INSÓLITO DESTINO DE ARNOLD SCHÖNBERG.

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Me ocurre con Schönberg lo mismo que le ha ocurrido a miles de aficionados a la música e incluso yendo más lejos a profesionales de la misma: siempre posponemos para mejor ocasión un acercamiento que nos proporcione un correcto conocimiento de su obra para disfrutarla o rechazarla con personal propiedad y casi nunca lo realizamos.

 

Pero, ahora, he decidido embarcarme en este proyecto y siguiendo instrucciones de respetables profesionales de la música que tan buen rendimiento me dieron en otros casos, simultáneo las escuchas con el mejor conocimiento posible de su biografía dado que la vida de todo artista inexorablemente tiene repercusiones en sus obras.

 

Y, de esta manera me entero que nuestro personaje de hoy Arnold Schönberg (Viena 13 septiembre 1874- Los Angeles 13 julio 1951) padeció en vida una exagerada fobia al num. 13. Estaba totalmente convencido de que el susodicho numerito (13) se lo llevaría al otro mundo.

 

Desde bien temprano cultivó una desmesurada obsesión por las relaciones numéricas en la música poniendo especial énfasis cuando se trataba del num. 13.

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(foto de Arnold Schönberg)

Al cumplir 76 años (no olvidemos 7 más 6 = 13), comenzó a sentir auténtico pánico a la fecha del 13 de julio. Cuando llegó la citada fecha, pasó casi todo el día en la cama, tratando de escamotear lo que sería ineludible. Pero se despertó a las 11.45 de la noche y preguntó la hora. Murió cuando faltaban 13 minutos para la media noche: 11.47 = 1+1+4+7= 13.

Su fobia-obsesión se cumplió pero perdió la vida por ello me pareció bien calificar de insólito su destino porque aunque el mundo es grande y somos muchos, no creo que abunden casos similares a este.

Si este post te incitara a conocer la música de este genio, ten en cuenta tu predisposición para arriesgar, sus primeros trabajos se pueden considerar postrománticos, regidos por la tonalidad (agradables a los oídos); a partir de 1908 Schönberg dice adiós a la tonalidad para mostrarnos su dodecafonismo y ahí, al menos yo, necesito paciencia y perseverancia, atributos que no se si tendré. Puede que otro día os lo cuente.

José Manuel Macias Romero

Invierno 2017.

GRAN PROYECTO NACIDO DE PEQUEÑA OCURRENCIA.

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Junio/julio de 1892, Gustav Mahler interpreta en el Covent Garden de Londres el Anillo del Nibelungo. Henry Wood, director de orquesta inglés (3.3.1869- 19.08.1944), salió tan impresionado de la representación que acabó de hacer Mahler que necesitó pasear horas por las calles de Londres para tranquilizar su alma.

Este episodio, le sirvió como idea para crear una serie de conciertos en los que el público pudiera pasear mientras escuchaba la música.

De este pequeño suceso, nacieron los English Promenade Concerts, los celebérrimos PROMS.

Mahler, por lo que cuenta Wood, le sacudió en 1892. Hoy, 125 años después Mahler sigue haciendo lo mismo con muchas personas pero ahora con sus sinfonías y no dirigiendo a Wagner.

Los PROMS se inauguraron el 10 de agosto de 1895, Wood dirigió durante 45 años; todos los veranos miles de personas aguardan su momento en el Royal Albert Hall que se ha convertido en un lugar de turismo musical por excelencia.

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En las fotos: Royal Albert Hall, Henry Wood y Gustav Mahler.

José Manuel Macias Romero

Primavera 2018

LA OJA Y SU 25 ANIVERSARIO

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Dice la letra del tango: «veinte años no es nada» y 25 ¿son algo, o puede que mucho?. Depende de nuestras expectativas, sería la respuesta más coherente; no obstante veamos:

Comenzaba 1990, las autoridades políticas andaluzas Junta de Andalucía y Corporaciones Locales de Sevilla, Málaga, Granada y Córdoba creyeron oportuno incorporar a la vida cultural de estas ciudades la música sinfónica. Era necesario pues crear las correspondientes orquestas como responsables de la tarea.

Se anunciaron las pruebas de admisión a los profesionales de forma abierta, como era preceptivo a ciudadanos de la Comunidad Europea. Estas pruebas, en algunas estuve, pese a las protestas de los sindicatos españoles, pusieron de manifiesto el bajo nivel de los españoles en la materia y de forma más alarmante en las diferentes  familias de cuerdas; casi el 90% de plazas eran cubiertas por profesionales de Europa del Este.

Con estos antecedentes y para corregir deficiencias, en 1994 la Junta de Andalucía ( que participaba al 50% en el sustento económico de estas orquestas andaluzas ) decide crear un Programa Andaluz de Jóvenes Instrumentistas (16 a 25 años) llamado ORQUESTA JOVEN DE ANDALUCÍA (OJA) encargada de fomentar una auténtica cantera andaluza de instrumentistas de todas las especialidades y cuya formación recaería entre los mejores solistas de las orquestas profesionales ya en funcionamiento en nuestra tierra.

En el caluroso verano de 1994, se llevaron a cabo las pruebas de admisión de esta 1ª promoción de la OJA. Su primer encuentro una vez elegidos los candidatos se celebró en ÚBEDA (del 5 al 25 de septiembre) preparándose el siguiente programa musical:

Obertura de EL BARBERO DE SEVILLA (Rossini)

Sinfonía num. 8 INCOMPLETA (Schubert)

Sinfonía num. 4 de Tchaikovsky

cerrándose el encuentro con conciertos de estas obras en ÚBEDA, UTRERA Y CÁDIZ.

Durante estos años, muchos son los alumnos que por su buen hacer, se han  incorporado a las orquestas profesionales: andaluzas, españolas y algunos a las mejores del mundo. Otros, con menos suerte o aspiraciones diferentes, ocupan importantes plazas en Conservatorios de todo el territorio español.  En definitiva, un proyecto este que examinado detenidamente y con la perspectiva del tiempo, no ha podido ser más fructífero y eso sin mencionar el futuro que le queda si la política no le corta las alas.

Al cumplir su hijo 25 años, debe la JUNTA DE ANDALUCÍA, sentirse orgullosa de su existencia y celebrarlo como merece tan digna ocasión; pero, ojo! de esta celebración, a mi modesto entender, hay que hacer partícipe al pueblo andaluz porque con sus impuestos hace posible que año tras año esto siga confirmándose como una realidad positiva.

Los que en 1994, por las razones que fueren, asistimos a este parto esperamos que nuestra administración esté a la altura de la efeméride.

Finalizo con mi personal agradecimiento a dos buenas personas de la causa: Angela Aguilar (Gerente) y Begoña Madruga (Secretaria) que ya nos dejaron.


En la foto primera promoción de la OJA (1994)

José Manuel Macias Romero

Primavera 2018.

LAS GEMELAS

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Nacimos juntas, eso es lo que cada día predican más voces autorizadas y estudiosas sobre nuestros orígenes. Las dos tenemos nombres femeninos, las dos llevamos en nuestros genes: la tristeza-alegría, la negación-afirmación, la tempestad-calma, la tensión-relajación, la pasión-indiferencia, la seriedad-el humor.

Las dos estamos en todos los lugares imaginables, son muy pocos aunque algunos, los que rehusan de nuestra existencia y casi siempre esos pocos, no son culpables de ignorarnos, ellos, seguro que quisieran estar con nosotras pero pueden haber razones insalvables que no lo hagan posible y que nosotras, como entes racionales, comprendemos y disculpamos.

Una de nosotras, constantemente está enseñando cosas de la otra pero, paradójicamente y a la misma vez trata de que se olviden ciertas de esas cosas mediante un proceso de diversión que ahuyenta los posibles problemas que se presentan.

Las dos nos llevamos a las mil maravillas porque somos conscientes de que una, sin la otra, no tendría sentido; tenemos vocación de utilidad y buen servicio y jamás abandonaremos estos principios y aunque se nos pueda tildar de catastróficas, si algún día fallamos, todo habrá desaparecido.

Bueno, va siendo hora de que juntas, como siempre, nos presentemos:

Yo, me llamo LA VIDA y yo, me llamo LA MÚSICA y ambas nos consideramos a todos los efectos hermanas gemelas y quienes, con todo su derecho, puedan entender que estamos equivocadas que se esfuercen en hacer una profunda reflexión con toda tranquilidad sobre su existencia y entorno para que luego nos comente a qué conclusiones ha llegado; si las razones que se nos formulan fueran convincentes no dudaremos en hacer pública nuestra aprobación y felicitación.

Agradezco al Maestro Barenboim sus aproximaciones filosóficas sobre VIDA Y MÚSICA.

Sin ellas, posiblemente, el presente post no hubiera surgido.

José Manuel Macias Romero

Muy cerca ya la Primavera 2018.

HOY, MÁS QUE NUNCA, LA MÚSICA SUENA EN MODO MENOR.

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«Todo lo que te imagines se puede lograr. Lo que sueñas ya comenzaste a crearlo conscientemente.»

(JOSÉ ANTONIO ABREU)

 

Si fuera cierto lo que popularmente se dice: » que el modo menor en música es sinónimo de tristeza,» entonces, así sonarían hoy todas las músicas del mundo.

Ayer tarde, 24 de marzo fallecía en Caracas a los 78 años JOSÉ ANTONIO ABREU.

La aportación de esta insigne figura, Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2008, a la música no tiene parangón. Cientos de miles de jóvenes y niños venezolanos se sienten hoy huérfanos musicalmente hablando. El fue el padre del innovador método llamado EL SISTEMA que toma a la música como eje vertebrador para mejorar social e intelectualmente la sociedad venezolana.

De su bien organizado entramado de escuelas musicales dispersas por barrios y ciudades  con el fin de ilusionar a los jóvenes, retirarlos de las ociosas calles en las que primaban la delincuencia y la droga, han salido innumerables intérpretes de todas las disciplinas instrumentales así como excelentes directores de orquestas  cuya, de momento, más conocida representación es el Maestro DUDAMEL.

Su metodología, aplicada a sus escuelas, se está mostrando tan eficaz y fructífera que numerosos países avanzados la están copiando como modelo a seguir.

Su prestigio personal y musical, fue suficiente para ganar a su causa la ayuda de los mejores músicos del mundo, que acudían a su llamada de forma desinteresada, para impartir sus conocimientos a los jóvenes valores musicales venezolanos.

Como buque insignia del proyecto, nos queda la ORQUESTA SINFÓNICA DE LA JUVENTUD VENEZOLANA SIMÓN BOLIVAR fundada en 1979 y reconocida hoy como excelsa formación en todos los rincones del mundo.

Abrí este homenaje con una de sus frases y cierro con el recuerdo de esta foto y con otra de sus más populares frases: «La cultura para los pobres no puede ser una pobre cultura.

José Antonio, nada me extrañaría que hoy 25 de marzo 2018, estés con tu buen amigo Claudio Abbado, hablando de la vida y de paso de la música.  Gracias amigo!

José Antonio Abreu

José Manuel Macias Romero

Primavera 2018.

 

CUATRO AÑOS YA DE UNA ACERTADA DECISIÓN.

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Este próximo 27 de marzo 2018 se cumplen cuatro años de una iniciativa personal consistente en ubicar mis reflexiones y experiencias musicales bajo un paraguas llamado  DESDE EL RINCÓN DE FARKAS.

Con este nombre pretendía homenajear a dos personas: a un pastor llamado FARKAS (que mientras cuidaba su ganado tocaba un caramillo -hoy actual oboe- ) y al gran artista GUSTAV MAHLER (al que le encantaba disfrutar de la naturaleza y escuchar en ella las melodías que el pastor interpretaba con su caramillo) y con el que me siento totalmente identificado en lo personal y musical.

Durante este tiempo, muchas y variadas han sido mis propuestas musicales para vosotros; entiendo y asumo que este proyecto es muy minoritario dado que pertenecemos a un país que lee poco y que ignora sistemáticamente porque así lo quiere, la grandeza de la música como arte pero a pesar de estos inconvenientes y como dice la canción: «resistiré» hasta que mis neuronas quieran aguantarme a mi, a los músicos y a sus historias.

En julio próximo se cumplirá un año desde que este proyecto tiene su propio blog, conservando como es lógico la misma finalidad y objetivo pero adaptándose así a los nuevos tiempos de la comunicación digital y redes sociales.

Tengo la confianza en que con mucha moderación seremos más los interesados en la música y sus entresijos y lo que es más importante: ganaremos en participación, abriendo debates, contrastando opiniones, practicando las escuchas musicales de forma consciente; en definitiva aprovechando y disfrutando mejor las grandes oportunidades que este arte nos reserva cada día.

Sirva este cumpleaños para invitaros a conocer estos trabajos en: desdeelrincondefarkas.blog por si aún no los conoces.

José Manuel Macias Romero

Primavera 2018.

LA MÚSICA EN EL CASTILLO DE LA MUERTE.

Portada de Farkas

 

 

 

 

Antes que nada, las gracias a JOHN ELIOT GARDINER, si una autoridad musical de primer orden como él, tuvo a bien titular su magnífica obra sobre Johan Sebastian Bach: “LA MÚSICA EN EL CASTILLO DEL CIELO”, ¿por qué, un aficionado como yo, si me apetece opinar de MAHLER no voy a poder titular mi post: “LA MÚSICA EN EL CASTILLO DE LA MUERTE?. Reconozco cierto toque tétrico para el título pero encontrarán razones.

 

La ortodoxia freudiana (en la actualidad no del todo superada a pesar de los nuevos enfoques de la psicología actual) pone especial énfasis dentro de la búsqueda de los síntomas y los cuadros clínicos; el psicoanálisis analiza y profundiza el desarrollo y las situaciones vividas o fantaseadas en la infancia, donde quiere encontrar las claves de los comportamientos adultos-futuros.

Esta pequeña incursión psicológica-freudiana que me acabo de permitir, es para mí la que dota de cierto sentido al tema que me propongo abordar y que no es otro que las relaciones entre GUSTAV MAHLER y la MUERTE.

Si es cierto, lo que decían FREUD y sus escuelas, MAHLER tenía grandes motivos para reflejar tanta muerte en forma de notas musicales durante su corta vida y a ello voy:

Marie, su madre, dio a luz catorce veces ( 3 hembras y 11 varones), siete de estos hermanos mueren antes de cumplir dos años (aunque hoy parezca exagerado era normal a finales del siglo XIX por la precariedad de la medicina). La muerte hasta cierto punto lógica de sus padres, si bien la de su madre (el ser que más quería) le supuso una gran pesadilla al no poder asistir a su entierro. Su hermano Otto, al que GUSTAV dedicó mucho tiempo y dinero para su formación, acabó suicidándose a los 21 años y dejando una nota que Mahler recordaría cada vez que cualquiera de sus obras fracasaba en el estreno, caso éste último muy frecuente. La nota de Otto, tenía su enjundia: “La vida ya no me divierte, devuelvo la entrada”, algo propio del

exacerbado romanticismo de la época.

Su hija mayor, Maria Anna (Putzi), murió poco antes de cumplir 5 años víctima de escarlatina maligna y difteria. Esta muerte fue la más atroz de todas la vividas por el personaje que le sumió en un profundo cuadro depresivo. Sin salir del túnel que le provocó la muerte de su ser más querido, fue diagnosticado de un gravísimo problema cardíaco con pocas expectativas de vida para el futuro.

Con esta ingente mochila a cuestas, repleta de muerte, no tiene nada de extraño como dice Naguib Mahfuz, que la crueldad de la memoria de Mahler se manifestara reiteradamente en recordarle tanta muerte como había acumulado a lo largo de los años y dispersa en su imposible olvido.

Cuando había compuesto sus dos primeras sinfonías, escribió a su compañera de estudios (violinista) Natalie:

“Mis dos sinfonías expresan toda mi vida. En ellas

         he volcado todo lo que he vivido y sufrido, son ver

         dad y poesía hechas música. Quien sepa escuchar

         bien, descubrirá mi vida entera”.

Y, no es azar el hecho de que en las dos se hable de muerte, de acuerdo que con matices diferentes pero en definitiva de muerte.

Si, cada uno de nosotros mantenemos de forma más o menos esporádica nuestro propio dialogo con la muerte, el de Gustav Mahler ha quedado para la eternidad pero en forma de notas musicales que a medida que pasa el tiempo cobran mayor protagonismo y relevancia artística musical. De este testamento mortífero-musical que nos ha legado Gustav, personalmente destacaría tres obras por su redondez artística ligada a su madurez: la 9ª sinfonía, el Adagio de la incompleta décima y La Canción de la Tierra de la que dijo Shostakovich:

Si sólo dispusiera de una hora de vida no dudaría

         en emplearla en escuchar el Adiós (último movi-

         miento) de La Canción de la Tierra.”

 

Estas para mi tres obras, contienen un fuerte hedor a muerte pero están tan bien construidas, una orquestación tan amplia y bien lograda que aunque Mahler no lo creyera o llegara a dudarlo, sus oyentes las podemos soportar y hasta en ciertos momentos refugiarnos en ellas para nuestro personal alivio espiritual. Es sabido que el mismo, refiriéndose a La Canción de la tierra, le pregunto a su alumno preferido Bruno Walter ¿de verdad crees que las gentes podrá soportar esta música sin causarle trastornos?.

También, sin necesidad de ser musicólogo, se detecta muerte en su 2ª, 5ª, 6ª y 8ª sinfonías y de forma ya descarada en sus canciones a los niños muertos (Kindertotenlieder) con poesías de Ruckert y que dieron lugar a su comentario a Natalie:

“He sentido dolor al escribirlos, como lo siento

         por el mundo que un día tendrá que escucharlos;

         tan triste es lo que dicen.”

 

Y…con este mismo propósito comentaría su esposa Alma:

“Puedo entender muy bien que se compongan textos tan terribles si no se tienen hijos o si se ha perdido alguno.(…) Pero no puedo comprender que se cante la muerte de niños cuando, media hora antes, se los ha estado besando y acariciando, alegres y sanos.”

 

Razonable la expresión de su esposa Alma pero para mí, muy razonable también la fijación de su marido Mahler con la muerte en sus obras.

Fue tan habilidoso en su construcción musical que a veces trataba a su inseparable muerte con burla y sarcasmo pero no podía olvidarse de ella porque con ella convivió a lo largo de su corta vida (51 años).

Es incuestionable que la vida y obra de este genio estuvo marcada por la muerte así como la de Beethoven estuvo marcada por el destino; si estas circunstancia no hubieran ocurrido, seguro que estos grandes artistas se hubieran buscado otros motivos para dar riendas sueltas a sus impulsos creativos, esos que portaban en sus genes y que les han hecho únicos en la historia de la música.

No ha sido gratuita mi cita en el presente trabajo de Freud y al comienzo del mismo, porque con lo que no contaba Mahler, de hecho se resistió todo lo que pudo (anuló varias citas) antes de verse con el psicoanalista el 25 de agosto de 1910 a raíz de una fuerte impotencia sexual (probablemente causada por sus trastornos cardíacos) que le estaba alejando de su esposa Alma a pasos acelerados. El encuentro, que tuvo lugar en Leiden (Holanda) en pleno paseo por la calle, le sirvió al músico para ahondar en sus raíces y obtener una leve mejoría en su complicada patología mental en la que una vez más la muerte era una de las estrellas favoritas.

José Manuel Macias Romero.

Verano 2018.

        

                                  

LA DIRECCIÓN DE ORQUESTA, ¿EN CRISIS?

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“Dos notas musicales juntas deberían contar una historia.”

(Frase extraída del libro “Paralelismos y paradojas” Daniel Barenboim)

 

 

 

Norman Lebrecht, en su curioso y hasta polémico libro de 1991: “El mito del maestro” (Acento editorial, en estos momentos edición agotada) presagia en sus últimos capítulos una profunda crisis en la dirección de orquesta; en la pág. 381 del libro, cita textualmente: “el futuro de la dirección de orquesta no ha aparecido nunca tan negro, con tanta abundancia de interpretaciones superficiales y una alarmante carencia de jóvenes. Si las tendencias actuales persistieran, al inicio del próximo siglo habría una docena de orquestas internacionales con el podio vacío. Para sobrevivir como arte, la música de concierto deberá adaptarse de prisa, ya sea volviendo a obras más reducidas interpretadas por orquestas de cámara sin director, o delegando en otros gran parte de las funciones del maestro.”

 

Hemos superado ya el cuarto de siglo desde que el ilustre periodista musical y escritor vaticinara su catastrófica opinión sobre el asunto. ¿Se han cumplido sus predicciones? ¿Hasta qué punto? ¿Existen en la actualidad fundadas expectativas para el resurgir de esta digna profesión artística-musical?. Estos interrogantes, ocuparán mi atención en el presente post.

 

Para mí, –aficionado que dedica mucho tiempo a la música, pero repito: aficionado—el londinense Lebrecht, que a menudo suele caer en la exageración, no ha podido ver cumplidas sus predicciones al cien por cien en lo relativo a la dirección orquestal. Es cierto que el siglo XXI ha supuesto una considerable merma en la calidad de los directores de orquestas, merma en parte provocada por la sustanciosa cantidad de directores con maestría indiscutible que en los últimos años vieron truncadas sus vidas como consecuencia de la muerte: Bernstein, Solti, Giulini, Abbado, Harnoncourt, Boulez, Kurt Masur, Lorin Maazel, Marriner,

George Pêtre, Rostropovitch, etc. Es cierto que las bajas antes citadas más las que me puedo dejar en el tintero, no han encontrado una renovación total de igual calidad con las jóvenes generaciones de directores; sí, hay casos deslumbrantes entre los jóvenes:Dudamel, Andris Nelsons y Kirill Petrenko entre los más llamativos, pero no podemos obviar que los tiempos son otros, que el entramado musical actual es muy diferente a los siglos anteriores y las exigencias de los públicos a consecuencia de una mejor formación también es mucho más estricta.

 

Sobre expectativas futuras, quiero ser más optimista que Lebrecht, es cierto como dice él, que la enseñanza de esta disciplina artística en los conservatorios está en manos de un profesorado poco exigente, muchos de ellos “tocados” por el fracaso en el ejercicio profesional de la batuta pero también es cierto que la metodología así como los medios pedagógicos han mejorado mucho en los últimos tiempos. Hay excelentes Escuelas y Universidades para la formación de buenos profesionales pero disponen de muy pocas plazas libres luego son muy exigentes en la selección de los alumnos; de todas formas la mejor escuela para esta profesión es la constante práctica y ésta, a consecuencia de la crisis económica ha sufrido un revés (raro es el día que no muere una orquesta por falta de ayudas) contribuyendo a empeorar la cuestión.

 

Hay un aspecto preocupante en la profesión del que continuamente se hacen eco los medios especializados denunciándolo: se trata de la proliferación de nuevos directores (generalmente maduros) cuyos orígenes devienen de haber sido previamente excelentes instrumentistas, curtidos durante muchos años en los atriles de buenas orquestas y que atraídos por los aceptables honorarios de los directores, se embarcan en este buque artístico pero sin molestarse siquiera en recibir las mínimas lecciones magistrales que requiere la profesión y por consiguiente, además de hacer el ridículo personal contribuyen al deterioro de la profesión. Podría, si fuese el caso, dar nombres y apellidos de los muchos de esta especie que existen en el mercado musical pero puede que les otorgase, si lo hiciera, una publicidad que no merecen en absoluto. Este fenómeno, harto frecuente hoy, le da toda la razón a Lebrecht cuando a este tenor dice: “que la dirección más que nunca está sobrecargada de interpretaciones superficiales con alarmante carencia de jóvenes.” Y, personalmente, añadiría: no sólo interpretaciones superficiales que ya es grave, sino de gestos impropios dentro de la profesión que no son adecuados como mensaje para los músicos y que estéticamente pertenecen más al mundo del deporte o si me apuran a lo estrictamente de circo. Sería conveniente e incluso justo que el aficionado diera la espalda totalmente a este tipo de personajes para que se fueran erradicando de la vida musical a la que dañan por mor del dinero.

 

Coincido con Ruiz Mantilla cuando dice en uno de sus artículos: “el director del siglo XXI debe irradiar un doble carisma (hacia el público y hacia los músicos)”. Puede por consiguiente que esta nueva observación, sea un impedimento a la hora de emerger nuevas figuras de la dirección porque si bien los medios y las escuelas han mejorado notablemente en lo técnico, la empatía público-director es algo muy personal y especial y no hablemos ya de ser, ante sus compañeros músicos, un auténtico líder con un gran carisma para conseguir los mejores efectos porque en esta profesión hoy, no basta con ser un lumbreras en lo musical, hay perfiles personales al margen de la música que tienen que casar con lo estrictamente profesional para poder conseguir los objetivos determinantes.

 

Por fin, en estos tiempos, se da otro fenómeno bien recibido del que poco pudo ocuparse Lebrecht en su ya citado libro: la cada vez más ansiada incorporación de la mujer a esta profesión. Si desde el siglo XX hacia atrás resultaba anecdótico ver a una señora en un podio o en las editoriales sus nombres como compositoras (recuerdo que algunas tuvieron que ponerse nombres de hombres para que publicaran sus obras), hoy con lentitud, pero se dan casos por cierto, algunos de ellos con notable éxito dadas las especiales sensibilidades de la mujer para las artes y que por otra parte las artes, menos mal, no entienden de sexo.

 

Bienvenidas sean estas referencias que parecen iniciar el exterminio del machismo musical tantos siglos regente aunque lamentablemente hay que reconocer que sus flecos permanecerán muchos años más.

 

He creído oportuno iniciar el presente tema con la probablemente exagerada frase de Daniel Barenboim que enfatiza su opinión sobre la dirección de orquesta actual cargada de interpretaciones vacuas; personalmente, echo de menos esos artistas llamados directores que con los materiales que ponen en sus manos los compositores son capaces de contarnos historias y lo que es importante, que esas historias en sus maneras de contarlas nos conmuevan a los que acudimos para recibir sus mensajes. Observo que hoy, por todos los escenarios del mundo, sobran gestos y poses en los podios y sin embargo hay un gran hueco en pasión y entrega verdadera. Se que la pasión y entrega verdadera supone mucho trabajo más de lo que las gentes cree y el modelo actual de vida (prisas, estrés, dinero rápido y fácil) no es el mejor aliado para directores de este cuño. No obstante, a pesar de estos malos presagios personales así como los que apunta Lebrecht en su agotado libro, esto tendrá enmienda y la dirección de orquesta nos volverá a dar artistas similares a algunos de los que he citado anteriormente y que recientemente nos dejaron.

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Os dejo con esta foto del Maestro Barenboim, que además de ser un pianista excepcional, de fama mundial, se empeñó desde muy temprano, en ser un buen director de orquesta pero, a diferencia de otros, aprendiendo la profesión durante años con excelentes maestros seguro que por eso, Daniel, no hace el ridículo con una batuta.

 

 

José Manuel Macias Romero

Primavera 2017

FALLA LO DEJÓ ESCRITO HACE CIEN AÑOS.

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Posiblemente, cuando en 1917 Don Manuel de Falla (Cádiz 1876-Argentina 1946) decidió dejar constancia escrita del asunto que hoy me ocupa en su prólogo a la Enciclopedia abreviada de Joaquín Turina, Madrid 1917, es evidente que por aquella época la discusión ya estaba servida.

Cien años después, en muchas ocasiones, sigo escuchando la misma letra de la canción que en sus tiempos escuchaba Don Manuel:

«no comprendo la música»

Quienes esto argumentan, se refieren a la llamada «música clásica» y me resulta paradójico, habiéndolo comprobado personalmente, que estas mismas personas que así se expresan, cuando van al cine por citar un ejemplo, y visionan una película cuya banda sonora incorpora temas «musicales clásicos», salen diciendo:

«que música más bella le han puesto a la película»

Sobre este asunto que a medida que pasa el tiempo me resulta más incongruente, vislumbro algunas explicaciones:

una deficiente sensibilidad para la música en general; una pereza generalizada hacia esa predisposición necesaria para escuchar una música que nos exige una atención más allá de la necesaria para oír la «música ligera»; una carencia de hábitos de escucha cultivada a edades tempranas ligada a una deficiente educación para la cultura que se debió inculcar en la familia y escuela. Y, puede que vosotros tengan alguna explicación más agradeciéndoles de ante mano si me la hacen llegar.

Pues, Don Manuel, en su prólogo antes citado, bajo mi punto de vista, lo dejó bien clarito:

«Error funesto es decir que hay que comprender la música para gozar de ella. La música no se hace, ni debe hacerse, para que se comprenda, sino para que se sienta. Creo que el arte se aprende, pero no se enseña.»

Y tu, qué opinas?.

Mientras tanto, te dejo con este recuerdo del ilustre músico andaluz y si me lo permites te sugiero escuchar alguna de sus célebres obras.

Manuel de Falla

Otoño 2017.

 

MÚSICA Y CINE

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En cierta ocasión, hace tiempo, leí que cuando el cine era mudo y por supuesto en blanco y negro, se impuso la moda de acompañar los visionados de las películas con música en directo.

Que, como llevar a las salas una orquesta completa para amenizar las escenas era algo que superaba con creces las economías de los empresarios del ramo, en su lugar contrataban a un pianista más o menos diestro para que se dedicara a esos necesarios menesteres. Y, de esta forma, con el propósito además de que el público asistente mitigara el ensordecedor ruido que hacían las máquinas que reproducían las cintas, fue como se introdujo la Música en el Cine.

El Chico de Chaplin   Chaplin

Muy pronto se percataron los profesionales del asunto de la riqueza imaginativa que añadía el arte musical al cine y comenzaron un inacabado viaje que perdura hasta nuestros días.

Ha sido tan grande y bien acogido el auxilio que la música ha prestado al mundo del cine que muchas películas (del género que sean) son más famosas y recordadas por su banda sonora musical que por sus propios argumentos, escenas o fotografías que exhiben.

Y, en este contexto, hay una cuestión que me sorprende y a la misma vez me agrada: cuando al salir de una sala de cine oigo sin reparar en quienes lo dicen… «preciosa, la música que le han puesto a la película!».

Puede que la película tenga música de Mozart, ejemplo: Memorias de Africa o de Gustav Mahler, ejemplo: Muerte en Venecia.

Memorias de Africa                    Morte A Venezia

Es reconfortante para mí, oír la citada expresión a personas, que por diversas razones, no tuvieron la oportunidad de escuchar adecuadamente a Mozart o a Mahler, pero el Cine les dio la oportunidad y esto me demuestra que de la simbiosis: Música-Cine, ambas artes se alimentan y crecen… eso para mí es lo realmente importante.

José Mel. Macias Romero

Invierno 2018.