Ferdinand Ries habla de su profesor BEETHOVEN

«Rara vez decía algo cuando me equivocaba en algún pasaje rápido o fallaba notas y saltos que el a menudo quería que destacase; solo cuando algo no iba bien en la expresión, en crescendos, etc, o en el carácter de la pieza se ponía furioso porque, como él decía, lo primero era casualidad, lo otro falta de conocimiento, de sensibilidad o de atención.

Lo primero también le sucedía a él con frecuencia, incluso cuando tocaba en público.»
Se demuestra que Beethoven lo tenía bastante claro en lo que debe ser una interpretación musical, algún que otro fallo técnico si pero no fallos expresivos o de carácter. 

En la foto Ferdinad Ries, alumno de Beethoven.

EL HOMBRE QUE SE INTERPRETÓ SU MARCHA FÚNEBRE.

EL HOMBRE QUE SE INTERPRETÓ SU MARCHA FÚNEBRE 

 

 

 

“El viaje más largo comienza cuando das el primer paso”.

​​​​​​​​(Lao Tzu)

 

 

Nunca pensé que las nuevas tecnologías (esta vez internet), me permitirían asistir en directo a un evento tan inesperado como singular a la misma vez visto con la perspectiva del tiempo.

 

El 16 agosto 2013, la cadena ARTE, retransmitía en directo el concierto de apertura del Festival de Lucerna que en la fecha, cumplía la friolera de 75 años y que se presentó bajo el slogan: “Viva la revolución”

 

Cerraba el programa del día la “EROICA” de Beethoven y como siempre, desde 2003, dirigía Claudio Abbado a la Orquesta del Festival.

 

Cuando mi amigo, tengo sobrada constancia de que así nos considerábamos, tenía 8 añitos de edad escribió en su diario: “algún día seré director de orquesta”, estaba dando ese primer paso al que Lao Tzu hace referencia en la cita inicial; cita que no albergo duda suscribiría gustoso si hoy estuviera entre nosotros porque a él, ¡ hombre de pocas palabras ! le gustaban las frases sencillas pero con enjundia filosófica.

 

A Claudio, así le gustaba que le llamaran, le duró 72 años la firme idea de ser Director de Orquesta (su viaje más largo) y, me consta porque algunas veces lo hablamos, que de toda esa gran carrera llena de éxitos , reconocimientos y de muchos sacrificios personales, los diez últimos años fueron los más felices de su artística profesión porque durante ese tiempo se liberó de la pesadumbre que supone estar ligado y comprometido con una institución musical (orquestas) con toda la carga protocolaria que ello supone. Estos años le dieron la oportunidad de reencontrarse como músico para afrontar los proyectos musicales que más ansiaba y lo que es más importante: rodeado por los muchos profesionales (élite musical mundial) con los que compartía la forma tan especial de hacer música y de entenderla.

 

Nunca, ni en este último período, abandonó una idea que siempre mantuvo en aras del futuro de la música: el pertinaz fomento del encuentro con la juventud para potenciar sus valores artísticos musicales. De ello, su último ejemplo en 2004 con jóvenes europeos fue la creación de la Orquesta Mozart de Bolonia de cuyos quehaceres ha dejado constancia en forma de grabaciones que han sido muy 

 

reconocidas y premiadas, que pasarán a la historia de los CDS como el de la portada que recoge la imagen, premio ICMA 2015.

Por si este hombre, repito “hombre” porque me consta que esta palabra le encantaba, no hubiese tenido bastante con el “largo viaje de ser director de orquesta”, tuvo, como muchos humanos, que enfrentarse a la dolorosa experiencia del cáncer, al ser diagnosticado en el año 2000 de serios daños en su aparato digestivo lo que le obligó a su extirpación parcial. En 2003 y a este respecto, diría al diario francés Le Fígaro: “solo la música puede salvarme. El gozo de hacer música con mis amigos lo supera todo”.

 

Y, dando credibilidad a sus sinceras palabras, se puso manos a la obra y usando de su amistad con los mejores solistas del mundo (gentes con las que había trabajado en su dilatada trayectoria) conformó la plantilla de la Orquesta del Festival de Lucerna que estrenó en 2003 y de forma muy significativa con la sinfonía num. 2 de Mahler “Resurrección”.

 

Y, con esta, su orquesta y la de sus amigos (para gran parte de la crítica la mejor del mundo), consciente de que su plazo vital irremediablemente agotaba sus últimos días, decide programar para el verano 2013 la “Eroica” de Beethoven y darse, de forma tan solemne, la oportunidad de interpretarse su marcha fúnebre en colaboración con sus queridos amigos que, sabedores de su especial momento, así lo entendieron como se desprende del vídeo que de manera sobrecogedora asistió al momento y que ha quedado para la historia. Tu auto homenaje musical y a la misma vez despedida, te coloca en la misma postura filosófica que tu admirado Beethoven para quien, algo tan trágico como la muerte, suponía un hecho transitorio y no un final; prueba de ello que la marcha fúnebre que escribió para esta tercera, no la colocó al final sino en segundo lugar.

 

Estoy seguro, estimado amigo, que ésta tu última interpretación de la “Eroica” habrá sido la mejor de todo tu trabajo con el genio Beethoven porque en ella identifico la síntesis que cierto día expresara Hermann Scherchen sobre lo que debe ser una auténtica obra de arte musical.

 

Gracias Claudio por haber reforzado en mi persona dos conceptos que muy a menudo manejabas: “sempre se impara” (siempre se aprende) y “e importante ascoltare gli altri” (es importante escuchar a los demás). Lamento que nuestra amistad surgiera tan tarde pero me siento dichoso por la forma en que surgió, otros, reconozco, no han sido tan afortunados y sin embargo te han apreciado igual o incluso más que lo hago yo.

 

A Claudio Abbado, como agradecimiento por la música y la amistad que me dispensó en los últimos años de su vida.
 

(Claudio Abbado falleció el 20 enero de 2014 en Bolonia (Italia)

 

 

​​​​​José Manuel Macias Romero

​​​​​Otoño 2015

¡CUIDADO, SOY LA CONCERTGEBOUW!

¡CUIDADO, SOY LA CONCERTGEBOUW!

 

Portada de Farkas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A algunos, por su afán de tenerme presente a cada instante en los círculos musicales de todo el mundo, o bien por darme a conocer, con buenas intenciones, ante las diferentes gamas de adictos a las muchas músicas que este mundo nos ofrece, se les olvidan que yo, no soy una cualquiera y por eso hoy, más que nunca, me reivindico en que soy la CONCERTGEBOUW.

 

Vi luz por primera vez el 11 de abril de 1888 y me instalé en el entonces extrarradio de mi querida Amsterdam coronando lo que posteriormente y con acierto se dio en llamar la Museumplein (junto a los más importantes museos de la ciudad). Mis excelentes dotes acústicas que nadie sabe precisar a qué se deben, me convirtieron en una de las tres salas más importantes del mundo: Musikverein de Viena, Simphony Hall de Boston y yo.

 

Le debo mi larga y exitosa vida al acuerdo de seis buenos ciudadanos que amaban con enorme pasión la música sinfónica y que supieron enfrentarse y salir exitosos ante todo tipo de negativas por parte de las autoridades políticas de la época.

 

Me construyeron sobre un subsuelo pantanoso, propio de mi tierra, que supuso un gran reto para arquitectos y demás técnicos, muchos o mejor muchísimos arboles perdieron su vida para convertirse en mis cimientos.

En 1988, me hicieron un gran trabajo consistente en la renovación de mis cimientos ya que a consecuencia del subsuelo mis raíces se estaban hundiendo, las fuerzas políticas del momento, querían hundirme totalmente y sustituirme por una sala convencional y moderna; una vez más fue la ciudadanía la que pudo más que la ignorancia habitual de la clase política y que con miles de firmas me salvó de la muerte. Me dotaron de un estilo arquitectónico, tanto en mi interior como en el exterior que en la época se llamaba “clasicismo vienés” y es el que sigo conservando a pesar de mis 129 añitos.

 

Desde siempre, di cobijo a mi hija: Royal Concertgebouw Orchestra que siempre mostró buenas maneras pero hace poco, se convirtió en la mejor junto a la de Berlín y Viena por acuerdo en Londres de los que se dicen entendidos en esta materia y aunque resulte paradójico en ocasiones no entienden nada.

 

 

 

 

200px-Concertgebouw

(fachada principal que preside la Museumplein)

 

He conocido a grandes personalidades históricas de la música y en este orden me apetece citar a Gustav Mahler quien venía con frecuencia a mis instalaciones porque decía que mi hija: La Royal Concertgebouw, era la que mejor interpretaba sus obras; como agradecimiento, llevo escrito su nombre en un lugar privilegiado de la gran sala.

 

Por mi escenario han pasado las mejores batutas del mundo, los mejores solistas, las mejores voces y coros.

 

Soy capaz de albergar cómodamente a dos mil personas, pero eso sí, no cometo excepciones con nadie, ejemplo: nuestra reina tiene el mismo asiento que cualquier otro melómano y no hay para ella ningún signo de ostentación como debe ser en una democracia.

 

Hace poquito, el 25 de mayo 2017, sufrí un gran susto, que puso en peligro mi integridad. Mi portavoz Reinoud van Houten, autorizó previo acuerdo de mi junta de gobierno, una celebración en la mayor de mis salas de un concierto de música techno de muchas horas de duración y con gran arsenal de grandes altavoces emitiendo decibelios que me acabaron rompiendo estucos de una de las molduras de mi techo a consecuencia de las para mí, exageradas vibraciones que tuve que soportar y para las que no me encuentro preparada.

 

 

Concertgebouw,_Ámsterdam,_Países_Bajos,_2016-05-30,_DD_22-24_HDR

 

 

 

(fachada principal, esta vez en foto nocturna)

 

 

Ahora, mis cuidadores, están entretenidos en hacerme un profundo chequeo por si la invasión techno que sufrí ha ido más allá de mis sensibles pero elegantes molduras. Espero que no!, porque de otro modo, dado mi rancio prestigio, esto podría tener consecuencias de alta política y sabe Dios lo que pudiera pasar.

 

Finalizo este un tanto prosopopéyico post, expresando mi cariño a esta admirable sala de conciertos que tiempos lejanos fue mi gran sueño el conocerla y que he terminado husmeando en todos sus rincones y disfrutando de lo lindo en ella con los sonidos de su excelente hija, LA ROYAL CONCEERTGEBOUW ORCHESTRA.

interior sala Concertgebouw

Aquí doy techo a mi querida orquesta y a los millones de visitantes que disfrutan con verme.

 

 

​​​​​José Manuel Macías Romero

​​​​​Primavera de 2017.

P.D. este fue mi primer trabajo en este blog, cumplidos dos años del mismo y dada su alta vigencia me apetecía volver a publicarlo. GRACIAS!