CUANDO HERMANN SCHERCHEN ME PRESTÓ LAS PALABRAS.

 

Portada de Farkas

Puede ser que a algunos de vosotros y en ciertas ocasiones, les haya ocurrido lo que me sucedió el pasado 16 de agosto 2013 después de visionar y escuchar el concierto de apertura del Festival de Lucerna.

El Festival de Lucerna, que acertadamente cada año se presenta bajo un título monográfico que viene a sintetizar el contenido de su programación general, lo hacía este año bajo el lema: ¡ VIVA LA REVOLUCIÓN !.  Para colmo, este año cumplía su 75 aniversario ya que el 25 de agosto de 1938 Arturo Toscanini con la bella partitura de Richard Wagner: El idilio de Sigfrido, daba la salida a esta extraordinaria iniciativa cultural- musical que se ha venido desarrollando en las orillas del lago de los Cuatro Cantones en la preciosa ciudad de Lucerna (Suiza).

También, es necesario decirlo, se cumplían 10 años desde que en 2003 Claudio Abbado tomara las riendas de la dirección musical del festival y de su nueva orquesta ¨Festival de Lucerna¨ (esa, considerada por muchos, la orquesta de las orquestas por la magnífica excelencia individual de sus componentes).

Visitar Lucerna durante el transcurso de su festival, resulta una de las tareas más gratificantes que podamos conceder al mundo de los sentidos. Incluso para los no cercanos a la música, será una experiencia digna de vivirse al menos una vez en la vida. La belleza natural que ofrece la ciudad, la bondad de su clima en verano, su rica y variada gastronomía y el excelente trato que muestran los lugareños al turista, garantizan, eso sí, a los que puedan disponer de recursos económicos suficientes, una estancia maravillosa que perdurará en el recuerdo de manera incontestable para toda la vida.

Como la economía no me permitía este año estar presente en el festival, salvé la situación gracias a la excelente labor que en pro de la cultura lleva a cabo la cadena ARTE que en su web ARTE LIVE, retransmitían en directo y en tiempo real el concierto inaugural. Como viene siendo habitual desde 2003, Abbado y su orquesta abrían 31 días de música para la ciudad y para todo el planeta por medio de la citada web.

 

Brahms, Schoenberg y Beethoven aportaban las primeras partituras de esta 75 edición.  Quedé tan felizmente sorprendido del trabajo que Abbado y sus  ¨amigos¨ hicieron con la popular tercera de Beethoven “EROICA¨ que cuando sonó su último acorde, me resultaba imposible describir lo que mis ojos y oídos acababan de contemplar. Me viene a la memoria haber padecido similar síndrome, el día que en la toscana Florencia me encontré delante del David de Miguel Angel.

Mi insolente deseo de encontrar palabras adecuadas y justas para describir lo que acababa de presenciar, se vio saciado a los pocos días y de forma fortuita . Repasaba, a finales ya de agosto, un viejo libro que conservo como un tesoro: El arte de dirigir la orquesta, de Hermann Scherchen (estudioso musical y famoso director de orquesta) y en él y en sus primeras páginas, tenía subrayado el siguiente texto:

¨Una ejecución en la que la obra parezca brotar de sus propias energías, en la que no haya ni un solo crescendo impuesto por arbitrario designio, ni un solo ritardando, ni un solo rubato obtenidos a la fuerza, y en la que el curso del desenvolvimiento tenga la misma naturalidad que el ritmo de la respiración. Las condiciones necesarias para esta realización son un grado supremo de intensidad  en la representación mental de la obra, y una materialización sonora de una corrección técnica absoluta¨

Estas son las palabras, las frases, en definitiva el texto que yo urgía para romper mi bloqueo emocional que explicara además con palabras la belleza sonora que recibí la mencionada tarde agosteña. Nada me extrañaría que para Abbado haya sido su mejor trabajo artístico con la tercera beethoveniana a pesar de sus conocidas intervenciones de esta misma obra con los filarmónicos de Viena y Berlín. Pero esta vez, en Lucerna, siempre bajo mi personal punto de vista, había dos factores que ejercían su implacable influencia para que así sucediera:  el primero su edad, 80 años, y por tanto su carga de experiencia profesional y el segundo, ser plenamente consciente de que ante sí, detrás de los atriles, tenía una plantilla de profesionales (elegidos personalmente por él) a los que podía exigir, hasta extremos inverosímiles, todos los recursos que posee este arte para conmover a las personas y en definitiva hacer que la música toque el corazón.

Y se palpaba esta conmoción en la pantalla de mi ordenador tanto cuando las cámaras enfocaban al público presente en la sala como a los titulares de los atriles, que me consta, fueron gratamente impresionados por su propio trabajo así como el del director que tenían ante sí.

Una página más de la serie ¨especial ¨ que últimamente viene escribiendo este insigne milanés que por cierto, acaba de ser nombrado honoríficamente como senador vitalicio de la República italiana; un título más para su merecida colección de reconocimientos y menciones.

Os puedo garantizar que cuando salga a la venta el DVD que contendrá esta tercera de Abbado en Lucerna y la disfrutéis, llegaréis a la conclusión de que habrá merecido la pena invertir en esta obra de arte que a mí, y a muchos, nos dejó conmocionados la calurosa tarde el 16 de agosto 2013.

Finalizo con una última reflexión:  Prestar palabras en ciertas ocasiones, puede proporcionar mucha felicidad al destinatario de la prestación, una felicidad que no puede ser comparable con las prestaciones materiales de cualquier tipo que sean.

sello

Este texto fue publicado en su día pero estimo sigue vigente cuando vuelvo a ver en la web de ARTE TV el citado evento. Más aún siendo este año el 250 aniversario del nacimiento del Genio.

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