LA DIRECCIÓN DE ORQUESTA, ¿EN CRISIS?

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“Dos notas musicales juntas deberían contar una historia.”

(Frase extraída del libro “Paralelismos y paradojas” Daniel Barenboim)

 

 

 

Norman Lebrecht, en su curioso y hasta polémico libro de 1991: “El mito del maestro” (Acento editorial, en estos momentos edición agotada) presagia en sus últimos capítulos una profunda crisis en la dirección de orquesta; en la pág. 381 del libro, cita textualmente: “el futuro de la dirección de orquesta no ha aparecido nunca tan negro, con tanta abundancia de interpretaciones superficiales y una alarmante carencia de jóvenes. Si las tendencias actuales persistieran, al inicio del próximo siglo habría una docena de orquestas internacionales con el podio vacío. Para sobrevivir como arte, la música de concierto deberá adaptarse de prisa, ya sea volviendo a obras más reducidas interpretadas por orquestas de cámara sin director, o delegando en otros gran parte de las funciones del maestro.”

 

Hemos superado ya el cuarto de siglo desde que el ilustre periodista musical y escritor vaticinara su catastrófica opinión sobre el asunto. ¿Se han cumplido sus predicciones? ¿Hasta qué punto? ¿Existen en la actualidad fundadas expectativas para el resurgir de esta digna profesión artística-musical?. Estos interrogantes, ocuparán mi atención en el presente post.

 

Para mí, –aficionado que dedica mucho tiempo a la música, pero repito: aficionado—el londinense Lebrecht, que a menudo suele caer en la exageración, no ha podido ver cumplidas sus predicciones al cien por cien en lo relativo a la dirección orquestal. Es cierto que el siglo XXI ha supuesto una considerable merma en la calidad de los directores de orquestas, merma en parte provocada por la sustanciosa cantidad de directores con maestría indiscutible que en los últimos años vieron truncadas sus vidas como consecuencia de la muerte: Bernstein, Solti, Giulini, Abbado, Harnoncourt, Boulez, Kurt Masur, Lorin Maazel, Marriner,

George Pêtre, Rostropovitch, etc. Es cierto que las bajas antes citadas más las que me puedo dejar en el tintero, no han encontrado una renovación total de igual calidad con las jóvenes generaciones de directores; sí, hay casos deslumbrantes entre los jóvenes:Dudamel, Andris Nelsons y Kirill Petrenko entre los más llamativos, pero no podemos obviar que los tiempos son otros, que el entramado musical actual es muy diferente a los siglos anteriores y las exigencias de los públicos a consecuencia de una mejor formación también es mucho más estricta.

 

Sobre expectativas futuras, quiero ser más optimista que Lebrecht, es cierto como dice él, que la enseñanza de esta disciplina artística en los conservatorios está en manos de un profesorado poco exigente, muchos de ellos “tocados” por el fracaso en el ejercicio profesional de la batuta pero también es cierto que la metodología así como los medios pedagógicos han mejorado mucho en los últimos tiempos. Hay excelentes Escuelas y Universidades para la formación de buenos profesionales pero disponen de muy pocas plazas libres luego son muy exigentes en la selección de los alumnos; de todas formas la mejor escuela para esta profesión es la constante práctica y ésta, a consecuencia de la crisis económica ha sufrido un revés (raro es el día que no muere una orquesta por falta de ayudas) contribuyendo a empeorar la cuestión.

 

Hay un aspecto preocupante en la profesión del que continuamente se hacen eco los medios especializados denunciándolo: se trata de la proliferación de nuevos directores (generalmente maduros) cuyos orígenes devienen de haber sido previamente excelentes instrumentistas, curtidos durante muchos años en los atriles de buenas orquestas y que atraídos por los aceptables honorarios de los directores, se embarcan en este buque artístico pero sin molestarse siquiera en recibir las mínimas lecciones magistrales que requiere la profesión y por consiguiente, además de hacer el ridículo personal contribuyen al deterioro de la profesión. Podría, si fuese el caso, dar nombres y apellidos de los muchos de esta especie que existen en el mercado musical pero puede que les otorgase, si lo hiciera, una publicidad que no merecen en absoluto. Este fenómeno, harto frecuente hoy, le da toda la razón a Lebrecht cuando a este tenor dice: “que la dirección más que nunca está sobrecargada de interpretaciones superficiales con alarmante carencia de jóvenes.” Y, personalmente, añadiría: no sólo interpretaciones superficiales que ya es grave, sino de gestos impropios dentro de la profesión que no son adecuados como mensaje para los músicos y que estéticamente pertenecen más al mundo del deporte o si me apuran a lo estrictamente de circo. Sería conveniente e incluso justo que el aficionado diera la espalda totalmente a este tipo de personajes para que se fueran erradicando de la vida musical a la que dañan por mor del dinero.

 

Coincido con Ruiz Mantilla cuando dice en uno de sus artículos: “el director del siglo XXI debe irradiar un doble carisma (hacia el público y hacia los músicos)”. Puede por consiguiente que esta nueva observación, sea un impedimento a la hora de emerger nuevas figuras de la dirección porque si bien los medios y las escuelas han mejorado notablemente en lo técnico, la empatía público-director es algo muy personal y especial y no hablemos ya de ser, ante sus compañeros músicos, un auténtico líder con un gran carisma para conseguir los mejores efectos porque en esta profesión hoy, no basta con ser un lumbreras en lo musical, hay perfiles personales al margen de la música que tienen que casar con lo estrictamente profesional para poder conseguir los objetivos determinantes.

 

Por fin, en estos tiempos, se da otro fenómeno bien recibido del que poco pudo ocuparse Lebrecht en su ya citado libro: la cada vez más ansiada incorporación de la mujer a esta profesión. Si desde el siglo XX hacia atrás resultaba anecdótico ver a una señora en un podio o en las editoriales sus nombres como compositoras (recuerdo que algunas tuvieron que ponerse nombres de hombres para que publicaran sus obras), hoy con lentitud, pero se dan casos por cierto, algunos de ellos con notable éxito dadas las especiales sensibilidades de la mujer para las artes y que por otra parte las artes, menos mal, no entienden de sexo.

 

Bienvenidas sean estas referencias que parecen iniciar el exterminio del machismo musical tantos siglos regente aunque lamentablemente hay que reconocer que sus flecos permanecerán muchos años más.

 

He creído oportuno iniciar el presente tema con la probablemente exagerada frase de Daniel Barenboim que enfatiza su opinión sobre la dirección de orquesta actual cargada de interpretaciones vacuas; personalmente, echo de menos esos artistas llamados directores que con los materiales que ponen en sus manos los compositores son capaces de contarnos historias y lo que es importante, que esas historias en sus maneras de contarlas nos conmuevan a los que acudimos para recibir sus mensajes. Observo que hoy, por todos los escenarios del mundo, sobran gestos y poses en los podios y sin embargo hay un gran hueco en pasión y entrega verdadera. Se que la pasión y entrega verdadera supone mucho trabajo más de lo que las gentes cree y el modelo actual de vida (prisas, estrés, dinero rápido y fácil) no es el mejor aliado para directores de este cuño. No obstante, a pesar de estos malos presagios personales así como los que apunta Lebrecht en su agotado libro, esto tendrá enmienda y la dirección de orquesta nos volverá a dar artistas similares a algunos de los que he citado anteriormente y que recientemente nos dejaron.

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Os dejo con esta foto del Maestro Barenboim, que además de ser un pianista excepcional, de fama mundial, se empeñó desde muy temprano, en ser un buen director de orquesta pero, a diferencia de otros, aprendiendo la profesión durante años con excelentes maestros seguro que por eso, Daniel, no hace el ridículo con una batuta.

 

 

José Manuel Macias Romero

Primavera 2017

FALLA LO DEJÓ ESCRITO HACE CIEN AÑOS.

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Posiblemente, cuando en 1917 Don Manuel de Falla (Cádiz 1876-Argentina 1946) decidió dejar constancia escrita del asunto que hoy me ocupa en su prólogo a la Enciclopedia abreviada de Joaquín Turina, Madrid 1917, es evidente que por aquella época la discusión ya estaba servida.

Cien años después, en muchas ocasiones, sigo escuchando la misma letra de la canción que en sus tiempos escuchaba Don Manuel:

«no comprendo la música»

Quienes esto argumentan, se refieren a la llamada «música clásica» y me resulta paradójico, habiéndolo comprobado personalmente, que estas mismas personas que así se expresan, cuando van al cine por citar un ejemplo, y visionan una película cuya banda sonora incorpora temas «musicales clásicos», salen diciendo:

«que música más bella le han puesto a la película»

Sobre este asunto que a medida que pasa el tiempo me resulta más incongruente, vislumbro algunas explicaciones:

una deficiente sensibilidad para la música en general; una pereza generalizada hacia esa predisposición necesaria para escuchar una música que nos exige una atención más allá de la necesaria para oír la «música ligera»; una carencia de hábitos de escucha cultivada a edades tempranas ligada a una deficiente educación para la cultura que se debió inculcar en la familia y escuela. Y, puede que vosotros tengan alguna explicación más agradeciéndoles de ante mano si me la hacen llegar.

Pues, Don Manuelen su prólogo antes citado, bajo mi punto de vista, lo dejó bien clarito:

«Error funesto es decir que hay que comprender la música para gozar de ella. La música no se hace, ni debe hacerse, para que se comprenda, sino para que se sienta. Creo que el arte se aprende, pero no se enseña.»

Y tu, qué opinas?.

Mientras tanto, te dejo con este recuerdo del ilustre músico andaluz y si me lo permites te sugiero escuchar alguna de sus célebres obras.

Manuel de Falla

Otoño 2017.

 

MÚSICA Y CINE

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En cierta ocasión, hace tiempo, leí que cuando el cine era mudo y por supuesto en blanco y negro, se impuso la moda de acompañar los visionados de las películas con música en directo.

Que, como llevar a las salas una orquesta completa para amenizar las escenas era algo que superaba con creces las economías de los empresarios del ramo, en su lugar contrataban a un pianista más o menos diestro para que se dedicara a esos necesarios menesteres. Y, de esta forma, con el propósito además de que el público asistente mitigara el ensordecedor ruido que hacían las máquinas que reproducían las cintas, fue como se introdujo la Música en el Cine.

El Chico de Chaplin   Chaplin

Muy pronto se percataron los profesionales del asunto de la riqueza imaginativa que añadía el arte musical al cine y comenzaron un inacabado viaje que perdura hasta nuestros días.

Ha sido tan grande y bien acogido el auxilio que la música ha prestado al mundo del cine que muchas películas (del género que sean) son más famosas y recordadas por su banda sonora musical que por sus propios argumentos, escenas o fotografías que exhiben.

Y, en este contexto, hay una cuestión que me sorprende y a la misma vez me agrada: cuando al salir de una sala de cine oigo sin reparar en quienes lo dicen… «preciosa, la música que le han puesto a la película!».

Puede que la película tenga música de Mozart, ejemplo: Memorias de Africa o de Gustav Mahler, ejemplo: Muerte en Venecia.

Memorias de Africa                    Morte A Venezia

Es reconfortante para mí, oír la citada expresión a personas, que por diversas razones, no tuvieron la oportunidad de escuchar adecuadamente a Mozart o a Mahler, pero el Cine les dio la oportunidad y esto me demuestra que de la simbiosis: Música-Cine, ambas artes se alimentan y crecen… eso para mí es lo realmente importante.

José Mel. Macias Romero

Invierno 2018.

CUANDO ESCUCHAR MÚSICA CLÁSICA ERA ALGO ESPONTÁNEO Y DEMOCRÁTICO.

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En ocasiones, creemos erróneamente que los protocolos sociales que rigen la vida actual, son los mismos que estaban en curso 250 años atrás. Esto, que pudiera ser cierto en escasas manifestaciones ociosas, no ha ocurrido en la escucha de la música clásica occidental.

Sabéis perfectamente, citando algún ejemplo, que hoy iniciar un aplauso en la mitad de una pieza musical o al final de algunos de sus  movimientos, es sinónimo de ganarse la desaprobación de toda una sala que puede albergar a dos mil personas, miradas y hasta gestos inquisidores que pueden amedrentar al eufórico aficionado hasta el punto de marcharse sin haber concluido el concierto.

Pero, en tiempos de Mozart y Beethoven (casi finales del siglo XVIII) esto no era así:

la música, que había conseguido salir de las lúgubres iglesias y palacios para refugiarse y democratizarse en salas privadas o de sociedades culturales, no veía en absoluto con malos ojos el que un espectador o grupo de ellos aplaudiesen cuando sus corazones se lo exigían  (dar riendas libres a las emociones que transmite la música) era considerada una conducta totalmente aceptada por todos, incluidos los intérpretes, igualmente mostrar desaprobación con los ejecutantes o hacia el compositor de turno.

Como prueba de esto último, véase la que se organizó en Paris en 1913 cuando tuvo lugar el estreno de la posteriormente famosa «Consagración de la Primavera» de Igor Stravinsky: abucheos generalizados, peleas grupales (favor y en contra), insultos, etc.

Hoy, que los gestores musicales de toda Europa sienten la preocupación de dotar al protocolo de oír música clásica de formas más racionales, atractivas, placenteras y participativas, me interesa conocer tu opinión por si pudiéramos ayudar a la música en el futuro por ello, ¿te importaría comentarme tu opinión sobre este asunto?.

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(Mozart con su padre Leopold, visualizaron y practicaron una nueva forma de oír música: Las Academias que democratizaron la música.)

José Manuel Macias Romero

Invierno 2018.

LOS QUE NUNCA SALEN… PERO SON: IMPRESCINDIBLES!

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«La verdadera paciencia nace de una gran tenacidad.»   (Novalis)

 

A nadie escapa que paciencia y tenacidad son conceptos imprescindibles para ejercer con honestidad y éxito cualquier profesión. Cuando, de las artísticas se trata, además de paciencia y tenacidad priman el talento, la capacidad imaginativa y hasta el buen trato con el público que te sigue y apoya.

Me adentraba recientemente en la vida y obra de JEAN SIBELIUS (1865- 1957) compositor y violinista finlandés que cierra el Romanticismo y abre el Modernismo; resalta en algunas de sus biografías la inestimable ayuda de esos: «que nunca salen…pero son: imprescindibles!»

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(En la foto Sibelius en 1913)

El barón Axel Carpelan, sin recursos económicos pero con una mochila cargada de positivas esperanzas hacia el futuro de su artista, consiguió reunir entre sus amistades el dinero suficiente como para aislar a SIBELIUS en Rapallo (Italia) al abrigo de una esplendorosa naturaleza para que en contacto con ella y ausente de problemas familiares, compusiera la más famosa de sus sinfonías: la segunda en tonalidad de re mayor.

La historia del arte recoge gran cantidad de casos en los que detrás del artista y como impulsores psicológicos y animadores del mismo, están esas personas que jamás aparecen en escena y que son incuestionables en la vida del autor.

Para finalizar y como caso más llamativo, me pregunto: ¿Qué hubiera sido de Mozart sin el intransigente pero imprescindible Leopold, su padre?.

José Manuel Macias Romero

febrero 2018

LA MÚSICA TAMBIÉN ACEPTA EL REFRANERO: «NI TANTO NI TAN POCO»

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«El arte que se precie, no entiende de sexos, razas ni credos políticos o religiosos; el arte no admite distinciones de ningún tipo para su digno desempeño.»

(Anónimo)

Tiempo atrás y en uno de estos pequeños trabajos me ocupé de la situación de la mujer en la música y para ejemplificar mis razonamientos y mostrar mi postura ideológica sobre el asunto, saqué de la historia retazos de la vida de la compositora-pianista: FANNY MENDELSSOHN (14.11.1805 – 14.05.1847) hermana del también compositor Felix Mendelssohn y nieta del filósofo Moses Mendelssohn, todos de orígenes judíos.

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(En la foto, Fanny Mendelssohn)

La ingente cantidad de marginaciones que sufrió FANNY por discriminación de sexo como consecuencia de un desmesurado machismo social que se viene arrastrando en el arte y otras profesiones desde tiempos prehistóricos no tiene parangón. Como ejemplo, esta mujer, que compuso una considerable cantidad de música que hoy se programa más  como cuestión testimonial que meritoria, llegó incluso a tener que cambiar su nombre por el de un varón para que sus obras fueran editadas ante la negativa de los empresarios del ramo a publicar obras escritas por mujeres.

Hoy, una lucha más constante y organizada de grupos de mujeres por todo el mundo, está logrando más presencia de ellas en todas las especialidades musicales. Y, donde más se nota sus efectos, es en la dirección de orquestas.

Pero, este bien recibido cambio, por otra parte necesario y justo, está provocando en ciertos sectores de la crítica musical un desmesurado elogio que, a mi forma de ver, no se corresponde en absoluto con la excelencia artística de ciertas damas directoras. Como aficionado a este arte, primo la calidad a la cantidad aunque me alegre de la llegada con naturalidad al ejercicio de la dirección musical de las mujeres. Se dice de forma generalizada que la mujer es más sensible que el hombre pero no olvidemos que en las artes además de sensibilidad hay que tener talento y estar dispuesto a trabajar sin respiro.

Confío e incluso deseo que algún día la nómina de mujeres directoras sea igual o superior a la de los hombres pero como digo observando estrictamente unos márgenes de calidad artística iguales para todos los sexos.

Mientras tanto, prudencia en las manifestaciones generalizadas porque así como hay muchos directores nefastos ganándose la vida y engañando al personal, también están llegando muchas mujeres que nada o casi nada añadirán a la profesión.

José Manuel Macias Romero

Enero 2018.

APLAUDO ESTA BENDITA MODA!

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«La música es el único camino hacia lo trascendente.»  (W.A. Mozart)

Todos sabemos que es la moda y qué significa según el contexto en el que se halle la palabra.

Hoy, quiero referirme a una «bendita moda» pero musical; que está penetrando en las nuevas generaciones de padres.

El protagonista esencial de esta moda murió hace 226 años y fue y continúa siendo el único personaje de la historia que jamás pasa de moda, yo diría exageradamente que él es la moda, un gran mérito no?; efectivamente, es W. Amadeus Mozart.

Este genio, con quien la naturaleza fue muy tacaña (sólo le concedió 35 años de vida) fue tan espléndido en su trabajo que casi multiplicó por 20 sus años de edad si lo que queremos es obtener el número total de sus composiciones, concretamente 626.

La num. 622 de su catálogo es su famoso concierto para clarinete y orquesta escrito en Viena el último año de su vida 1791 ¿puede que por ello sea tan profundo en orden sentimental?. El movimiento central de este concierto de 7 minutos aproximadamente de duración, hizo mella en todos los espectadores de la conocida película «Memorias de África» y ahora es el que hace algún tiempo está de moda en las jóvenes familias para tranquilizar y dotar de esa paz necesaria que requiere la conciliación de un buen sueño a sus retoños.

La melodía de esta composición es tan pegadiza y a la misma vez bella, su acompañamiento a las cuerdas tan cuidadosamente tratado que hacen de ella algo que jamás se ha vuelto a repetir al escribir para el clarinete.

Con todos estos alicientes musicales, habría que ser de sensibilidad cero, para que aún siendo un niño, no te influya anímicamente esta gran música. Hacen por tanto muy bien todos aquellos jóvenes padres que están adoptándo gustosos esta moda-musical porque sus retoños tendrán: beneficios inmediatos y a largo plazo en la vida emocional de los suyos.

Nadie puede garantizar que quienes sigan esta moda tendrán hijos más listos y equilibrados  pero sí se garantiza que darán un paso importante en el cultivo de una sensibilidad óptima y como dice Mozart «en el camino hacia lo trascendente» desde bien pequeñito, algo precisamente muy importante en los tiempos que corren.

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(W.A. Mozart)

José Manuel Macias Romero

Invierno 2018

 

 

BEETHOVEN: INDÓMITO O CORRECTO?

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«Hacer todo el bien posible, amar la libertad sobre todas la cosas y aún cuando fuera por un trono, nunca traicionar a la verdad.»

Ludwig van Beethoven.

 

Con absoluta rigurosidad recuerdo que a principios de los años 70 nos invadió en España, sobre todo a la juventud de la época, la moda de adquirir grandes posters de aquellos personajes de la vida pública e histórica de los que nos considerábamos sus fans para exhibirlos en los lugares más íntimos de nuestras casas.

Me compré, cómo no! una gran foto del rostro de BEETHOVEN, mostrando un carácter muy fuerte y conteniendo en la parte inferior de la lámina la frase con la que inicio el presente post. Cierto que pasado unos años esa moda fue diluyéndose pero yo, sigo fiel, ausente de las modas, conservo orgulloso mi BEETHOVEN desde 1975 y creo que con él moriré.

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Años anteriores a esta personal historia, ya mi corazón y cabeza habían caído en las garras beethovenianas y como consecuencia compraba todo el material posible (vinilos, libros, cassettes, etc.) para profundizar en sus entrañas artísticas y conocer, lo mejor posible, su paso por la vida como simple ser humano.

Uno de los libros más completos que sobre esta figura universal de la música se han escrito es: «Ludwig van Beethoven» de Jean y Brigitte Massin, editado por TURNER.

De esta obra, extraigo la auténtica y verídica historia que os relato hoy. Muchos sabéis que BEETHOVEN como persona interesada por la cultura tuvo una estrecha amistad con su contemporáneo GOETHE (poeta, novelista, dramaturgo y científico) también alemán.

Pues, en uno de sus encuentros en Teplitz, ciudad conocida por sus famosas termas ocurre lo siguiente:

» Al encontrar, durante un paseo, a la emperatriz, los duques y toda la Corte, BEETHOVEN dijo a su acompañante GOETHE

continúe asido a mi brazo, ¡son ellos los que nos deben dejar pasar, no nosotros! GOETHE no era de esta opinión, y encontraba este procedimiento inconveniente; soltó el brazo de BEETHOVEN y se puso de lado, con el sombrero en la mano, mientras BEETHOVEN, con los brazos cruzados, pasaba entre los duques levantando apenas el sombrero. Cuando hubieron pasado, BEETHOVEN se separó y esperó a GOETHE, que se había apartado haciendo una profunda reverencia. Le dijo entonces:

os he esperado porque os honro y os estimo como merecéis, pero creo que les habéis hecho demasiados honores.»

La historia ha demostrado que las palabras de BEETHOVEN a GOETHE hicieron mella en el poeta que en lo sucesivo eludía el encuentro aunque seguían la admiración artística mutua.

Si, conoces un poco a este gran músico, a tenor de esta auténtica historia, cómo lo calificarías: indómito o correcto.?

José Manuel Macias Romero

Enero 2018.

 

 

CUATRO AÑOS SIN TU PRESENCIA PERO CONTIGO EN EL CORAZÓN.

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Como llamado por tu estimado Johan Sebastian al que musicalmente tanto apreciabas, el día de San Sebastián de 2014 te fuiste de nosotros físicamente pero, desde entonces, una relación mucho más profunda e intensa mantengo contigo.

Este cuarto aniversario me parece oportuno compartir-recordar un pensamiento y deseo que rondaba por tu ocupada cabeza allá por los años 70:

«No parece justo que un regalo tan grande y estupendo como la música esté sólo al alcance de unos pocos, y no de otros que nunca tendrán la oportunidad de entrar en contacto con ella por causas de las que no son responsables.»

Cumpliste con creces este noble objetivo humano-social-cultural que sintetizabas en tu pensamiento: más de cien mil personas, gracias a tu empeño, pudieron tener ese contacto con la música y en un lugar emblemático para los tuyos La Scala de Milán, algo que seguro no olvidarán en sus vidas los que fueron beneficiados aunque eso sí, otros no te lo perdonen por tus preferencias para con los más débiles consecuencia de la ejemplar educación familiar que recibiste en este sentido y en la que jugó un importante papel los consejos de tu abuelo.

Poco puedo reseñar acorde con tus intereses de estos cuatro años:

musicalmente, el panorama sigue como lo dejaste, tus colegas (jóvenes emergentes) siguen ahí pero sin marcar excepciones; tus filarmónicos berlineses continúan con Rattle  hasta su relevo; tus amigos de Lucerna, esos que gracias a tu carisma conseguiste reunir para hacer una gran orquesta que ilumine al Festival y a la ciudad, siguen casi todos activos aunque se produjeron algunas bajas por tu ausencia. Ahora, son liderados por tu amigo R. Chailly que, siendo un buen profesional cargado de experiencia no consigue infundir la alegría de hacer música juntos como la hacían contigo, creo que la huella que les dejaste ha sido bastante profunda y evidente.

La vida social-política en el mundo, otra de tus grandes preocupaciones, sí que ha empeorado en estos años:

vulneración de los derechos de los emigrantes; abundancia de políticos corruptos; restricciones de políticas sociales; empobrecimiento acelerado de los pueblos; terrorismo exacerbado de ciertas religiones; degradación ecológica a marcha acelerada; resurgir de posiciones de extrema derecha por toda Europa; fomento constante de una sociedad sin valores con escasísimo respeto por la naturaleza.

Me consta que todo esto, antes de tu marcha, ya estaba en tu mesa de trabajo pero la aceleración sufrida es cada vez más precipitada y presagia una sociedad cada vez más egoísta que puede desencadenar en algo indeseable para todos e irreversible para el resto de la vida.

Como tu, quiero mantener firme la esperanza en un mundo más justo, en el que el entendimiento entre los pueblos sea el centro de nuestras vidas.

Adiós querido amigo, adiós Claudio. 

 

 

Abbado

José Manuel Macias Romero

20 Enero 2018.

 

 

 

 

 

 

EXCELENTES INFRAESTRUCTURAS MUSICALES, PERO… MUCHAS DE ELLAS, PARA QUÉ?

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Marzo 2016 me llevó a Las Palmas de Gran Canaria, objetivo además de turístico, presenciar los conciertos que con motivo del Festival Bach tenían lugar en la ciudad.

Casi todos los conciertos se celebraban en el extraordinario y bello Auditorio «Alfredo Kraus» cuyo fondo de escenario como saben es el Océano Atlántico.

Tuve la oportunidad de conocer en profundidad todas las buenas prestaciones del Auditorio diseñadas para que, artistas y público, se sientan lo más cómodos posibles y cierto es que el conjunto está muy logrado.

Pude también conectar con conocidos músicos de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, me llevaron a escasísimos metros del Auditorio para mostrarme un local que perfectamente podía ser un almacén de objetos y sin embargo se trataba del lugar en el que la Orquesta realiza sus ensayos. Este local ausente a la confortabilidad y lo que es más grave, sin condiciones acústicas para ese fin es el escenario habitual para el trabajo de la institución. Los conciertos de temporada, se dan en la Sala Grande del Auditorio (esa que desde 2014 se llama Jerónimo Saavedra en reconocimiento a la labor cultural-musical del político).

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(En la foto escenario, al fondo el Océano, Auditorio Alfredo Klaus)

Como aficionado a la música, nunca podré entender esta normativa de Las Palmas que obliga al ensayo en un local y el concierto público en otro. Pero, lo peor es que esta lamentable norma, según descubro, es el pan nuestro de cada día en casi todos los auditorios españoles. A cualquiera, ausente a estos asuntos, le parecerá una norma sin sentido que no contribuye a la excelencia y que fomenta un mal ambiente de trabajo.

LUCAS ENSAYA CON OSRM

(En la foto, el Director Lucas Macías, ensaya a la OSRM -Murcia- en una sala que en absoluto tiene que ver con la que acogerá el concierto público.)

Parece como si la clase política (que dirige estas infraestructuras) estuviese más preocupada del «envase» que del «contenido»; se construyen auditorios con fines de ostentación pero alejados de su finalidad para las instituciones a las que sirven y albergan.

En defensa de los profesionales de la música, les diría a los gestores de estos centros:

«déjense de ostentaciones y vanidades llevadas a cabo con el dinero de todos y permitan que las instituciones musicales (orquestas) que en ellos residen, hagan su trabajo con la mejor dignidad posible conforme a sus objetivos.»

Si, nos creemos que debemos mejorar nuestros niveles culturales y de ocio, comencemos por darle justa utilidad a las infraestructuras que fomentamos con el dinero de todos.

José Mel. Macias Romero

Invierno 2018.