
“Toda enfermedad es un problema musical; toda cura es una solución musical”
(Novalis)
Imposible en este momento ubicar el texto en el que encontré este aforismo de Novalis que llamó poderosamente mi atención como para pasarlo hace tiempo a mis apuntes.
Hace unos días, releyendo el extraordinario libro de David Villar (músico e investigador del sonido) titulado: “Medicina del sonido” recuperé la frase de Novalis para afrontar el presente post, en la creencia de que, lo que se dice en los capítulos del citado libro concuerda bastante con el aforismo ya citado.
La para mí estrecha relación entre enfermedad y música es tan vieja como la humanidad, creo como el naturalista británico Darwin que el ser humano inventó el lenguaje musical como instinto sexual y de paso para remediar nuestros males: cansancio, hastío, enfermedad, muerte, etc.
No podemos olvidar que la música es sonido y que la esencia del sonido es la vibración. Sabemos que al principio el sonido era muy simple y primario (choques de troncos de maderas o piedras, golpes sobre pieles de animales simulando tambores, ahuecamiento de huesos de animales simulando flautas, etc) pero poco a poco los sonidos se fueron armonizando y acoplando a otros enseres usados como instrumentos, evolucionando a lo largo de los siglos hasta llegar a la compleja música que disfrutamos en la actualidad.
Dice la ciencia que un 70 por ciento del cuerpo humano es líquido y esa misma ciencia nos dice igualmente que las vibraciones se transmiten a mayor velocidad en los líquidos, resultando entonces el cuerpo humano muy asequible a las vibraciones; no solo las recibimos por los oídos, también por la piel, los huesos, etc. cuando las ondas sonoras que nos invaden son de entre 20 y 16000 hercios de frecuencia el cuerpo humano las acepta de buen agrado y todas las células de nuestro organismo responden con absoluta normalidad sin causar ninguna disfunción; cuando el número de hercios de las vibraciones supera el límite anterior, nuestras células entran en conflicto, pudiendo, de persistir esa situación en el tiempo acabar en una enfermedad o, como dicen algunos investigadores, convirtiéndonos en seres “desafinados” y, por ello, la aplicación de vibraciones correctas nos ayudan a recuperar nuestra afinación interior retomando nuestro equilibrio físico o psíquico.
De esta forma hace ya muchos años nació una nueva especialidad encargada de curar nuestros males que hoy llamamos sonoterapia que cada día gana más adeptos y lo más importante: sin efectos secundarios para los humanos.
Personalmente puedo contar que, en cierta etapa de mi vida padecí un síndrome ciático, algo frecuente en la vida de casi todas las personas; pues durante esos meses de sufrimiento (casi 6), me ayudó mucho más la música que la medicación, claro que era una música diría que diseñada para ese tipo de trastorno físico.
Por ello, no estará muy lejano el día en que las recetas médicas ordenen sesiones de equis escuchas musicales al día y menos pastillas, cuestión que llevará fatal la industria farmacéutica tan ansiosa por dinero.
Si como dice el músico/terapeuta David Villar en su ya citado libro: “el sonido puede romper el hormigón, qué efectos puede tener este sobre los tejidos y órganos del cuerpo humano?”
Empleado, claro está, con el fin de reorganizar la salud del cuerpo para recuperar nuestra afinación y felicidad.
Y acabo con otra excelente idea que en su momento expresó Marcel Proust:
“Me preguntaba si no sería la música el ejemplo único de lo que habría podido ser la comunicación de las almas de no haberse inventado el lenguaje, la formación de las palabras, el análisis de las ideas.”
Estimado Proust, pues hoy muchos estudiosos coinciden en que esa comunicación que cita de las almas hace muchos miles de años se hacía con música, argumentando que fue la música la que hizo nacer el lenguaje.
Verano 2026
