la de Bernstein con la London Symphony en 1973.

Finalizo: Si Sevilla emula en la presente ocasión a todos los lugares del mundo en los que se interpretan obras de mi querido MAHLER, no les extrañe que un mes antes del concierto se agoten las entradas, atentos pues a la taquilla si no quieren perderse la ocasión que sin duda es de excelencia.

Verano 2025

LA MÚSICA, ESE ARTE QUE NACE Y MUERE EN EL SILENCIO.

Portada de Farkas

 

 

 

“Donde quiera que estemos, lo que oímos es fundamentalmente ruido… Cuando lo ignoramos nos perturba. Cuando lo escuchamos nos resulta fascinante.”

                                                             (John Cage)

 

El término silencio, como multitud de palabras de nuestro vocabulario, proviene del latín silere que significa: callar, estar callado.

Pero… para el ser humano, ¿existe el silencio absoluto?. Al parecer no, al menos eso fue lo que le demostraron al compositor americano autor de la cita que encabeza este asunto que por cierto, estaba muy interesado en este tema. En la Universidad de Harvard tuvo lugar la demostración y para ello, lo metieron en una cámara totalmente aislada sin reverberación y que se suele usar para experimentos relacionados con la acústica. Cage observó que escuchaba en esa cámara, un pitido agudo y un zumbido grave. Le explicaron entonces que el pitido agudo era el sonido que provocaba su tensión nerviosa y el grave el de su circulación sanguínea. Llegó al convencimiento que el silencio absoluto no existe para los humanos y que éste es sinónimo de inmovilidad y de muerte.

Pero… todos sabemos que sí existen los silencios “relativos”, a partir de ahora, a ellos me referiré. Silencio y Música (sonidos) son dos conceptos de los muchos que existen en la vida que en una primera lectura parecen antagónicos pero en el fondo son complementarios como les ocurre a los de memoria y olvido entre otros. Para cualquier música, el silencio (ausencia de sonidos) es tan importante, a veces incluso más, que el sonido de las notas musicales. El silencio posee un enorme valor expresivo, tanto en la melodía como en la polifonía, en la música instrumental como en la vocal; esa pausa sonora (que llaman los alemanes) nos atrae, nos llama la atención, nos inquieta y nos aproxima más al discurso sonoro.

¡Qué gran paradoja musical!, el sonido y su inevitabilidad, no podemos dejar de oír, y sin embargo uno de los más importantes elementos de los que dan significado al uso de los sonidos es su ausencia (el silencio).

La Música, necesita del silencio por partida doble, me explico: por una parte lo necesita como materia prima tan importante como los sonidos y precisamente por esto, llegó el momento que el silencio adquirió el mismo protagonismo que las figuras musicales que dan nombre a la duración de los sonidos y de este modo, tenemos: silencio de cuadrada, redonda, blanca, negra, corchea, semicorchea, fusa y semifusa. Pero la Música también lo necesita desde el punto de vista del marco de su expresión como Arte que es y en este sentido lo requiere: Antes, Durante y Después de la interpretación musical lo mismo que una escultura necesita de un espacio por citar otro ejemplo obvio.

Es esencial por tanto el uso del silencio en la música; un descanso en una sucesión de sonidos es agradable y un momento de silencio tras un acorde musical de tensión, es increíblemente bello. Esto que afirmo, lo sabía a la perfección el genio Beethoven y lo manejó con un arte asombroso a lo largo de su extraordinaria carrera como compositor. Un ejemplo lo encontraremos en su famosa Novena Sinfonía, en la archiconocida parte coral del último movimiento, la sucesión de melodías así como el camino que sigue el maravilloso poema de Schiller, nos lleva a un momento culminante: se trata de un acorde monumental en el que la orquesta y el coro al unísono, emiten la palabra “Gott” (Dios). Pero, no es el acorde lo que nos produce la increíble sensación de arrobamiento estético así como de poder que nos transmite Beethoven. Probablemente, ese acorde no sería nada si al momento, se produjera una resolución del mismo o sea, una relajación tras la tensión.

Beethoven, gran conocedor de la psicología humana, sabía perfectamente que lo que más podía “tocar” el corazón de los hombres era precisamente el silencio y ese gran silencio después del gran acorde hacen que la tensión resuene en nuestras cabezas y corazones sin hueco para el olvido y por supuesto, logró lo que pretendía que posteriormente la musicología ha estimado llamar Silencio Trascendente.

 

Parecida técnica de composición, aplicada a circunstancias diferentes a tenor del momento y de la arquitectura musical de la pieza en cuestión, darán lugar a denominaciones de silencios: de presentación, de tensión, de preparación, de expectación, de lamento y de continuación.

Hasta aquí, he tratado brevemente del uso que la Música hace del Silencio para, junto con los sonidos afirmar su vocación de arte sonoro; pero en el espectro de esos silencios “relativos” que mencionaba al principio, son una parte importante los que implican a los oyentes o público receptor de cualquier música y precisamente en eso me quiero detener ahora.

Decía Antonio Muñoz Molina en su artículo de opinión recogido en la revista musical Scherzo (abril 2013) lo siguiente: “A uno le gustaría a veces que quienes aprecian tanto la Música apreciaran un poco más el silencio. El silencio alrededor de la Música (antes, durante y después) importa tanto como el espacio tipográfico en blanco alrededor de un poema”.

 

Los gestos previos o forma de mirar de un director musical o intérprete, nada más aparecer en escenario, nos invitan a los oyentes a observar ese clima de ausencia sonora necesario para advertir el comienzo de la Música, ese arranque de algo donde no había nada, la primera nota del primer compás diríamos que aún fronterizo. Igualmente, hace falta silencio para captar con toda plenitud las respiraciones y pequeñas pausas instrumentales y por supuesto para diferenciar los diferentes movimientos o partes de una compleja composición musical. Y… más silencio aún para cobrar la auténtica conciencia del final de una obra, para permitir que la resonancia se vaya apagando lentamente en nuestras conciencias y nos permita distinguir claramente el antes y el después, la diferencia entre el refugio interior de la Música (siempre íntimo) y lo cotidiano del mundo exterior.

En este último aspecto, sobre la observancia del silencio trascendente (el del final de una obra musical), hay verdaderos profesionales de la Música que actúan con una fuerte vocación pedagógica; uno de los que más llama mi atención como seguidor de este arte es Claudio Abbado. Casi todas sus interpretaciones, cuando llegan a ese punto, van acompañadas de una gesticulación siempre sobria y anticipadora del recogimiento y quietud necesarios para permitir: al público, a sus compañeros de interpretación e incluso a él mismo que la obra consumada repose conforme a las leyes de la naturaleza y por esta razón, aunque algunos no lo entiendan e incluso lo tachen de “divo”, se niega a girarse de inmediato al público para recibir su veredicto hasta transcurridos uno o varios minutos cuando las vibraciones finales se han disuelto por completo y la reverberación sonora ha finalizado su cometido acústico en la sala en cuestión.

Coincidirán conmigo en que escasas veces (tratándose de conciertos en directo y del estilo que sea) podemos disfrutar con plenitud de este bello y necesario momento al que me estoy refiriendo; lamentablemente, lo normal, es que comencemos a manifestar nuestro acuerdo o desacuerdo con lo que acabamos de oír sin haber concluido ese espacio de tiempo que ocupa el llamado silencio trascendente; bien con palmas, toses, bravos, etc., algunos, producto de las prisas de esta sociedad a la que nos debemos, cuando llega ese momento, se encuentran ya en la calle habiéndose privado y contribuido a que nos privemos otros, de una de las partes más importantes de la obra musical por excelencia.

Puesto que estamos rodeados de una sobreabundancia de aturdimientos sonoros ¿no deberíamos esforzarnos en aprender a disfrutar del temperamento de los silencios?.

El silencio lo contiene todo: pasión, expresividad, calma, indiferencia, tensión, relajación, sorpresa, vacío, plenitud y previsión.

Recapacitemos sobre cuánto podemos enseñar y aprender fomentando el silencio y facilitemos esta bella y noble tarea, seguro que mejoraremos como seres humanos y de paso seremos mucho más felices en nuestras vidas.

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En la foto Abbado un gran pedagogo del silencio en la música.

Primavera pandémica de 2021.