INSÓLITO DESTINO DE ARNOLD SCHÖNBERG.

Portada de Farkas

 

Me ocurre con Schönberg lo mismo que le ha ocurrido a miles de aficionados a la música e incluso yendo más lejos a profesionales de la misma: siempre posponemos para mejor ocasión un acercamiento que nos proporcione un correcto conocimiento de su obra para disfrutarla o rechazarla con personal propiedad y casi nunca lo realizamos.

 

Pero, ahora, he decidido embarcarme en este proyecto y siguiendo instrucciones de respetables profesionales de la música que tan buen rendimiento me dieron en otros casos, simultáneo las escuchas con el mejor conocimiento posible de su biografía dado que la vida de todo artista inexorablemente tiene repercusiones en sus obras.

 

Y, de esta manera me entero que nuestro personaje de hoy Arnold Schönberg (Viena 13 septiembre 1874- Los Angeles 13 julio 1951) padeció en vida una exagerada fobia al num. 13. Estaba totalmente convencido de que el susodicho numerito (13) se lo llevaría al otro mundo.

 

Desde bien temprano cultivó una desmesurada obsesión por las relaciones numéricas en la música poniendo especial énfasis cuando se trataba del num. 13.

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(foto de Arnold Schönberg)

Al cumplir 76 años (no olvidemos 7 más 6 = 13), comenzó a sentir auténtico pánico a la fecha del 13 de julio. Cuando llegó la citada fecha, pasó casi todo el día en la cama, tratando de escamotear lo que sería ineludible. Pero se despertó a las 11.45 de la noche y preguntó la hora. Murió cuando faltaban 13 minutos para la media noche: 11.47 = 1+1+4+7= 13.

Su fobia-obsesión se cumplió pero perdió la vida por ello me pareció bien calificar de insólito su destino porque aunque el mundo es grande y somos muchos, no creo que abunden casos similares a este.

Si este post te incitara a conocer la música de este genio, ten en cuenta tu predisposición para arriesgar, sus primeros trabajos se pueden considerar postrománticos, regidos por la tonalidad (agradables a los oídos); a partir de 1908 Schönberg dice adiós a la tonalidad para mostrarnos su dodecafonismo y ahí, al menos yo, necesito paciencia y perseverancia, atributos que no se si tendré. Puede que otro día os lo cuente.

José Manuel Macias Romero

Invierno 2017.

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