LA MÚSICA, FUENTE INAGOTABLE DE GRATAS SORPRESAS.

Portada de Farkas

“La música es la mejor escuela de la vida.”   (D. Barenboim)

En mi último concierto en directo, formando parte del público que atiborraba la sala, me percaté de cómo la gran mayoría de los músicos y de forma especial los solistas de las diferentes secciones instrumentales y en especial el concertino de la formación musical, disfrutaban apasionadamente del trabajo artístico que estaban realizando y en ese tono de jovialidad y entrega concluyeron su concierto.

La música, una vez más, me concedió la grata sorpresa de que aquella noche, en el restaurante que elegí para cenar, lo hacía también el concertino al que tanto tiempo me llevé observando minutos antes de entrar en el restaurante. Le felicité por su extraordinario trabajo y como agradecimiento me propuso compartir mesa con él.  No lo dudé porque se me ofrecía la oportunidad para clarificar con el profesional una cuestión que últimamente ocupaba mi actividad neuronal musical y ansiaba contrastar con un profesional de forma directa; la cuestión es la siguiente: cómo es posible que, ante la misma obra a interpretar la respuesta de los profesionales de la música varíe tan ostensiblemente al punto de que los aficionados (público) seamos consciente de ello ?.

Mi anfitrión, con todo tipo de detalles, me explica que todo se debe a las motivaciones que reciben del Director que interpreta la obra y me explica textualmente:

“cuando nosotros trabajamos con una persona que conoce a la perfección todos o casi todos los secretos que guarda una partitura musical, cuando además esa persona domina de forma brillante los aspectos técnicos de la profesión porque ha invertido mucho tiempo en su estudio y cuando como ha sido el caso de esta tarde, ese Director ha sido durante muchos años uno más de nosotros, ejerciendo como solista en las mejores orquestas e influenciado por las más excelsas batutas del panorama musical mundial, está todo dispuesto para que el trabajo sea exitoso; este tipo de profesional que describo, rehusa tener la partitura delante en el directo para entregarse enteramente a nuestro servicio, mirarnos a los ojos a cada uno de nosotros, indicarnos cuando las secciones pueden respirar, atacar, controlar la duración de las pequeñas pausas, en definitiva culminar un trabajo bien hecho que el resto de compañeros sólo tenemos que seguir. Este es el secreto de por qué, cuando Ud., asiste a la interpretación de una sinfonía de Mahler, al final puede observar: que los músicos están ansiosos por llegar a casa o que los músicos después de los aplausos del público se abrazan entre ellos y en el mismo escenario; toda esa magia o no, es producto del Director y mis largos años de experiencia profesional me dicen que pocas veces ocurre el fenómeno que describo y que por fortuna Ud., ha presenciado esta noche.”

Omito dar nombres: concertino y director porque no les pedí autorización para hacer esto que hoy hago, no quiero perder la amistad que me concedió tan excelente persona y profesional. Y me identifico con Barenboim: La música es la mejor escuela de la vida.

José Manuel Macias Romero

Primavera 2018.

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